
En el 142° aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario, el Presidente cuestionó las alertas por la morosidad y apuntó contra la oposición por agitar fantasmas financieros. A su vez, comparó las críticas con la campaña del miedo de 2023.
En el 142° aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario, el Presidente cuestionó las alertas por la morosidad y apuntó contra la oposición por agitar fantasmas financieros. A su vez, comparó las críticas con la campaña del miedo de 2023.
Un tropiezo geográfico en el arranque no alcanzó para suavizar un discurso que rápidamente levantó temperatura. Javier Milei desembarcó por tercera vez en la Bolsa de Comercio de Rosario para celebrar el 142° aniversario de la entidad, pero al tomar el micrófono le agradeció por error a la institución de Buenos Aires. "Sepan disculpar... Cosas que pasan", deslizó entre risas para salir del incómodo momento. Sin embargo, el tono distendido duró poco: el jefe de Estado no tardó en desenfundar munición gruesa contra la dirigencia política, los analistas y la prensa, a quienes acusó de orquestar una campaña sucia para frenar el despegue del país.
El eje central de su furia fue el debate instalado sobre la suba de la morosidad y el riesgo país. Sin filtro, el mandatario disparó contra los que analizan la coyuntura con una mirada "que excede a los tres segundos". Según su visión, los números de la deuda local no difieren de las estadísticas que manejan países como Estados Unidos o Chile, por lo que adjudicó el ruido financiero a una estrategia puramente electoral para mantener el status quo y boicotear la expansión económica. "Los números no justifican ninguna de las barbaridades y atrocidades que están diciendo", sentenció, tildando además a los periodistas de "seres muy precarios intelectualmente".
En ese sentido, Milei rechazó que el aumento de la morosidad pueda atribuirse a las políticas del Gobierno y cuestionó el uso político de ese indicador. “No hay elementos para culpar a la política del Gobierno por lo que está pasando en términos de morosidad”, sostuvo, y afirmó que se están “cargando esas culpas sobre el Gobierno” pese a que la administración anunció su política económica y la cumplió.
Para enmarcar los ataques que recibe su gestión, el líder libertario recurrió a la literatura académica y habló de la utilización política de los "mercados controvertidos y repugnantes". En esa línea, defendió su obsesión por cumplir a rajatabla las promesas de campaña y recordó los constantes intentos del mercado por testear su credibilidad. Sacó a relucir una jugada especulativa contra los dólares tras un acuerdo con el Tesoro norteamericano, y advirtió que quienes apostaron en contra del modelo se llevaron "una linda pérdida de más de 1500 millones de dólares".
Lejos de mostrar preocupación por las proyecciones negativas de sus detractores, el mandatario se aferró a las cifras de actividad para sacar pecho. Destacó el último salto del 0,8% y celebró que la economía acumula 27 meses de crecimiento ininterrumpido, un hito que definió como el mejor historial de los últimos quince años. Desafiante, interpeló directamente a sus críticos: "¿Qué les pasa? ¿Por qué tanto desprecio por los datos? Entiendo que me odien... Pero los datos, son los datos".
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El fantasma de 2023 y el enojo por la campaña negativa
Luego Milei trazó un paralelismo directo entre las críticas actuales por el nivel de endeudamiento y la campaña del miedo que enfrentó durante la carrera presidencial. El Presidente aseguró que la estrategia de utilizar escenarios alarmistas no es nueva, sino que los "mismos impresentables" simplemente cambiaron de tema para evitar que el país abrace el progreso y termine "en Cuba con estado intermedio en Venezuela".
Para graficar esta maniobra, recordó cuando la oposición agitaba el fantasma de la venta de órganos o aseguraba que se iban a vender armas en los kioscos de los colegios "para que los nenes se caguen a tiros". Tras destacar que ninguna de esas predicciones catastróficas se cumplió en estos más de dos años y medio de gestión, cerró su intervención con una fuerte queja por la facilidad con la que se instala el pánico financiero: "Ahora entramos como imbéciles diciendo 'el problema es la morosidad'. Me niego a creer que seamos tan pelotudos".
