
Un informe del IERAL sostiene que el movimiento responde principalmente al contexto internacional y descarta, por ahora, un salto devaluatorio. Sin embargo, advierte sobre la mayor demanda de cobertura y la intervención del Banco Central.
Un informe del IERAL sostiene que el movimiento responde principalmente al contexto internacional y descarta, por ahora, un salto devaluatorio. Sin embargo, advierte sobre la mayor demanda de cobertura y la intervención del Banco Central.
Después de cinco meses de relativa estabilidad, el dólar volvió a moverse y encendió las primeras luces de atención en el mercado. El tipo de cambio mayorista alcanzó los $1.492, con una suba del 5,8% desde fines de mayo, mientras que el contado con liquidación avanzó hasta los $1.573.
¿El aumento representa una señal de alarma? Para el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), la respuesta es, por ahora, negativa. El movimiento sería más parecido a un reacomodamiento frente a un escenario internacional menos favorable que al comienzo de una nueva crisis cambiaria.
Roberto Rojas: “Este tipo de política de banda flotante que tiene el Gobierno nos lleva a una confusión”
El informe elaborado por Maximiliano Gutiérrez, responsable del área Monetaria y Cambiaria del instituto, destaca que el dólar mayorista todavía se encuentra un 18% por debajo del techo del esquema de bandas, ubicado en $1.815. Además, medido en términos reales, el tipo de cambio apenas regresó a los valores de marzo y continúa un 10,3% por debajo de los niveles de comienzos de año.
Desde esa perspectiva, el avance de la cotización no implicaría un quiebre de tendencia. Por el contrario, una mayor flexibilidad cambiaria puede funcionar como amortiguador frente a los shocks internacionales y evitar que toda la presión externa recaiga sobre las reservas o las tasas de interés.
El principal factor detrás de la suba no estaría dentro de la economía argentina, sino en el fortalecimiento internacional de la moneda estadounidense.
Desde mediados de mayo, el Dollar Index, que mide el desempeño del dólar frente a monedas como el euro, el yen y la libra esterlina, avanzó un 3,2%. El movimiento también afectó a las monedas de la región: el real brasileño se depreció un 5,3%, al pasar de 4,91 a 5,15 reales por dólar.
La presión se originó en las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal. Los inversores comenzaron a descontar que las tasas de interés estadounidenses permanecerán elevadas durante más tiempo e incluso asignan una probabilidad cercana al 50% a una nueva suba de 25 puntos básicos desde septiembre.
Ese escenario elevó el rendimiento de los bonos del Tesoro norteamericano y provocó una salida de capitales de los mercados emergentes hacia activos considerados más seguros. El bono estadounidense a diez años pasó de rendir 4,42% anual a mediados de mayo a 4,55% en los primeros días de julio.
En la Argentina, esa dinámica redujo el atractivo relativo de las inversiones en pesos. Ante el mayor rendimiento internacional y el avance de la cotización local, algunos inversores desarmaron posiciones en moneda nacional para comprar dólares o instrumentos de cobertura.
A esa demanda se sumaron factores puntuales, como la compra de divisas por parte de empresas energéticas para girar dividendos y el cobro del medio aguinaldo, que suele elevar la dolarización minorista durante junio y julio.
Las reservas del Banco Central alcanzaron el nivel más alto en la era Milei
Uno de los argumentos utilizados por el IERAL para relativizar la preocupación es que el Banco Central no interrumpió su proceso de acumulación de reservas.
La entidad monetaria llevaba 123 ruedas consecutivas con compras en el mercado cambiario. Durante junio adquirió USD 1.418 millones y en las primeras jornadas de julio sumó otros USD 256 millones.
En lo que va del año, la fase compradora acumuló USD 11.430 millones, por encima del récord anterior de USD 11.100 millones registrado entre septiembre de 2006 y mayo de 2007. Sin embargo, el ritmo comenzó a desacelerarse: el promedio diario bajó de USD 100 millones durante los primeros cinco meses del año a USD 64 millones en junio y el inicio de julio.
