
En la previa del inicio de la Premier League, conocé la historia de Archibald Leitch: estuvo detrás de escenarios emblemáticos como Anfield, Old Trafford y Craven Cottage. Su primer gran proyecto terminó en tragedia, pero logró reinventarse y dejó una huella que todavía perdura.
En la previa del inicio de la Premier League, conocé la historia de Archibald Leitch: estuvo detrás de escenarios emblemáticos como Anfield, Old Trafford y Craven Cottage. Su primer gran proyecto terminó en tragedia, pero logró reinventarse y dejó una huella que todavía perdura.
Imaginate que sos un escocés protestante, fanático del fútbol, de Glasgow y, por consecuencia, hincha del Rangers. Imaginate, además, que sos ingeniero y que el amor por tu club te obliga a hacer las veces de arquitecto. Sumale a eso que, a los 34 años, te dicen: “Tenés que construir el estadio de tu equipo”. Imaginate que lo hacés y, tres años después, una tribuna se derrumba y mueren 26 personas.
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Así comenzó la carrera de Archibald Leitch, el hombre que cambió la historia de los estadios en el Reino Unido y creó un estilo que hoy agoniza como consecuencia de la globalización.
Leitch nació en 1865 en Glasgow y fue contemporáneo de la Segunda Revolución Industrial. Dos años antes de su nacimiento, la Football Association (FA), primera entidad que reglamentó el fútbol de manera oficial, había sido fundada en la Freemasons' Tavern de Londres.
A finales del siglo XIX, el fútbol dejó de jugarse exclusivamente en las public schools (escuelas privadas inglesas) y atravesó un fuerte proceso de popularización, retratado en la serie Un juego de caballeros. A partir de ello surgió una nueva necesidad: había que construir estadios capaces de recibir al aluvión de gente que comenzaba a mover el mundo de la pelota.
El primer encargo para el ingeniero devenido en arquitecto llegó de parte del Rangers Football Club en 1899. Leitch trabajó ad honorem para el club, que le encomendó la construcción de un nuevo estadio que reemplazara al viejo Ibrox Park.
En nueve meses, el joven escocés planificó y condujo la obra, que contó con una capacidad para 68.000 personas. Sin embargo, en 1902, mientras Escocia e Inglaterra se enfrentaban a cancha llena en el histórico derbi británico, una de las tribunas cedió y un grupo de hinchas cayó al vacío.
La estructura era endeble y estaba conformada por vigas de acero y madera, pero no contaba con hormigón. El saldo de la tragedia fue de 26 muertos y más de 500 heridos.
No sería la única tragedia ocurrida en el estadio del Rangers. En 1971, durante un Old Firm —el clásico escocés que enfrenta a Rangers y Celtic—, se produjo una avalancha humana que terminó con la vida de 66 hinchas.
De la tragedia a un modelo que cambió los estadios británicos
Sorprendentemente, Leitch no fue juzgado por el accidente. Sí lo fue el comerciante que había vendido las vigas de madera. Tras la tragedia, el escocés le solicitó al club de sus amores que lo tuviera en cuenta para la reconstrucción, ya que consideraba que contratar a otro ingeniero significaría, de algún modo, señalarlo como culpable.
Sin embargo, el primer club que volvió a confiar en él no fue Rangers, sino Middlesbrough, de Inglaterra, en 1903.
La obstinación de Leitch lo llevó a sentarse nuevamente frente a la mesa de dibujo y desarrollar un prototipo que, además de la estructura de acero, incorporaba hormigón armado y madera de mejor calidad.
De allí surgió un nuevo modelo que, sin pretenderlo, se transformó en el sello distintivo de los estadios británicos. Leitch replicó esta fórmula en más de 27 canchas de Escocia e Inglaterra. Fachadas de ladrillo, cubiertas metálicas, cerchas a la vista en los techos y estructuras rectangulares sin florituras conformaron el ADN visual del fútbol inglés a comienzos del siglo XX.
Entre los estadios que Leitch diseñó, construyó o remodeló aparecen algunos de los escenarios más emblemáticos del fútbol británico: Anfield (Liverpool), Craven Cottage (Fulham), Goodison Park (Everton), Old Trafford (Manchester United), Ayresome Park (Middlesbrough), Hampden Park (Escocia), Ibrox Park y Tynecastle (Heart of Midlothian), entre otros.
Un dato refleja la magnitud de su influencia: en el Mundial de Inglaterra 1966, seis de los ocho estadios que albergaron partidos contaban con la intervención de Leitch, según relata el escritor y profesor Simon Inglis en el libro Engineering Archie, en el que reconstruye la vida y obra del ingeniero escocés.
Leitch consiguió desarrollar, a comienzos del siglo XX, un modelo que permitía construir estadios a precios módicos y en poco tiempo, lo que llevó a popularizar su nombre, principalmente después de la Primera Guerra Mundial.
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Hoy, buena parte de su obra está en peligro de extinción. Sin embargo, la tribuna Johnny Haynes de Craven Cottage y la Bill Struth de Ibrox Park, ambas con sus características fachadas de ladrillo, todavía se conservan al ser consideradas patrimonio en sus respectivos países.
Mientras los estadios del mundo se llenan de estridencias y diseños cada vez más globalizados, los bisnietos de Archibald Leitch intentan reconstruir su legado y entender por qué, más de un siglo después, siguen amando tanto el fútbol.
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