
Antes de convertirse en uno de los escenarios culturales más emblemáticos de Corrientes, el predio tuvo un convento, un cementerio y funcionó como hospital durante la Guerra de la Triple Alianza. El abogado y escritor Eduardo “Kito” Galiana reconstruyó relatos de tumbas profanadas, apariciones y un encuentro personal que vivió en 1964.
Domingo 30 de Agosto de 2026 - Actualizada a las: 11:19hs. del 30-08-2026
Hay lugares cuya historia está escrita en documentos, fotografías y archivos. Y hay otros donde, además, sobreviven relatos que nadie termina de explicar. El Teatro Oficial Juan de Vera pertenece, para Eduardo “Kito” Galiana, a esa segunda categoría.
Abogado, escritor e investigador de Mitos, Leyendas y Aparecidas de Corrientes, Galiana recopiló durante años historias vinculadas con algunos de los edificios más antiguos de la ciudad. Entre todos ellos, el Vera ocupa un lugar especial: debajo de su historia cultural aparecen relatos de un antiguo convento, un cementerio, tumbas saqueadas, soldados agonizando durante una guerra y figuras que, según distintos testimonios, todavía recorren sus pasillos.
Pero una de las historias más inquietantes la vivió el mismo. Corría 1964 y Galiana era un joven estudiante que participaba de una obra teatral en el Teatro Vera. En aquella oportunidad interpretaba a uno de los integrantes del séquito de Oberón y, para caracterizar al personaje, debía cubrirse completamente con témpera verde.
Terminada la función, se dirigió hacia los sanitarios para quitarse la pintura. El sector estaba en penumbras.
En uno de los pasillos se cruzó con un hombre de aspecto distinguido. Vestía con una elegancia que parecía pertenecer a otra época: ropa formal antigua, levita y jabot.
El desconocido lo miró y lo saludó con absoluta cortesía.
Galiana respondió el saludo y continuó caminando.
Pero poco después volvió a salir al pasillo. Quiso ver hacia dónde había ido aquel hombre.No había nadie.
Según relató, esperó alrededor de quince minutos en la zona que conducía hacia los camarines. El hombre no apareció. No había explicación para su desaparición. Se había esfumado.
El episodio generó tal impresión entre quienes formaban parte del elenco que, desde entonces, varios actores decidieron no permanecer solos, ni cambiarse sin compañía en aquella sección del teatro.
Antes del Vera, un convento y un cementerio
La historia del terreno donde hoy se levanta el teatro se remonta mucho antes de la construcción del edificio. Según los relatos recopilados, en ese lugar funcionaron antiguamente el convento, o convictorio, y la iglesia de los frailes dominicos. El complejo contaba también con su propio cementerio.
Con el paso del tiempo, el antiguo edificio se derrumbó. Y allí comenzó una de las historias más oscuras vinculadas con el lugar.
Según la reconstrucción relatada en las obras, los restos humanos que se encontraban en el cementerio no habrían sido trasladados correctamente. Algunos habrían terminado en lagunas cercanas. Otros huesos, junto con lápidas rotas, epitafios y restos de las antiguas tumbas, habrían sido utilizados como relleno o mezclados entre los materiales y escombros de las construcciones posteriores. Pero no fue lo único.
Durante las tareas de demolición, varios obreros habrían saqueado las tumbas. Anillos, pulseras, monedas, espadas y antiguos relojes fueron retirados de los sepulcros. Entre esos objetos se encontraban piezas conocidas popularmente como “viento de oro”.
Cabe señalar que la profanación de tumbas fue históricamente considerada un delito grave y que antiguos códigos incluso contemplaban severos castigos para quienes violaban lugares destinados al descanso de los muertos.
La caja de mármol y el funcionario que perdió la razón
Entre las historias surgidas durante la demolición del antiguo predio hay una que, con el tiempo, adquirió características de leyenda. Los obreros habrían encontrado una caja de mármol enterrada en el lugar. En un principio creyeron que se trataba de una tumba.
Sin embargo, en su interior encontraron libros, escritos antiguos, joyas y monedas de oro. Según el relato recogido por Galiana, un funcionario público se apropió de aquella caja y de su contenido. Después de ese episodio, comenzó una sucesión de desgracias.
