
“En muchas operaciones, la minería puede empezar a integrar generación solar y almacenamiento en las cercanías del punto de consumo”, sostiene el autor. Esto podría “reducir costos, aumentar resiliencia operativa, disminuir exposición y acelerar la descarbonización”, agrega.
“En muchas operaciones, la minería puede empezar a integrar generación solar y almacenamiento en las cercanías del punto de consumo”, sostiene el autor. Esto podría “reducir costos, aumentar resiliencia operativa, disminuir exposición y acelerar la descarbonización”, agrega.
El reciente anuncio de BHP sobre proyectos solares y baterías en Escondida y Spence puede ser más que una noticia puntual. Marca el inicio de una nueva etapa para la minería en la región andina y, muy especialmente, para Argentina.
La lógica es simple: las grandes faenas mineras están en zonas de altísima radiación solar, con demanda eléctrica intensiva y creciente. Al mismo tiempo, el costo de las baterías ha caído de forma acelerada durante la última década. Según BloombergNEF, el precio promedio global de los packs de baterías de ion-litio llegó a los US$108/kWh en 2025, un mínimo histórico y 8% menos que en 2024 — y cerca de 36% más bajo que los registrados en 2022.
La International Energy Agency (IEA), con datos de Bloomberg y BloombergNEF, muestra esa caída estructural en la serie 2015-2025.
El país se encuentra en el umbral de un gran ciclo de inversiones mineras impulsado por proyectos de cobre y litio de clase mundial"
Esta combinación cambia la ecuación. La minería ya no necesita pensar la energía sólo como un contrato de suministro renovable a distancia. En muchas operaciones, puede empezar a integrar generación solar y almacenamiento en las cercanías del punto de consumo. Eso puede reducir costos, aumentar resiliencia operativa, disminuir exposición a congestión de transmisión y acelerar la descarbonización.
Para Argentina, el momento no podría ser más propicio. El país se encuentra en el umbral de un gran ciclo de inversiones mineras impulsado por proyectos de cobre y litio de clase mundial.
Esta coyuntura otorga una ventaja estratégica clave: el modelo de “solar más baterías en sitio” es considerablemente más fácil de implementar en minas nuevas (greenfield) o en operaciones que están ampliando sustancialmente su demanda energética.
Diseñar la infraestructura desde su fase inicial permite optimizar capex, aliviar la presión sobre las redes eléctricas locales y garantizar un suministro continuo en zonas de alta altitud y radiación, como la Puna y la Cordillera de los Andes.
En muchas operaciones, puede empezar a integrar generación solar y almacenamiento en las cercanías del punto de consumo"
Esta tesis encuentra un espejo perfecto en el resto de la región. Países como Chile y Perú comparten condiciones similares de radiación y demanda energética. En el caso chileno, la integración de almacenamiento cerca de las faenas busca aliviar las tensiones de transmisión y aportar flexibilidad al sistema. Argentina puede capitalizar esas lecciones aprendidas y convertir esta tendencia en un estándar competitivo para sus nuevos proyectos.
Esto no es solo sostenibilidad: es estrategia industrial. La transición energética global aumentará de forma drástica la demanda de cobre, litio y otros minerales críticos, pero también exigirá que esos minerales se extraigan con huellas de carbono cada vez menores y mediante esquemas energéticos seguros y competitivos.
Nuestra cordillera tiene la oportunidad de ser mucho más que una reserva de minerales para el mundo: puede transformarse en una auténtica plataforma de innovación energética para la minería del futuro.
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