
Porque resulta que ahora la pregunta nacional no es cuánto vale el kilo de pan, cuánto aumenta la luz o cuándo vamos a llegar a fin de mes. No. La pregunta es mucho más sencilla: ¿dónde está el oro argentino?
Y parece que ni Google Maps se anima a contestar. El Gobierno dice que parte del oro fue trasladado al exterior. Bausili explicó que está bajo custodia del Banco de Pagos Internacionales, en Suiza. Perfecto. Suiza.
País de los relojes, los chocolates, los bancos… y aparentemente ahora también de los lingotes argentinos.
Pero aparece la oposición y dice: “No, no, pará… el oro está en Londres”. Ah, bueno.
Entonces tenemos un nuevo juego nacional: “¿Dónde está el lingote?” Suiza o Londres. Londres o Suiza.
Y mientras tanto el argentino mirando la pantalla como si estuviera siguiendo una búsqueda del tesoro de Discovery Channel.
La diferencia es que en este caso el tesoro lo pagamos nosotros.
Y acá aparece un pequeño detalle que no es tan pequeño: la Auditoría General de la Nación dice que no pudo verificar completamente la trazabilidad.
Traducido al castellano de la calle: “¿Me pueden mostrar los papeles?”
Porque cuando hablamos de un paquete de yerba, bueno… si desaparece comprás otro.
Cuando hablamos de miles de millones de dólares en reservas de oro, conviene saber dónde está hasta el último gramo. Imaginate llamar al Banco Central: —Hola, vengo a buscar mi oro. —¿Tiene turno? —Sí. —¿Dónde vive? —Argentina. —Ah… entonces el oro está en Suiza. —¿Y físicamente? —Pregúntele a Londres. ¡Maravilloso! Tenemos un oro internacional.
El dueño está en Argentina, el custodio puede estar en Suiza, la discusión está en Londres y la denuncia está en Tribunales.
Lo único que falta es que los lingotes tengan pasaporte europeo.
Ahora bien, cuidado: que el oro esté custodiado en Londres no significa que Inglaterra se lo haya robado. Londres es un centro mundial de custodia y negociación de metales preciosos.
Pero tampoco significa que podamos responder “está por ahí afuera” y listo.
Porque estamos hablando de reservas de la Argentina.
Y cuando hay una denuncia contra el presidente del Banco Central, lo razonable es una sola cosa: papeles. No discursos. No chicanas. No “confíen en nosotros”. Papeles.
Porque la confianza está buenísima para una pareja. Para administrar miles de millones de dólares, prefiero un certificado.
Y acá aparece una contradicción deliciosa para el humor político. Mientras el Gobierno habla de soberanía sobre Malvinas, la oposición pregunta si parte del oro argentino está físicamente en Londres. Es una situación casi cinematográfica: “Las Malvinas son argentinas… y el oro… bueno, estamos averiguando.” Imaginate al lingote: —¿De dónde sos? —Argentino. —¿Dónde vivís? —En Londres. —¿Y quién te cuida? —Un suizo. —¿Y tu dueño? —Un argentino. —¿Y tu papá? —El Banco Central. ¡Ni un genealogista puede resolver este árbol familiar! Pero hay algo mucho más serio detrás de todo esto. No alcanza con saber que el oro “existe”. Hay que saber dónde está, quién lo custodia, qué derechos tiene el custodio, qué garantías existen, qué contratos se firmaron y quién tomó la decisión. Porque si todo está en regla, fantástico. Muéstrenlo. Y si no está en regla, que la Justicia determine responsabilidades. Pero que alguien nos explique dónde está el bendito oro. Porque en Argentina ya tuvimos dólares debajo del colchón, bolsos, cajas de seguridad, cuevas financieras y plata que aparece y desaparece. Ahora tenemos lingotes haciendo turismo internacional. Y mientras los funcionarios discuten si el oro está en Suiza o Londres, hay millones de argentinos haciendo otra búsqueda mucho más difícil: ¿Dónde está el sueldo que me alcanzaba hasta fin de mes? Ese sí que desapareció. Y de ese… lamentablemente… nadie sabe dónde está.