
Pablo Benítez Jaccod (*) Si bien la política exterior es potestad del Poder Ejecutivo Nacional, ello no impide que las provincias adopten una posición activa y conducente de apoyo cuando se busca promover una inserción internacional federal.
Pablo Benítez Jaccod (*) Si bien la política exterior es potestad del Poder Ejecutivo Nacional, ello no impide que las provincias adopten una posición activa y conducente de apoyo cuando se busca promover una inserción internacional federal. Mientras el mundo avanza hacia mayores niveles de integración y cadenas globales de valor, la intención de la Argentina de ingresar al Acuerdo Integral y Progresivo para la Asociación Transpacífica (CPTPP), representa, junto con la evidencia chilena y los recientes desarrollos energéticos binacionales, una poderosa herramienta de desarrollo regional. En el caso de la provincia del Neuquén, es fundamental que la clase dirigencial y los actores económicos locales acuerden y actúen sobre la base de un pensamiento estratégico, que contemple oportunidades, fortalezas y debilidades para los próximos 30 años. Insólitamente, en 2017 la mayoría de la Legislatura neuquina se opuso a la presencia de Argentina, vía Mercosur, en la Alianza del Pacífico. Esta decisión contradijo abiertamente el mandato constitucional de promover el desarrollo económico tal cual surge de la Cláusula del Progreso de la Constitución Nacional (art. 75 inc. 18) y sus equivalentes provinciales (arts. 74 y 75 de la Constitución de Neuquén). Estos mandatos constitucionales imponen al Estado, y particularmente a la Legislatura, el deber de dictar las leyes de fomento económico, impulsar la industria, el comercio, la radicación de capitales etc. la cual en pleno siglo XXI no puede estar disociada de una integración internacional vía apertura económica. Sin embargo, la condena al libre comercio y la figura “amenazante” de Estados Unidos fueron los argumentos centrales. Basándose en las teorías centro-periferia y de la dependencia — anacronismos doctrinarios—, el oficialismo provincial consideró que esa inserción no beneficiaría a Neuquén. Estas teorías sostienen que las naciones ricas se enriquecen a costa de las pobres a través del comercio, y que el desarrollo de unos requiere el estancamiento de otros. Según los legisladores de aquella ocasión, restringir el comercio con el mundo formaba parte de la solución. Una incomprensión entre los nexos causales entre las bajísimas exportaciones neuquinas del 2017, las cuales alcanzaron un volumen ínfimo de tan solo u$s 71 millones y la ineludible necesidad de inversiones extranjeras del activo Cuenca Neuquina/ Vaca Muerta. Esta visión, anclada en ideas del siglo pasado, choca frontalmente con las necesidades actuales de Vaca Muerta y las dinámicas globales del siglo XXI. Sobre la intención de que la Argentina ingrese el CPTPP, Chile ilustra el camino con resultados tangibles. Gracias a su amplia red de acuerdos de libre comercio, sus exportaciones alcanzaron un récord de u$s 107.004 millones en 2025. En esa cifra, las exportaciones “no cobre” representaron u$s 47.044 millones. Regiones chilenas que limitan con Neuquén como Los Lagos, Biobío y Araucanía entre otras, mantienen una fuerte vocación exportadora, con altos ratios exportación/PIB y diversificación en alimentos, forestales, pesca y servicios. El CPTPP, del que Chile es parte plena desde 2023, ha generado miles de nuevas oportunidades arancelarias. Por ejemplo, los exportadores de La Araucanía mejoraron su acceso para arándanos, manzanas y cerezas a Japón, Vietnam y Canadá (arancel 0%). Productos como el jugo de manzana y la miel natural, que enfrentaban aranceles del 19,1% y 25,5% en Japón, se benefician de reducciones progresivas hasta cero. ¿Acaso no sería lo mismo para las manzanas, peras, miel y productos del Alto Valle de Neuquén y Río Negro? Estos bienes regionales podrían ganar competitividad en los mercados de mayor ingreso per cápita del Asia-Pacífico. En 2025, las exportaciones chilenas al bloque CPTPP alcanzaron u$s 15.483 millones. Para Neuquén, estos acuerdos representan una vía clave para reducir la dependencia del Oil & Gas y capturar mercados dinámicos en Asia-Pacífico. A esto se suma la reciente propuesta chilena de un acuerdo energético estratégico. La ministra de Energía, Ximena Rincón, junto al canciller Francisco Pérez Mackenna, ofrecieron formalmente los puertos e infraestructura del Pacífico para exportar gas, y potencialmente petróleo argentino, hacia Asia. Chile busca posicionarse como plataforma logística, aprovechando terminales de GNL existentes, gasoductos binacionales y su experiencia regulatoria. La idea es crear un corredor energético patagónico-pacífico que complemente las salidas atlánticas y permita a Vaca Muerta acceder de forma más competitiva a los mercados asiáticos, reduciendo tiempos y costos logísticos. Frente a las teorías de la dependencia que llevaron a oponerse a la Alianza del Pacífico, la realidad muestra lo contrario: la apertura genera desarrollo mutuo. Chile no se empobrece por comerciar; sus regiones exportadoras impulsan PIB local y empleo. Argentina y Neuquén se beneficiarían ampliamente de ese camino. La agenda provincial debería ser clara: apoyar activamente la inserción internacional, impulsar la infraestructura de conexión y rechazar visiones autárquicas. Solo con estabilidad macroeconómica, reglas claras y vocación exportadora Neuquén podrá transformar el potencial de Vaca Muerta y del Alto Valle en prosperidad duradera y la anhelada diversificación productiva. El libre comercio no es una amenaza ideológica: es la herramienta probada que permitió a Chile diversificar y crecer. Ignorarlo es condenar a la provincia de Neuquén a depender exclusivamente de ciclos de commodities. (*) Mg. en Economía Política.