
José Adolfo Larregain, arzobispo de Corrientes, recibió este jueves a integrantes de organizaciones vecinales que impulsan medidas de prevención en el puente General Belgrano. Monseñor respaldó la propuesta de instalar una estructura que impida nuevos intentos de suicidio y habló sobre una realidad que, según advirtió, se agravó en los últimos años.
Jueves 27 de Agosto de 2026 - Actualizada a las: 18:29hs. del 27-08-2026
El arzobispo de Corrientes José Adolfo Larregain, recibió a integrantes del Foro de Organizaciones Vecinales que promueven medidas de prevención en el puente General Belgrano, ante los reiterados episodios de personas que llegan al lugar con intenciones de quitarse la vida.
Durante el encuentro, los representantes del espacio presentaron la propuesta de instalar una malla u otra estructura de protección que dificulte el acceso a zonas desde donde se producen estos hechos. Larregain valoró la iniciativa y confirmó el respaldo del Arzobispado. “Es algo que se pueda construir que evite que tanta gente tome esa decisión fatal”, expresó.
El arzobispo consideró que se trata de una propuesta posible y necesaria frente a una problemática que, según advirtió, no se limita a Corrientes. “Es una idea muy buena y por eso, como Iglesia, como institución y Arzobispado, hemos apoyado esta idea, también como otras instituciones que la avalan”, señaló.
Preocupación que atraviesa a toda la región
Larregain sostuvo que la cantidad de suicidios se convirtió en una preocupación regional y recordó que la problemática fue uno de los temas abordados durante un encuentro de diócesis de frontera realizado en Itatí. “Es una realidad que nos supera a nosotros, es de la región y me atrevería a decir del mundo”, afirmó.
El arzobispo señaló que, en los últimos años, la situación se profundizó. “En la región, la cantidad de suicidios después de la pandemia se ha incrementado muchísimo”, sostuvo.
Para Larregain, detrás de cada situación hay múltiples factores. Mencionó los problemas laborales, las dificultades económicas, las adicciones y, especialmente, la falta de contención. “Muchas de las personas que toman esa decisión, si tuviesen a alguien con quien hablar, con quien compartir lo que están viviendo o lo que les está pasando, muchas de ellas no tomarían esa decisión”, expresó.
En ese sentido, consideró que la falta de perspectivas puede convertirse en un factor de riesgo, sobre todo cuando una persona atraviesa una situación de desborde en soledad. “Un problema de pareja puede terminar siendo el disparador de toda una situación que ya viene de desborde. Tal vez, si se puede hablar con alguien y compartir, se puede encontrar una salida o resolver de otra manera”, planteó.
El reclamo por una respuesta institucional
Larregain también hizo foco en la necesidad de fortalecer las respuestas frente a los problemas de salud mental y las situaciones sociales que atraviesan muchas familias. “Esto hace referencia a la salud mental, a la situación que vive nuestra gente, a necesidades básicas insatisfechas. Son muchas cosas que hay que resolver y el Estado tiene un compromiso fundamental en esto”, afirmó.
Además, remarcó: “No solo es la pérdida del ser querido, es también todo lo que queda, todo lo que deja, y eso también hay que acompañarlo”, sostuvo.
El arzobispo consideró: “Son múltiples factores que influyen en estas realidades. Lo espiritual también es algo que contiene y da sentido a muchos aspectos de la vida que humanamente no son comprensibles”, señaló.
“No podemos decir que estamos mejores”
Sobre el escenario social que observa en el país, Larregain reflexionó: “Yo veo mucha incertidumbre, mucho dolor, veo también ansiedad por las situaciones que se viven, pero veo también decepción. Hay mucha decepción también en la gente”.
Según explicó, esa percepción está vinculada con las expectativas que no se concretaron y con una realidad que, a su entender, no produjo mejoras para una parte importante de la población.
“La realidad muestra que mucho de lo que se proyectó no se ha hecho realidad. El cambio y la transformación ha perjudicado a muchísima gente. No podemos decir que estamos mejores”, afirmó.
Para el arzobispo, esa falta de perspectivas se expresa en distintos aspectos de la vida cotidiana. “Tal vez no podemos hablar de una angustia colectiva, pero sí de la suma de angustias individuales. Eso puede medirse en el estado de ánimo de la gente, en la violencia, en las reacciones y en las cosas que pasan”, sostuvo.
Y agregó: “Hay muchos emergentes que hay que tener en cuenta y que son indicadores de realidades más profundas”.
Frente a este escenario, Larregain planteó que la Iglesia debe acompañar a quienes atraviesan situaciones difíciles y evitar la indiferencia. “La misión de la Iglesia es tratar de sembrar esperanza, tratar de sostener para que tengamos horizontes más amplios, conservar la cultura del encuentro, la fraternidad y la solidaridad”, expresó.