
El DT de River enfrenta críticas por su falta de modificaciones, una decisión que ante Vélez desgastó aún más a los jugadores para la vuelta ante Independiente Santa Fe.
El DT de River enfrenta críticas por su falta de modificaciones, una decisión que ante Vélez desgastó aún más a los jugadores para la vuelta ante Independiente Santa Fe.
Coudet, en su laberinto: el banco de suplentes del Monumental. (Foto: Juano Tesone).
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Es difícil cambiar”. Siempre le ha resultado difícil cambiar a Eduardo Coudet como entrenador de River. Cambiar jugadores durante el transcurso de los partidos. Tanto, que esa cuestión marcó su ciclo en un encuentro decisivo como la final del Apertura contra Belgrano y que este domingo en el Monumental frente a Vélez otra vez definiera el rumbo del partido. Un partido que parecía ganado y terminó sumándose a la lista de traspiés del proceso.
Esta poca reacción del banco fue, justamente, la que hizo explotar, otra vez, a los hinchas (así lo reflejan las interacciones en las redes). La igualdad comenzó a gestarse en ese error de Thiago Almada en el descuesto del Fortín, es cierto, pero también puede tener su explicación en que el Chacho recién miró hacia el banco de suplentes a los 70'. Nueve minutos después del 1-2 y cuatro días posteriores al exigente duelo en los 2.600 metros de altura de Bogotá, un factor que el mismo Chacho resaltó como condicionante físico y motivo de desgaste luego del 0-0 ante Santa Fe en la ida de octavos de la Copa Sudamericana.
Si el entrenador sabía mejor que nadie que los futbolistas que habían jugado el miércoles en el Campín no estaban 100% frente a Vélez y a solo poco más de 72 horas de la vuelta de la serie de la Sudamericana, ¿por qué no hizo ingresar a uno de los 11 hombres de campo en el banco para renovar las energías del equipo en el segundo tiempo, con un 2-0 a favor? Su respuesta fue que “estábamos jugando bien, el rival no nos lastimaba pese a ser un gran equipo. No nos llegaban y nosotros salíamos con espacios”.
Recién después del descuento de Diego Valdés, el Chacho metió mano y mandó al campo al colombiano Rafael Borré por Ángel Correa, la figura de River desde el 2-0 ante Argentinos hasta que salió ante Vélez. Fue un cambio de puesto por puesto para hacer descansar al mejor, pero no una modificación que reactivara el funcionamiento ofensivo. Mucho menos, enfocado en sumar solidez estructural, ni en la defensa ni en la zona de contención del mediocampo. Como lo había hecho en Colombia para aferrarse al 0-0. O recurrir al armado de una línea de cinco en el fondo para fortalecer la zaga con tres centrales, una medida cuestionada por los hinchas en los días más dulces del ciclo.
Esa decisión de no introducir más variantes que la de Borré le permitió al equipo de Guillermo Barros Schelotto arrimarse al área de River hasta lograr el 2-2 ¡con un cabezazo de Manuel Lanzini! El colmo. Y el karma de Coudet con los cambios. Un karma que lo persigue, inevitablemente, desde la final contra Belgrano en Córdoba.
¿Qué pasó con Montiel y Acuña?
Otro interrogante sobre el empate del domingo es por qué el Chacho llevó al banco a Gonzalo Montiel y a Marcos Acuña y no puso a ninguno de los dos laterales titulares y campeones del mundo. Seguramente, el plan del DT era que ambos sumaran minutos luego de recibir el alta médica de sus respectivas lesiones para que llegaran al duelo decisivo de la Sudamericana con cierta recuperación de ritmo de competencia. Sin embargo, Coudet solo cumplió con ese objetivo con el ingreso de Sebastián Driussi, a pesar de que el Gordo entró 5' después del 2-2 como una especie de manotazo de ahogado del deté: al mismo tiempo puso al pibe Lautaro Pereyra.
El huevo Acuña se desgarró el isquiotibial derecho, contra Gimnasia, el 29 de julio (hace casi un mes). Y Driussi va a llegar al partido del miércoles con apenas esos escasos minutos, ya que no jugaba desde el 3 de julio, en el amistoso de pretemporada ante el Flamengo. Así, River afrontará este choque determinante con jugadores con poco descanso tras el viaje a Colombia y con otros casi sin ritmo de competencia...
Apenas tres modificaciones de las cinco posibles. En un equipo cansado y que el miércoles necesita rendir al máximo de sus condiciones para pasar a los cuartos de final. para calmar el tsunami. Solamente un cambio que no cambió nada cuando Vélez logró el 1-2 y los dos restantes, como un reflejo de desesperación tras el empate rival. Una desesperación que es evidente por los gritos y gestos del DT en el banco.
En este punto surge el cuestionamiento al rol de los colaboradores del Chacho: Damián Musto y Ariel Broggi. ¿Ninguno de ellos detecta la escasa reacción de Coudet en los cambios o el Chacho no los escucha?
De la final a un posible final...
El efecto dominó que comenzó con la derrota en la final contra Belgrano amenaza por llevarse puesto al entrenador. En Córdoba, el Chacho no pudo refrendar los resultados positivos que había obtenido tras suceder a Marcelo Gallardo: en ese partido, apenas metió a Germán Pezzella por el Huevo Acuña (lesionado) diez minutos después del 2-1 de Tomás Galván para mantener un triunfo que valía un título. Dejó sentado en el banco a Juanfer Quintero, que nunca se lo perdonó, y recién puso al héroe de Madrid tras el 2-3 de Uvita Fernández (también entró Kendry Páez por Galván, a los 89').
Llegó el momento de que Coudet suelte este antecedente. Porque si repite un comportamiento similar, y con resultado negativo, en la vuelta de octavos de la Sudamericana es difícil pensar en otra revancha. Se trata de una final que puede provocar el final del ciclo del Chacho como técnico de River. Una final que tendrá que salir a jugar con la mayoría de los 11 futbolistas que él mismo desgastó el domingo por no animarse a retocar nombres y dibujo cuando el 2-0 -y hasta el 1-2- se lo permitía.
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