
Un modelo desarrollado por la Universidad de California en Riverside mostró que la rotación pausada e invertida del “gemelo” de la Tierra atrajo gradualmente al cuerpo rocoso que lo acompañaba en sus etapas iniciales
Lunes 21 de Septiembre de 2026 - Actualizada a las: 11:08hs. del 21-09-2026
Un estudio de la Universidad de California en Riverside, publicado en The Astrophysical Journal, plantea que Venus pudo haber destruido una antigua luna al atraerla lentamente hacia su superficie.
El análisis reconstruye la evolución de un hipotético satélite y concluye que la gravedad del planeta, junto con una rotación cada vez más lenta, habría podido llevarlo hasta el límite de Roche, donde se habría fragmentado antes de caer sobre Venus.
La investigación no demuestra que Venus haya tenido una luna, pero sostiene que, si llegó a formarse, su desaparición podría explicarse sin recurrir a un choque posterior con otro gran objeto.
A diferencia de la Tierra, cuyo satélite se aleja unos 3,8 centímetros por año, Venus gira muy despacio y en dirección contraria a la mayoría de los planetas del sistema solar.
Completa una vuelta sobre sí mismo cada 243 días terrestres. Esa condición modifica la relación gravitatoria con una luna y puede invertir el sentido de su migración orbital.
La lenta rotación habría arrastrado a la luna hacia Venus
En el sistema Tierra-Luna, la rotación terrestre transfiere parte de su energía al satélite. Por eso la Luna se aleja de nuestro planeta. En Venus, el escenario sería distinto: una luna situada dentro de la órbita sincrónica, la distancia en la que tarda lo mismo en girar alrededor del planeta que el planeta sobre sí mismo, perdería altura de forma gradual.
Los modelos del estudio indican que, con una rotación inicial lenta, un satélite podría caer hacia Venus en menos de un millón de años. Si el planeta hubiera rotado con mayor rapidez después de un gran impacto, la luna podría haberse alejado al principio, aunque la desaceleración posterior de Venus habría cambiado el proceso.
“La gravedad del planeta, combinada con su velocidad de rotación natural, provocó que la luna colapsara sobre él”, señaló Kane en la información difundida por la Universidad de California en Riverside.
La investigación simuló lunas con masas desde el 1% hasta diez veces la de la Luna actual. En buena parte de los casos, el resultado fue una destrucción por fuerzas de marea o una caída final hacia el planeta. Las lunas más masivas alteraban con mayor rapidez la rotación venusiana, lo que podía acelerar su propia desaparición.
El límite de Roche marca el punto de destrucción
Una luna que se acercara demasiado a Venus no necesariamente impactaría como un único cuerpo rocoso. Al cruzar el denominado límite de Roche, la diferencia entre la atracción gravitatoria sobre su lado cercano y su lado lejano podría desintegrarla. Los fragmentos formarían temporalmente un anillo de escombros y luego caerían sobre la superficie.
El momento de ese posible episodio resulta relevante. Cerca del 80% de la superficie venusiana tiene una edad geológica similar, una señal de que el planeta atravesó un gran proceso de renovación hace alrededor de 1.000 millones de años. Ese episodio borró gran parte de los registros de su historia más antigua.
Por esa razón, una colisión o la acumulación de restos de una antigua luna habría debido ocurrir en una etapa temprana, cuando la superficie estaba fundida o era capaz de rehacerse. Un evento reciente habría dejado señales geológicas de gran escala que no se observan en la actualidad.
La ausencia de una luna en Venus fue durante décadas una de las diferencias más llamativas con la Tierra. Ambos planetas tienen tamaños, masas y composiciones internas parecidas, pero siguieron trayectorias muy distintas: la Tierra conservó un gran satélite y Venus terminó con una atmósfera densa, temperaturas superficiales extremas y una rotación retrógrada.
El nuevo análisis plantea que la ausencia actual de una luna no implica que Venus nunca haya formado una. También contempla otra posibilidad: que los escombros de un impacto inicial hubieran quedado demasiado cerca del planeta para consolidarse en un satélite estable.
Los autores advierten que el resultado depende de cómo se comporte el interior de Venus frente a las mareas. Dos modelos físicos empleados en el trabajo ofrecen desenlaces diferentes para algunas lunas grandes: uno prevé su destrucción y el otro permite que permanezcan en una configuración cercana al equilibrio durante miles de millones de años.
La historia de una luna podría ayudar a explicar el clima venusiano
La presencia de un satélite grande habría afectado la inclinación del eje de Venus, sus mareas y su evolución geológica. Si el planeta tuvo océanos durante sus primeros tiempos, como plantean algunas hipótesis sobre la historia climática venusiana, una luna pudo haber influido en la duración de esos ambientes.
La pérdida del satélite, en cambio, habría liberado energía y modificado la rotación del planeta. Ese proceso pudo contribuir a cambiar su clima, aunque el estudio no establece una relación directa entre una eventual caída lunar y la transformación de Venus en el mundo cálido y seco que se conoce hoy.
Las futuras mediciones de la composición atmosférica y del subsuelo del planeta podrían aportar indicios. La misión DAVINCI de la NASA, prevista para estudiar la atmósfera venusiana, permitirá obtener datos sobre gases nobles e isótopos que ayuden a reconstruir parte de su evolución.