
Se va a necesitar grandeza e inteligencia para cortar este macabro juego en Madrid en el se tiran tiros en los pies todos: Atlético Madrid, Simeone, el jugador, el plantel y los hinchas.
Se va a necesitar grandeza e inteligencia para cortar este macabro juego en Madrid en el se tiran tiros en los pies todos: Atlético Madrid, Simeone, el jugador, el plantel y los hinchas.
Julián Alvarez, con gesto serio, en el banco de suplentes mientras era silbado por los hinchas.
Tirarse tiros en los pies es una especialidad que los seres humanos han desarrollado a niveles insólitos. Se va a necesitar mucha grandeza e inteligencia para cortar este macabro juego en Madrid en el que todos pierden: el club, el entrenador, el jugador, el plantel y los hinchas.
En la novela de Julián Álvarez y el Atlético no hay ninguno que salga indemne y si continúan buscando a ver quién tiene más responsabilidad en el conflicto que atraviesan, se van a perder la chance de pasar de página. De ponerle un freno, de todos hacer la autocrítica que corresponde y salir de la zona de la bronca que cerró el domingo con el propio club impidiéndole al jugador ir a saludar a los hinchas.
Un individuo se metió en la cancha tras el partido ante el Villarreal y le indicó a la Araña que no se quede con sus compañeros a saludar.
Los acuerdos y/o promesas privadas que pudieran tener con Julián pensando en su futuro no implican que el argentino -extraño a su perfil- no fuera inoportuno al declarar durante el Mundial sus deseos de una transferencia. Ahora, si fue el delantero el que encendió la mecha , todos los demás fueron agregándole nafta al fuego. No se vio firmeza en ninguna de las partes para bajar la intensidad al incendio. Ni siquiera pensando en que algunas acciones significaran hundir su propio patrimonio.
Cómo será el contexto que el Cholo debió aclarar que no había avalado los insultos de los hinchas tras una conferencia de prensa fallida. Y en menos de un mes, aquel delantero clave del equipo, que no dejó de jugar a pesar de una lesión y fue gran responsable de que el Atlético llegara a las semifinales de la Champions League, se transformó en el silbado e insultado por todo el estadio antes, durante y después del partido. El lenguaje corporal de un muy serio Julián no podía evitar la mezcla de dolor, decepción y frustración. Así lo vivió y así de mal jugó. ¿A ningún compañero se le ocurrió ir buscarlo para que se quedara saludando a los hinchas, más allá de la indicación dirigencial? Abrazarlo, contenerlo, arroparlo.
Se quede o no se quede, si no asumen rápido que así todos pierden, vivirán enroscados en un enojo que alguien debe desactivar rápido. Siempre se puede estar peor.
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