La historia sostiene que el hombre perdió a su familia, perdió la cordura y terminó sus días encerrado en un hospicio. Allí, según la leyenda, gritaba aterrado por las visitas de espíritus que le reclamaban aquello que había sido retirado del antiguo cementerio. La historia nunca dejó de circular entre quienes conocen el pasado del predio.
Un hospital de sangre en tiempos de guerra
Décadas después de la historia del convento y el cementerio, el lugar volvió a quedar atravesado por otro período de dolor. Durante la invasión paraguaya de 1865 y en el contexto de la Guerra de la Triple Alianza, el edificio habría funcionado como un hospital de sangre.
Allí eran atendidos oficiales y soldados heridos de los ejércitos argentino, uruguayo, brasileño y paraguayo.
Las escenas eran dramáticas. Hombres gravemente heridos agonizaban mientras eran atendidos en medio de los gritos y el sufrimiento que dejaba la guerra.
Una parte importante de las tareas de cuidado recaía en las llamadas “soldaderas”: esposas, novias, amantes y prostitutas que acompañaban a las tropas y permanecían cerca de los combatientes.
La tradición sostiene que, cuando el teatro fue reconstruido, se reutilizaron materiales antiguos vinculados con aquella etapa, en lugar de reemplazarlos por otros nuevos.
Desde la mirada del escritor, esa decisión habría contribuido a alimentar la idea de que el dolor y el sufrimiento de aquellos años quedaron impregnados en las paredes y los cimientos.
Es una interpretación que forma parte del universo de relatos y creencias vinculados con el edificio, donde la historia y la tradición oral se mezclan permanentemente.
La bailarina que aparece en los balcones
Las historias del Vera no se limitan a hombres vestidos de levita. Uno de los relatos que llegó a Galiana fue contado por un antiguo sereno del teatro. El trabajador le confesó que, cuando caía la noche y el edificio quedaba vacío, prefería encerrarse en su habitación ubicada en la parte superior.
No quería recorrer solo los pasillos. Decía sentir temor por las presencias que, según aseguraba, aparecían en distintos sectores. Entre ellas estaba la figura de una antigua bailarina y profesora de ballet.
Según el relato, la mujer podía ser vista en algunos de los balcones superiores del teatro. Una figura silenciosa que aparecía cuando el edificio quedaba a oscuras.
Voces, figuras y destellos en la oscuridad
Con el tiempo, artistas y trabajadores también fueron sumando sus propias historias. En algunos sectores del teatro se habla de voces que se escuchan cuando ya no hay nadie. Otros aseguran haber visto figuras conversando en la oscuridad de los camarines.
También existen relatos sobre destellos que aparecen en medio de la penumbra.
Según estas versiones, algunas de las presencias llevan joyas antiguas cuyos brillantes parecen encenderse y apagarse en los rincones oscuros, como pequeñas luces suspendidas en la noche.
La conexión con la Municipalidad y el elegante desconocido
El misterio, según estas historias, no termina en el edificio del teatro. La parte posterior del Vera mantiene una conexión territorial con el sector donde actualmente funciona la Municipalidad de Corrientes, ambos vinculados con el antiguo predio ocupado por los dominicos.
Galiana sostiene que allí también circulan relatos de trabajadores que, especialmente durante las tardes, escuchan ruidos extraños o evitan recorrer solos algunos sectores, entre ellos los sanitarios.
Y vuelve a aparecer una figura conocida. Un hombre elegante, vestido formalmente, que habría sido visto en distintas oportunidades. Algunos relatos lo identifican con el historiador Hernán Gómez.
Según una de las versiones recogidas por Galiana, Gómez habría perdido aquella propiedad en una noche de juego o “timba” en el Club Social. La historia del hombre elegante parece repetirse, entonces, en distintos puntos vinculados con aquel antiguo terreno.
El Teatro Juan de Vera es uno de los edificios más reconocidos de Corrientes por su historia artística y cultural. Pero alrededor de sus paredes también persiste otra memoria, construida con relatos que sobreviven al paso del tiempo.
Una memoria donde los documentos históricos conviven con la tradición oral y donde, para quienes creen en estas historias, algunas presencias todavía no abandonaron el lugar.