
En Ronda de Corresponsales de +Perfil, Marcelo Molina detalló las señales que preocupan a los inversores europeos y el riesgo de un efecto contagio si se desploma el mercado tecnológico.
En Ronda de Corresponsales de +Perfil, Marcelo Molina detalló las señales que preocupan a los inversores europeos y el riesgo de un efecto contagio si se desploma el mercado tecnológico.
La inteligencia artificial dejó de ser solamente una revolución tecnológica para convertirse también en una fuente de preocupación para los mercados financieros. En Ronda de Corresponsales de +Perfil, el corresponsal en España, Marcelo Molina, explicó la alerta de la Unión Europea ante el fuerte optimismo de los inversores y el riesgo de que el boom de la IA derive en una nueva burbuja.
El estudio europeo, titulado “El boom de las IAs, entusiasmo racional o la próxima burbuja puntocom”, advierte sobre la exposición de inversores particulares, aseguradoras y fondos de pensión. Según Molina, el monto en riesgo alcanza un billón de euros, con una fuerte concentración en las principales compañías tecnológicas.
La alerta europea por un billón de euros en inversiones
El informe pone el foco en las denominadas “siete magníficas”: Apple, Microsoft, Google, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla. Se trata de las grandes compañías tecnológicas que concentran buena parte de las expectativas vinculadas con el desarrollo de la inteligencia artificial.
De acuerdo con lo explicado en Ronda de Corresponsales de +Perfil, aproximadamente la mitad de los fondos expuestos correspondería a familias e inversores particulares europeos, mientras que otra parte está vinculada con aseguradoras y fondos de pensión.
La preocupación aumenta porque, a diferencia de lo ocurrido durante la crisis de las empresas puntocom en 2000, los bancos centrales tendrían menos margen de acción para amortiguar un eventual derrumbe del mercado tecnológico y sus consecuencias económicas.
El riesgo de un efecto contagio sobre Europa
Uno de los principales temores planteados en el análisis europeo es el efecto contagio. Molina señaló que existen varias señales de alerta que apuntan a que un colapso del mercado tecnológico podría trasladarse rápidamente hacia otros sectores y regiones.
El corresponsal explicó que el esquema de financiamiento actual presenta una particularidad respecto de otros momentos: las propias compañías tecnológicas financian a sus subsidiarias y les compran productos, generando un circuito interno de dinero.
Según Molina, ese mecanismo puede generar la apariencia de una actividad económica mayor a la real. “La misma proveedora de estas empresas es la que les compra y la que mueve el comercio, pero son ellos mismos los que financian”, señaló.
El circuito financiero que preocupa a los analistas
El problema radica en que buena parte del flujo financiero queda concentrado dentro del mismo ecosistema empresarial. “Ellos mismos lo financian, ellos mismos se autosustentan”, resumió Molina al explicar cómo puede formarse un círculo que depende de que sus distintos componentes continúen funcionando.
En ese sentido, el corresponsal advirtió que una ruptura de ese circuito podría tener consecuencias significativas. “Si en algún momento se rompe, la hecatombe puede ser muy importante”, afirmó durante el segmento.
La preocupación no se limita al comportamiento de las acciones. El análisis también contempla posibles problemas externos que podrían afectar la infraestructura sobre la que funciona buena parte de la industria de la inteligencia artificial.
Energía, servidores y ataques informáticos: otros riesgos para la IA
Uno de los escenarios planteados es un eventual colapso energético, debido a la enorme dependencia de los sistemas de inteligencia artificial respecto de servidores y servicios en la nube.
A ese riesgo se suma la posibilidad de ataques informáticos, que según lo señalado durante el programa se producen con una frecuencia creciente y pueden afectar especialmente a países considerados potenciales focos de este tipo de operaciones.
Entre los ejemplos mencionados aparecieron Irán y Rusia. La combinación de una eventual caída del mercado tecnológico, problemas energéticos y ataques informáticos podría generar un escenario especialmente complejo para una industria cada vez más integrada a la economía global.
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