
Aunque reconoce que el trolismo "sigue generando atención" y funciona para instalar temas en la agenda pública, Silvio Waisbord señaló que tiene costos para la democracia.
Aunque reconoce que el trolismo "sigue generando atención" y funciona para instalar temas en la agenda pública, Silvio Waisbord señaló que tiene costos para la democracia. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), afirmó que Javier Milei reproduce una "conducta típicamente trumpista" y consideró que ese estilo "desvirtúa el discurso público" al reemplazar la persuasión por la confrontación permanente.
Silvio Waisbord es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Sociología por la Universidad de California, en San Diego. Se desempeña como profesor de la Escuela de Medios y Asuntos Públicos en la George Washington University, en Washington, Estados Unidos, institución donde se desempeñó como director entre los años 2020 y 2023. Es autor y editor de más de 20 libros y artículos sobre periodismo, política, medios y estudios de comunicación. Además, es editor del International Journal of Communication.
Usted analizó el concepto de trolismo político como pocos, cómo líderes de la nueva derecha, como Donald Trump, el propio oficialismo argentino, lo utilizan para humillar. Utilizan la ironía, el sarcasmo, en lugar de la persuasión clásica de los políticos. ¿Qué impacto real tiene esto, después de dos años de Trump y dos años y medio de Milei?
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Creo que las consecuencias de eso es una desvirtuación de lo que es el discurso público, el discurso político, en el sentido de que líderes políticos imponen una forma agresiva, violenta, despectiva para referirse a sus contrincantes, a sus opositores o a cierta parte de la ciudadanía. En el sentido de que legitima cierta forma de hablar. Eso es un problema para la democracia y, de ahí mi preocupación.
Lo otro que está demostrado es que incita a la violencia, que incita a diferentes formas de violencia. No solamente la agresión verbal, sino que legitima ciertas formas de accionar violentas que silencian o que tratan de desanimar a ciertos públicos, a ciertos líderes políticos, de intervenir en la democracia. Esas creo que son las preocupaciones de por qué ese tipo de discurso trolista es peligroso para la democracia.
Caso Epstein, Trump y el poder bajo sospecha
—¿Qué balance hace, después de dos años de Trump y dos años y medio de Milei? ¿Esto crece, decrece, aburre, sigue siendo atractivo?
Creo que sigue generando atención. Es una forma de generar atención, tanto en los medios tradicionales como en las redes sociales, porque es un discurso que apela, justamente, a cierta lógica de lo que hoy en día se considera que es noticiable, interesante, curioso.
No solamente es una estrategia retórica, sino que tiene una forma de dominar de qué se habla y cómo se habla. Yo creo que, especialmente en el caso de Trump, es que incansablemente lo hace. Más allá de su personalidad, si es realmente así o no, eso no es importante, sino que él genera el tipo de atención para ciertos temas que él quiere que la opinión pública preste atención o que la cobertura periodística se dedique. Es una forma efectiva de determinar cuándo se habla, cómo se habla y sobre qué temas.
—Está claro que toda herramienta se desgasta, que en la sociedad del espectáculo hay un solo pecado, que es aburrir, y que el mago que hace el mismo truco dos, tres, cuatro veces deja de tener efecto. ¿Usted imagina una evolución de desgaste de esta herramienta o que se va a convertir en la norma tradicional del periodismo, como, por ejemplo, en los años post-Watergate era totalmente lo contrario?
Lo que pasa es que hay ciertas formas de hacer política que requieren un discurso, una retórica más conversacional, más dialoguista, más negociadora. Entonces es difícil sostener este tipo de discursos al mismo tiempo que, por diferentes razones políticas o de estrategias oficiales, se necesita hablar, dialogar con la oposición. Es un discurso que, tarde o temprano, termina siendo problemático para lograr ciertos objetivos, si estos líderes políticos se lo plantean así.
El discurso político dura tanto como dura la credibilidad, la confianza, la posibilidad de un gobierno. No es la única forma de permanecer en el poder o de persuadir a la opinión pública. Entonces puede ser un discurso que tiene su momento de fulgor, o de brillo, o de atención, pero está sujeto a cuál es la suerte política, económica y social de cualquier gobierno o cualquier líder político.
El FBI ya toma testimonios por las operaciones financieras de la AFA en Estados Unidos
—¿Cómo afectó al periodismo y a la comunicación en general estos casi dos años de Trump? ¿Cómo imagina que puede influenciar el periodismo, en su conjunto, en el resultado de las elecciones de medio término? ¿Y si cambiaría algo si Trump perdiese?
Como es bien sabido, ha sido comentado que el gobierno de Trump ha tenido una estrategia de múltiples frentes de ataque contra la prensa, la prensa mainstream, la prensa crítica, que ha producido investigaciones, y una forma de desactivar, a través de diferentes estrategias retóricas, legales, financieras, empresariales, cierto periodismo "molesto" o que ha sido crítico del gobierno de Trump, incluso en su primera administración.
Creo que lo que ha pasado con el periodismo norteamericano es, quizás, un entendible, pero excesivo, cuidado legal a la hora de hacer ciertas denuncias, porque ha tenido suficientes experiencias de que Trump, frente a noticias negativas, su instinto es iniciar procesos legales contra periodistas o contra medios, o directamente estigmatizar, insultar a periodistas que hacen preguntas críticas o molestas o que se salen de su libreto.
