
Especialistas anticipan que el Nordeste argentino, junto con sectores de Santa Fe, Santiago del Estero, Buenos Aires y Córdoba, podría atravesar eventos de lluvias muy intensas en períodos cortos con un promedio de 500 a 700 milímetros de agua caída en algunas zonas. Asimismo, sostienen que este escenario que inició 2026 podría extenderse, con diferentes etapas, hasta 2028 con veranos con temperaturas y sensación térmica de hasta 45 a 50 grados.
El meteorólogo y agroclimatólogo Mario Navarro advirtió que Corrientes y otras provincias del país podrían atravesar un período de lluvias intensas en lapsos cortos, crecidas de ríos y veranos con elevada humedad y sensación térmica. Según su proyección, el escenario podría extenderse hasta 2028.
El especialista explicó a Radio Sudamericana sobre la inminente llegada de El Niño y aclaró que no utiliza el término “Superniño”, aunque sí consideró que el fenómeno podría presentar una mayor intensidad que otros eventos.
Navarro ubicó al Nordeste argentino entre las zonas que podrían sentir con mayor fuerza los efectos del ciclo. La advertencia alcanza a Corrientes, Formosa, Chaco y Misiones, pero también incluye sectores de Santa Fe, Santiago del Estero, Buenos Aires y Córdoba.
Según explicó, durante este proceso podrían registrarse precipitaciones que superen los 200 y hasta los 350 milímetros en períodos reducidos. En algunos casos, los acumulados podrían ser todavía mayores.
El meteorólogo advirtió que estos eventos no necesariamente se presentarían de manera aislada. Varias localidades o incluso distintas provincias podrían verse afectadas durante una misma semana.
Según explicó, el sistema comenzó a desarrollarse entre mayo y junio de 2026 y tendría una etapa de mayor intensidad hasta mediados de 2027. Luego, podría registrarse una disminución del calentamiento y una posterior recuperación.
“Es muy factible que disminuya el calentamiento y vuelva a recuperar otro calentamiento. No como intenso como este, puede ser un poquito menor, pero puede generar otro tipo de fenómeno”, explicó.
El especialista comparó esta posible evolución con lo ocurrido durante el ciclo de La Niña, que atravesó distintas etapas antes de debilitarse. En este caso, planteó la posibilidad de dos ciclos, con una reducción temporal de la intensidad y un nuevo período de calentamiento.
Un verano más húmedo y con sensación térmica elevada
Además de las lluvias, Navarro anticipó que el calor y la humedad serán otros de los factores que marcarán este período. “Va a ser más húmedo y con elevada sensación térmica”, aseguró.
Según su estimación, no será necesario que las temperaturas máximas alcancen registros extremos para que la sensación térmica se eleve de manera considerable. La combinación de calor y humedad será determinante. “Pueden tener temperaturas de 33 o 36 grados con una humedad del 69, 75 u 85 por ciento y ahí se dispara la sensación térmica”, explicó.
Incluso, proyectó jornadas en las que la sensación térmica podría superar ampliamente los 40 grados. “Podemos tener 42, 45, 47, 49 o hasta 52 grados de sensación térmica”, sostuvo. Para el próximo año, también anticipó un otoño más cálido y húmedo y un invierno con características similares al actual.
“El invierno del año que viene está previsto que sea de similitud con el que hemos tenido este año. Va a ser más húmedo y el otoño más cálido”, señaló. En el norte argentino, agregó, el calor podría combinarse con noches de temperaturas elevadas.
Sobre la cantidad de lluvia que podría registrarse, Navarro habló de valores variables según la región y el período. “La cantidad de milímetros que vamos a tener es un promedio de entre 70, 100, 200 y 300 milímetros. De 200, 250 a 400 milímetros”, indicó.
Además, sostuvo que algunos sectores podrían acumular valores aún mayores. “Hasta fin de año hay lugares donde puede llegar hasta 650 milímetros”, afirmó.
Para el período comprendido entre enero y mayo, estimó acumulados de entre 570 y 715 milímetros.
El especialista sostuvo que los cambios de estación serán momentos especialmente sensibles, ya que suelen favorecer períodos de mayor inestabilidad. Según su análisis, el régimen de lluvias comenzó antes. "Del 14 de agosto hasta el 29 de septiembre sería lo más importante", indicó.
Después, explicó, podrían producirse nuevas etapas de inestabilidad durante las transiciones entre las estaciones. “Cada final de estación va modificando la situación. Final del invierno, comienzo de la primavera, primavera-verano y verano-otoño”, detalló.
Navarro recomendó prestar atención no solo a fechas puntuales, sino también a los días previos y posteriores. “Días antes, días después, van a ir viendo algunos eventos que se van a ir dando”, sostuvo.
El Pacífico, el Atlántico y la humedad
Según su análisis, favorecen este escenario, Navarro se refirió a la temperatura de los océanos Pacífico y Atlántico y a su influencia sobre la atmósfera. “El Pacífico está caliente, igual que el Atlántico. El calor y el vapor de agua se transmiten a la atmósfera con diferentes tipos de fenómenos”, explicó.
En el caso de Sudamérica, señaló que la interacción entre los frentes fríos y las masas de aire cálido y húmedo puede favorecer el desarrollo de tormentas. “Los frentes fríos y el aire cálido y húmedo generan el motor principal de estos fenómenos que se van suscitando en Sudamérica”, afirmó.
Para Corrientes, el panorama no estaría relacionado únicamente con la cantidad de lluvia que pueda caer sobre el territorio provincial. Según su análisis, el Paraná, el Uruguay, el Bermejo y otros sistemas fluviales podrían verse condicionados por las precipitaciones registradas en diferentes puntos de Sudamérica. “La evacuación de los ríos va a ser muy problemática, porque seguramente va a haber inundaciones en lugares bajos”, advirtió.
En ese contexto, planteó la necesidad de anticipar posibles situaciones de riesgo ante crecidas o acumulaciones importantes de agua. “Hay que advertir para que la gente vaya saliendo con anticipación cuando va a haber volúmenes de agua tan importantes”, señaló.