El dato muestra que el Banco Central sigue incorporando divisas, aunque enfrenta una mayor demanda privada y un menor flujo de oferta que durante la etapa más fuerte de la liquidación agroexportadora.
Las señales amarillas que mira el mercado
Aunque el informe descarta un escenario de alarma inmediata, también identifica algunas señales que deberán ser monitoreadas.
La primera es la creciente intervención oficial para moderar la suba del dólar. Durante junio, el Banco Central habría aumentado su participación en el mercado de futuros y vendido bonos vinculados a la evolución del tipo de cambio.
El volumen negociado de títulos dollar linked alcanzó en una jornada los USD 1.140 millones. La utilización de estos instrumentos fue tan intensa que el Banco Central debió recibir USD 2.000 millones en letras vinculadas al dólar mediante un canje dentro del sector público para recomponer su capacidad de intervención.
Esta estrategia permite ofrecer cobertura cambiaria sin vender directamente reservas. Sin embargo, el IERAL advierte que el mecanismo no reemplaza la necesidad de contar con un stock suficiente de reservas líquidas, estimadas actualmente en torno a los USD 25.000 millones.
En los hechos, la autoridad monetaria estaría aplicando una flotación administrada: deja que el dólar se mueva, pero interviene cuando considera que la velocidad de la suba puede alterar las expectativas.
La segunda señal es el aumento de la demanda de cobertura. El interés abierto en futuros creció desde USD 2.790 millones a fines de mayo hasta USD 3.650 millones al 7 de julio. Si bien continúa en niveles moderados en términos históricos, el incremento muestra una mayor preocupación de empresas e inversores frente al rumbo cambiario.
Qué espera el mercado para diciembre
Por el momento, los contratos de dólar futuro no anticipan una devaluación brusca. Las posiciones con vencimiento en diciembre proyectan una cotización cercana a los $1.642, con una tasa implícita efectiva anual del 22%.
De cumplirse esa trayectoria, el mercado estaría esperando un ajuste gradual del tipo de cambio durante el segundo semestre y no un salto discreto.
Consultoras esperan un dólar de $1.673 para diciembre
La evolución dependerá, en parte, de lo que ocurra en Estados Unidos. Si la actividad y el empleo muestran una mayor desaceleración y la inflación continúa moderándose, la Reserva Federal podría flexibilizar su política monetaria. Eso reduciría la fortaleza global del dólar y aliviaría la presión sobre las monedas emergentes.
En cambio, si la economía estadounidense se mantiene firme y las tasas siguen elevadas, la demanda global de dólares podría prolongarse y mantener la presión sobre el mercado argentino.
¿Hay motivos para preocuparse?
El avance del tipo de cambio no parece, hasta ahora, el comienzo de una corrida ni la antesala de una devaluación abrupta. El dólar todavía se mantiene lejos del techo de la banda, el Banco Central continúa comprando reservas y los futuros descuentan un movimiento gradual.
Sin embargo, tampoco se trata de un fenómeno que pueda ser ignorado. La mayor dolarización de carteras, la intervención con futuros y bonos dollar linked y la desaceleración de las compras del Banco Central muestran que el equilibrio cambiario es ahora más exigente que durante los primeros meses del año.
La señal no es de alarma, pero sí de atención. La clave será determinar si el movimiento se estabiliza una vez superados los factores estacionales y se debilita el dólar internacional, o si la demanda de cobertura comienza a adquirir una dinámica propia dentro del mercado local.
Cachanosky sobre la gestión de Milei: "La base monetaria se multiplicó por 4 desde el 10 de diciembre de 2023"
Milei acelera la reforma del Banco Central y enfrenta el desafío de mostrar alivio antes de 2027
BCRA renovó Repos con bancos y pateó vencimientos hasta 2028
Cae el riesgo país, pero Luis Caputo enfrenta ruidos financieros y pone al BCRA a calmar al dólar