Esto es un poco lo que se está debatiendo, si el periodismo en Estados Unidos, más allá de que hay periodismo que sigue siendo bastante crítico del gobierno, que sigue haciendo investigaciones, si incurre en cierta autocensura, justamente, para evitar problemas, dolores de cabeza legales. Eso yo creo que es una forma de entender cuál ha sido el impacto que ha tenido estos años y medio de continuos ataques, de diversas formas, contra el periodismo.
—¿Cambiará algo si Trump pierde?
Creo que sí, porque eso desactivaría la preocupación que deben tener muchos editores, muchas compañías para no enojar a una Casa Blanca que es muy sensible y que reacciona inmediatamente frente a cualquier tipo de noticia crítica. Lo otro es que no es claro cómo Trump mismo reaccionaría si las elecciones de medio término son adversas, si llegara a perder el Congreso.
No es claro si él reaccionaría de una forma típicamente trumpista, de redoblar su apuesta contra sus enemigos o sus adversarios, reales o imaginarios, entre ellos el periodismo, o pasaría a una época más de tregua y más de negociación, si efectivamente los demócratas pudieran tener el control tanto del Congreso como de la Cámara.
—¿Qué similitudes y diferencias encuentra entre Trump y Milei en términos de liderazgo y comunicación política?
Milei ha tenido una conducta bastante agresiva con el periodismo. Hay varias frases que usted conoce bien que el presidente Milei ha elegido contra el periodismo. Yo creo que esto incluso opera como espejo frente a Trump. Creo que es imposible no entender esto como una imitación de una conducta típicamente trumpista frente a cierto periodismo en Argentina, que ha tenido una posición más distante en algunos temas, en algunos casos bastante crítica de ciertos temas de corrupción, de escándalos políticos. Finalmente, el objetivo de eso es estigmatizar o insultar al periodismo.
Esto tiene que ver con un clima de época, con una forma que tienen ciertos líderes populistas de derecha de elegir al periodismo como enemigo. Suponen que para su base política eso les funciona, les da crédito, les da credibilidad, pero es un tema de elegir al enemigo y, obviamente, el periodismo, históricamente ha sido elegido por diferentes gobiernos como un enemigo a perseguir.
La Casa Rosada busca reunir a los gobernadores antes del 9 de Julio para negociar las reformas
—Recientemente el director del New York Times se refería a la inteligencia artificial como un parásito que utiliza la información que produce el periodismo y los medios en general para producir su propia información. Ya fueron parasitados los medios de comunicación en las distintas alternativas: por la web, por las redes sociales. ¿Cómo imagina este continuo parasitar a los medios de comunicación en el futuro de los medios de comunicación profesionales?
Sí, yo creo que la inteligencia artificial es un parásito de toda la creatividad, de toda la creación humana durante la historia. En el caso de noticias, de información producida por medios de información que invierten recursos en producir información original, es uno de los casos más claros de eso. Y el problema es que, en la mayoría de los casos, ese contenido no es pagado, no es financiado, sino que es justamente parasitado para rédito propio.
Pero el periodismo es parte de un fenómeno más preocupante aún, que es la enorme capacidad que tienen estas astronómicas compañías de engullir información para producir información mediante inteligencia artificial, que no responden legalmente o de otra forma, justamente, al precio de lo que se crea.
Hay pocas compañías periodísticas que tienen un acuerdo económico con las grandes compañías que controlan la inteligencia artificial, pero es solamente un número muy reducido a nivel global. Y es un problema que no se puede resolver, dado el enorme caudal de contenidos que empresas periodísticas siguen produciendo día a día.
Me guardaba para el final una pregunta entre medio de epistémico y metafísico. Podríamos decir que el poder siempre fue el resultado de la asincronía de la información: el poder tenía información que el no poder no tenía. El acceso a información privilegiada era lo que daba poder al poder. Ahora que la información fluye de una manera horizontal, y la inteligencia artificial potencia esa horizontalidad y esa diferencia en el acceso a información, ¿cómo se va a construir el poder?
Me imagino a los embajadores que en otras épocas estaban destinados a mandar informes. Hoy las cancillerías saben, antes de que el embajador se levante por la diferencia horaria, qué fue todo lo que se dijo en el país en el que está destinado el embajador. Y así un presidente que llama a un ministro para enterarse de algún tema simplemente busca en la inteligencia artificial y tiene la información sobre ese tema, a lo mejor hasta mejor que lo que le proponga el ministro. ¿Qué queda entonces para la construcción del poder?
Siempre que hay poder hay secretos de información que se opta por no divulgar, por no hacer públicos. Creo que tenemos la falsa creencia de que toda la información está disponible. Es un espejismo. También es cierto que tenemos más acceso a la información hoy en día, cualquiera que tiene conexión a internet, que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Esto no quiere decir que toda la información sea transparente.
Por ejemplo, cómo operan las grandes compañías digitales es bastante opaco. No es transparente. No tenemos información pública sobre eso. De algún modo se puede aplicar al poder político, por la naturaleza propia del poder. Hay información que no se divulga y a la que es difícil acceder.
Estamos en ese tironeo: la sensación superficial de que hay una cantidad enorme de información accesible, que es real, pero, al mismo tiempo, no ignorar que, mientras hay poder, hay formas de esconder la información en ciertos pliegues. Por eso el periodismo y otras instituciones de la democracia siguen cumpliendo un rol fundamental en demandar la rendición de cuentas. Esto creo que no es un tema viejo solucionado con inteligencia artificial o con las nuevas formas de producir información.