
Los datos de la caída de la construcción siguen dando que hablar en Argentina y preocupa la salida de circulación de empresas, además de la reconversión o descapitalización de otras. Gerardo Fernández, Presidente de la Confederación de Pymes Constructoras de la República Argentina, contó en Radio Sudamericana que la preocupación se extiende a otros sectores, especialmente en el carácter movilizador de la economía de la infraestructura pública.
Viernes 11 de Septiembre de 2026 - Actualizada a las: 12:12hs. del 11-09-2026
La industria de la construcción atraviesa un escenario crítico, con una caída acumulada cercana al 40% en los últimos tres años y una capacidad ociosa instalada superior al 50% en todo el país. Así lo advirtió Gerardo Antonio Fernández, presidente de la Confederación de PyMES Constructoras de la República Argentina.
El dirigente cuestionó que los últimos indicadores interanuales puedan mostrar una imagen completa de la situación del sector, debido a que la comparación se realiza contra períodos que ya habían registrado fuertes retrocesos.
“Ya hace tres años hubo una caída del 40% de toda la industria. Después se profundizó, mejoró, se volvió a profundizar. Hoy tenés una capacidad ociosa instalada por encima del 50% inactiva en todo el país”, explicó Fernández.
En ese sentido, consideró que una baja interanual del 4,6% no refleja la dimensión del problema, ya que la actividad permanece estancada respecto de los niveles alcanzados años atrás. “No logramos despegar y seguimos manteniendo un proceso de caída o llegamos, en el caso de neutralidad, en el peor de los escenarios”, sostuvo.
Más de 2.700 pymes constructoras dejaron de operar
Uno de los datos más preocupantes señalados por Fernández está relacionado con la cantidad de empresas que desaparecieron o modificaron su actividad.
Según estadísticas oficiales citadas por el dirigente, más de 2.700 empresas vinculadas con la construcción fueron dadas de baja, sobre un universo que llegó a ubicarse entre 23.000 y 24.000 compañías en su máximo histórico. Esto representa aproximadamente un 10% del universo de empresas del sector.
A la par de la reducción en la cantidad de firmas, Fernández describió un proceso de fuerte descapitalización de las pymes constructoras, provocado por el aumento sostenido de los costos y la disminución de los ingresos. “Hay un sistemático aumento de los costos con una disminución de los ingresos. Esto significa descapitalización”, explicó.
Obra pública: “Las provincias y los municipios han tratado de absorber esa obra”
Fernández dividió el análisis del sector en dos grandes componentes: la infraestructura pública y la inversión privada. Respecto de la obra pública, cuestionó que con la llegada del actual Gobierno nacional se hayan suspendido contratos y dejado de pagar obras en ejecución o ya ejecutadas.
Según explicó, las provincias y los municipios intentaron continuar algunos de esos proyectos, aunque sus posibilidades financieras son considerablemente menores a las de la Nación. “Esas obras han ido avanzando en los casos en los que han podido muy despacito y eso también ha justificado el mantenimiento y la no caída mayor, pero sí la baja sustancial de la inversión”, señaló.
El dirigente defendió además el rol de la inversión pública y remarcó que su impacto excede la construcción de una obra determinada. Para Fernández, infraestructura pública significa también redes de agua y cloacas, electricidad, gas, rutas, escuelas y hospitales. Por eso, sostuvo que dejar de invertir puede generar consecuencias económicas y sociales a mediano y largo plazo.
También está frenada la inversión privada
La construcción privada tampoco logra compensar la caída de la obra pública. Fernández señaló distintos factores que explican el freno de las inversiones, entre ellos el elevado costo del metro cuadrado medido en dólares, la falta de confianza en el escenario macroeconómico y político y la decisión de muchas personas de resguardar sus ahorros en moneda extranjera.
El resultado, según describió, es un mercado con oferta de inmuebles pero con dificultades para encontrar compradores. “Hay oferta, pero no hay quien los compre. Eso hace que ese desarrollador no siga invirtiendo”, afirmó.
De esta manera, tanto la infraestructura pública como la inversión privada se encuentran en niveles bajos, sin que por el momento aparezca un mecanismo capaz de generar una recuperación sostenida.
Fernández rechazó que los privados puedan reemplazar al Estado
Consultado sobre la posibilidad de que la inversión privada asuma el desarrollo de infraestructura que deje de financiar el Estado, el titular de la Confederación de PyMES Constructoras fue contundente. “Eso no existe, eso no es real”, respondió, y sostuvo que pueden existir concesiones sobre determinados servicios o proyectos rentables, pero que no resulta viable trasladar toda la infraestructura pública al sector privado.
Como ejemplo, mencionó obras de agua en zonas alejadas y servicios destinados a comunidades que no necesariamente representan una oportunidad de rentabilidad para una empresa privada. Para Fernández, el Estado tiene la responsabilidad de establecer prioridades y garantizar infraestructura básica que permita el desarrollo y el bienestar de la población.
El impacto de la construcción sobre toda la economía
El empresario también destacó el efecto multiplicador que tiene la actividad de la construcción sobre otros sectores. Cuando se inicia una obra, explicó, no solamente se beneficia la empresa contratista. También aumenta la demanda de cemento, áridos, hierro, madera, vidrio, combustible, transporte y mano de obra.
A su vez, los trabajadores consumen en comercios locales, lo que genera movimiento en rubros como alimentos, indumentaria y calzado. “Cuando usted mueve la industria de la construcción, se mueve absolutamente todo lo que a usted se le pueda ocurrir”, sostuvo Fernández.
Pymes constructoras, entre la descapitalización y la espera
El deterioro del sector tiene un impacto particularmente fuerte en las pequeñas y medianas empresas. Fernández explicó que, a diferencia de las grandes compañías, las pymes tienen menos margen para sostener estructuras improductivas durante períodos prolongados.
Además, destacó que la mano de obra especializada constituye uno de sus principales activos. Capacitar a un obrero, plomero, electricista o montajista requiere tiempo y dinero, por lo que muchas empresas intentan conservar sus equipos incluso cuando la actividad cae.
Para hacerlo, algunas terminan desprendiéndose de bienes y activos acumulados durante años. “Termina vendiendo un departamento, una casa, un camión, una retro, maquinaria, tratando de subsistir de alguna manera”, describió Fernández.
El panorama, según el dirigente, es el de un sector que permanece a la espera de un cambio en las condiciones económicas, mientras enfrenta una reducción de empresas, una elevada capacidad ociosa y un proceso de descapitalización que continúa afectando especialmente a las pymes constructoras.