
Soberanía, realismo y los desafíos geopolíticos de aplicar la analogía china en el Atlántico Sur. Por Adrián Ojeda. Lic. en Relaciones Internacionales
Martes 08 de Septiembre de 2026 - Actualizada a las: 19:43hs. del 08-09-2026
En una entrevista concedida al medio británico The Economist, el presidente Javier Milei sugirió aplicar el "modelo Hong Kong" como hoja de ruta para la restitución de las Islas Malvinas.
Aunque el planteo busca presentar a la Argentina como un actor pragmático y romper con un juego diplomático estancado hace décadas, la analogía con el acuerdo sino-británico de 1984 choca de frente con la realidad histórica. Mientras que la devolución de Hong Kong fue impulsada por el vencimiento ineludible del arrendamiento de los "Nuevos Territorios" en 1997, la causa Malvinas carece de un "tic-tac" jurídico o de una obligación legal que obligue a Londres a sentarse a negociar.
A la ausencia de un plazo formal se suma una asimetría de poder que invalida la comparación. En el siglo XX, China representaba un actor geopolítico insoslayable para la Corona británica, capaz de inclinar la balanza en el Sudeste Asiático.
En el Atlántico Sur, en cambio, la correlación de fuerzas favorece ampliamente el statu quo británico. Además, la estrategia oficial omite el verdadero cerrojo de la disputa: el principio de autodeterminación. Para el Reino Unido y buena parte de los foros internacionales, la voluntad de los isleños constituye un muro de contención infranqueable, mientras que el costo de mantener las islas resulta marginal frente al valor político y estratégico que representa su posición marítima.
Desde las Relaciones Internacionales, una negociación internacional solo prospera cuando ambos actores perciben que los costos de no negociar superan los beneficios de mantener las cosas como están.
El giro diplomático del gobierno nacional cumple una función de cara al frente externo al descartar definitivamente la vía militar, pero en el plano interno enfrenta el desafío de ofrecer respuestas a una sociedad que difícilmente aceptaría un esquema transitorio que no garantice la soberanía plena.
En conclusión, la diplomacia es el arte de lo posible, pero la política internacional se guía por intereses concretos y no por analogías históricas. El "modelo Hong Kong" funciona actualmente como un golpe de efecto comunicacional, pero no como una hoja de ruta viable. Sin un cambio en el escenario global o un incremento en los costos de la contraparte, la propuesta presidencial permanece atrapada en el terreno de lo simbólico.