
La cabo Mariela Ayala rompió el silencio tras sufrir una brutal paliza por parte de su expareja y un acoso por parte de su jefe. Criticó la lentitud judicial, la imputación por
Miércoles 16 de Septiembre de 2026 - Actualizada a las: 18:44hs. del 16-09-2026
En una entrevista con Radio Sudamericana, Mariela Ayala, cabo de la Policía de Corrientes de Saladas, habló sobre lo que ocurrió esa noche donde fue victima de una brutal golpiza por parte de su ex pareja.
La mujer formalizó dos denuncias ante la fiscal Corvalán: una contra su ex, Lorenzo Antonio Fiol, por violencia de género, y otra contra su exjefe inmediato dentro de la fuerza policial, Mario Abel Amaro, por el delito de abuso de autoridad.
La cabo explicó los estremecedores detalles del ataque que sufrió al finalizar un encuentro social. “Estamos en un encuentro, y ya finalizado, cuando mi jefe se propasó conmigo, mi pareja lo vio, primero empezó a atacar a mi ex jefe y pensó que yo tenía algo e intentaba calmarlo; cuando se va mi jefe, me empieza a pegar a mí”, relató la mujer.
La agresión continuó de camino a su domicilio e incluso dentro de la vivienda frente a sus hijos: “Yo me acuerdo todo lo que pasó, que me pegó y me desmayé. Estaba sacado, con mucha ira, bronca, no lo podía calmar; termine con el rostro desfigurado”.
La agente señaló falta de avances en el expediente y en la leve imputación impuesta por el Ministerio Público Fiscal. “Desde la denuncia a ambos, todavía no pasó nada, está muy lenta la justicia”, aseveró Ayala, para luego criticar con dureza la encuadre legal dispuesto por los investigadores: “La abogada me dijo que la carátula tiene como causa ‘lesiones leves’, me tenía que matar para que sea grave”.
Asimismo, la denunciante expresó su indignación por la situación de libertad de la que goza su agresor, quien solo permaneció demorado pocas horas. “Mi agresor está libre y yo pido justicia para que pague por lo que hizo; él está imputado, pero cuando me realizó la agresión pagó 300 mil pesos y salió”, recriminó la oficial sobre la soltura concedida a Fiol, quien actualmente registra antecedentes previos por episodios de violencia denunciados por la misma víctima.
El impacto del hecho dañó significativamente la dinámica familiar y la salud de la uniformada, quien debió mudarse a la casa de su madre para resguardarse. “Quedé con secuelas, dolores en las costillas, y por parte psicológica tengo que tener el alta de la psicóloga para volver a trabajar; mis hijos tampoco quieren ver a su papá y están bajo terapia igual que yo”, detalló Ayala.
En cuanto al aspecto laboral, mientras su exjefe fue apartado preventivamente del cargo, la cabo aguarda el alta médica para reincorporarse al servicio activo al sostener que “volver a trabajar es una forma de distraer la mente”, al tiempo que exige que se garantice el cumplimiento efectivo de la orden perimetral concedida a su favor.