El mandatario no dejó pasar la oportunidad para denunciar lo que considera operaciones de prensa insólitas en su contra. Para ilustrarlo, recordó el rumor de que los argentinos habían comenzado a consumir carne de burro por la crisis, una fake news que le adjudicó directamente a un estudiante de periodismo con supuestos nexos con el gobierno brasileño de Lula da Silva. Fiel a su estilo, desestimó la versión con puro sarcasmo: "¿Alguien probó el burro? Nadie".
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COVID-19 y el Gobierno de Alberto Fernández
Pero el nivel de confrontación escaló al máximo cuando decidió repasar la gestión de la pandemia. Milei apuntó los cañones contra las políticas sanitarias del gobierno anterior, denunciando que el monopolio estatal sobre los testeos de Covid-19 y el control de precios impuesto a los barbijos funcionaron como un "kiosco" oscuro que terminó costando vidas. Según su particular cruce entre análisis económico y epidemiológico, destruir los incentivos del mercado para producir insumos médicos básicos fue una condena letal para la población.
Sin escatimar en exabruptos y con un nivel de virulencia feroz, el líder libertario insultó abiertamente a la administración de Alberto Fernández. Lo responsabilizó de manera directa por el exceso de mortalidad durante la emergencia, calculando que una gestión apenas "mediocre" habría dejado unas 30 mil víctimas fatales, muy por debajo de los más de 100 mil fallecidos reales. El remate fue un dardo envenenado directo al corazón de la retórica peronista: "Cagarse en el análisis económico le costó la vida a 100 mil argentinos. Y a los que mató, eran pobres. Vení a hablarme de progresismo".
Para cerrar ese bloque encendido, el Presidente volvió a agarrárselas con la prensa. Calificó de "simios con un micrófono" a los comunicadores que lo acusan de vivir desconectado de la realidad y reivindicó la crudeza de su plan de ajuste. Lejos de retroceder ante las críticas, sacó pecho por haber avanzado de frente con las medidas anunciadas en campaña a pesar de las presiones financieras de los últimos meses, y cerró la idea con tono triunfal: "El mercado me corrió y le gané".
El ultimátum político de cara a las urnas
Con la brújula política apuntando directamente hacia los próximos desafíos electorales, el jefe de Estado aprovechó el escenario de Rosario para trazarle una línea roja a la sociedad. Lejos de las sutilezas, planteó una disyuntiva para el futuro de la Argentina: aseguró que llegó el momento de "ponerse los pantalones largos" y abrazar las ideas de la libertad o, de lo contrario, resignarse al hundimiento definitivo. En este sentido, sentenció que un eventual regreso a las viejas recetas del populismo tiene como único destino terminar siendo una nueva Cuba.
El tono confrontativo no se agotó en el plano ideológico, sino que se trasladó de lleno al terreno de los rescates financieros. Al analizar la dinámica de los créditos, el mandatario destrozó lo que definió como "soluciones paternalistas" y se opuso rotundamente a que el Estado use el dinero de los contribuyentes para salvar a los bancos ante un escenario de crisis. En ese punto, acusó a la izquierda de sufrir un cortocircuito mental: "Estigmatizan al usurero, lo convierten en un mercado repugnante, y después lo quieren salvar. Nunca se me hubiera ocurrido ese nivel de progre", disparó entre ironías.
A la hora de defender su modelo económico, el Presidente se desmarcó de la escalada en los índices de morosidad y rechazó que el atraso en los pagos sea culpa de la Casa Rosada. Para relativizar el dramatismo de las cifras, cruzó los números locales con los de Estados Unidos (donde la mora en tarjetas de crédito alcanza el 13%) y catalogó al pánico financiero como una simple "opereta kuka". Visiblemente molesto, consideró que hay que ser "muy precario intelectualmente" para creerse el discurso de que la gente está ahogada en deudas.
Para cerrar su intervención con el acelerador a fondo, el líder libertario justificó la liberación total de los mercados como el único antídoto que logró frenar una megacrisis terminal. Sin guardarse nada, advirtió que si hubiera aplicado "las estupideces" que recomiendan los economistas tradicionales cada mañana, el dólar habría volado hasta la luna y su Gobierno ya estaría quebrado. La lectura final que hizo de las turbulencias recientes no dejó margen para dobles interpretaciones: calificó las presiones cambiarias como un ataque directo de la vieja política y denunció, sin anestesia, que su administración logró sobrevivir a un intento de golpe de Estado.
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Bolsa De Comercio De Rosario