
En 1965 la revista estadounidense Time puso en tapa la imagen de John Maynard Keynes. Fue la primera vez que el medio publicó la ilustración principal con el rostro de alguien no vivo.
En 1965 la revista estadounidense Time puso en tapa la imagen de John Maynard Keynes. Fue la primera vez que el medio publicó la ilustración principal con el rostro de alguien no vivo. El economista británico había fallecido nueve años atrás exhausto tras las negociaciones entre Estados Unidos y su país Inglaterra o lo que había quedado de aquel Imperio Británico.Estados Unidos era la principal potencia mundial. E Inglaterra su deudor. Time sostuvo en aquel artículo que el bienestar de Norteamérica era gracias a haber adoptado políticas keynesianas. Y citaba una frase del economista Milton Friedman que se hizo muy famosa y que luego salió a decir (Friedman) que no había dicho tal cosa echándole la culpa a los periodistas: “Somos todos keynesianos ahora” publicó Time en boca de Friedman quizá solo superada por Richard Nixon unos años más tarde cuando dijo “Ahora soy keynesiano” (Nixon también arremetió contra los periodistas pero por un escándalo algo mayor).El artículo de Time describió el desarrollo de las ideas de Keynes la decisión de Washington de adoptar sus ideas durante la Gran Depresión y ponderó la figura de Alvin Hansen un economista y profesor norteamericano que desarrolló las ideas del inglés en Estados Unidos. Durante las administraciones de los presidentes Roosevelt y Truman Hansen tuvo un importante papel en el diseño de las políticas económicas. También tuvo una contribución destacada de Hansen a la teoría económica al elaborar junto a John Hicks un economista británico el llamado Modelo IS-LM también conocido como Síntesis de Hicks-Hansen un esquema que presentó las relaciones entre la inversión-ahorro (IS) y la oferta monetaria (LM) ilustrando en el pizarrón como las políticas monetarias y presupuestarias pueden influir sobre el PIB. Toda una generación de economistas aún viva se formó con el IS-LM.La controversia entre Keynes y Friedman podría resumirse de este modo: mientras que para los seguidores del primero una economía en depresión podría estimularse vía un mayor gasto público para los segundos la herramienta más efectiva es volcar una suficiente cantidad de oferta monetaria y no de gasto público tal cual no había hecho la Reserva Federal entre agosto de 1929 y marzo de 1933 (cayó la base monetaria más de un tercio arrastrando la economía hacia el desempleo masivo).En las últimas semanas hubo decisiones de política económica de economistas críticos en su momento de Keynes que ahora parecieran rescatar su accionar. El ministro de Economía Luis Caputo habló de “justicia social” a la hora de anunciar que los bancos podrán fondearse con el FGS de la ANSeS para ofrecer créditos hipotecarios con una tasa máxima. El Gobierno dio a entender además que buscaría poner un piso al salario ($ 1.070.000). Todo esto sumado a que en el primer semestre del año aumentaron los subsidios e YPF aplicó un mecanismo para evitar el traspaso de los costos de la guerra a los combustibles.El plato fuerte de la semana se sirvió en Estados Unidos. ¿Qué sucedió allí? La semana anterior el secretario del Tesoro de Estados Unidos Scott Bessent prometió aumentar las compras de bonos del Tesoro a largo plazo para bajar las tasas de interés o el rendimiento de mercado de deuda de Estados Unidos que había llegado a un récord en dos décadas. Si aumenta la demanda de títulos el precio de los activos sube y la tasa baja (ambos van en dirección contraria). De este modo la medida de Bessent ayudaría a contener los costos de financiamiento de las empresas y podría impulsar el crecimiento económico. Claro ello si funciona. La deuda nacional de EE.UU. superó los US$ 40 billones según se supo hace diez días atrás.La medida ‘intervencionista’ de Bessent (casi como estableció un precio mínimo o precio sostén) generó una respuesta desde Wall Street y nada menos que de Stanley Druckenmiller un multimillonario inversor que fue su mentor trabajando junto a George Soros al comienzo de su carrera. Druckenmiller sugirió en una columna en The Wall Street Journal que su antiguo pupilo está cometiendo un error al intervenir en el mercado de bonos.“Los gobiernos que defienden precios contrarios a los fundamentos siempre pierden” escribió Druckenmiller.Druckenmiller Soros y Bessent se volvieron conocidos en Wall Street durante los noventa por realizar grandes apuestas en divisas y mercados de bonos extranjeros. Algunos de sus mayores éxitos se produjeron cuando apostaron contra la capacidad de gobiernos y bancos centrales para luchar contra la corriente del sentimiento del mercado.Pasaron décadas operando bajo una premisa sencilla: los mercados reúnen información que ningún banco o comité de expertos posee y los precios son la forma en que esa información llega a quienes toman las decisiones escribió Druckenmiller. “El rendimiento de los bonos del Tesoro de largo plazo es el precio más importante del mundo. También es el único elemento de disciplina fiscal que le queda a EE.UU.”.¿Y se viene otra tapa de Times con Keynes en la portada y una frase de Bessent que diga? “Somos todos keynesianos”.