
Las gárgolas ‘sodomizadas’ de Santiago de Compostela iban a ser una solución técnica: han acabado siendo el límite de lo que aceptan los vecinos
Las gárgolas ‘sodomizadas’ de Santiago de Compostela iban a ser una solución técnica: han acabado siendo el límite de lo que aceptan los vecinos
Tienen 25 días para cortar los tubos, ofrecer una alternativa y presentarla para su habilitación
Los vecinos se han hartado de las gárgolas sodomizadas en Santiago de Compostela. “Atentado artístico”, “una barbaridad”, “espeluznante”, “absoluta aberración”. Tres meses de quejas han llevado a la Xunta a tomar medidas sobre la fachada del Hostal dos Reis Católicos.
Pese a las quejas, el arquitecto responsable de acometer la reforma, Fernando Cobos, ha considerado que esta polémica no tiene razón de ser. En primer lugar, porque los caños metálicos ensartados en esculturas ya estaban previstos en 1561. En segundo lugar, porque además de ser la solución “más eficaz” y “menos mala”, cree que no puede hacer mucho más que sodomizar a una gárgola de piedra.
El más antiguo de España. Este hostal y parador, considerado el hospedaje en funcionamiento más antiguo de España y uno de los edificios más protegidos de la plaza del Obradoiro, lleva sometido a obras de modernización y rehabilitación desde 2025. Turespaña y el Ministerio de Industria y Turismo, con un presupuesto que ronda los once millones de euros, han sido los encargados de acometer estas mejoras. Y dentro del Plan Director se decidió prolongar las gárgolas renacentistas con tubos metálicos –las “lanzas”– para alejar el agua de lluvia del balcón barroco y evitar humedades que estaban deteriorando la piedra. Hasta aquí, todo perfecto.
La Dirección Xeral de Patrimonio Cultural de la Xunta autorizó esta intervención sobre un Bien de Interés Cultural (BIC) y los organismos técnicos municipales no vieron nada raro, asumiendo que esta era una solución funcional a un problema real de conservación. Pero en cuanto se retiraron los andamios y las tuberías de cobre quedaron expuestas sobre las 18 gárgolas de la fachada principal, escupiendo agua por el ano, se lió.
Una denuncia tras otra. La primera denuncia pública la interpuso Maite Vieites, la vecina que difundió fotografías por redes de las gárgolas “intubadas”. El debate se extendió entre compostelanos, peregrinos y asociaciones patrimoniales. La asociación de vecinos Fonseca calificó la intervención de “aberración” y “atentado contra nuestro patrimonio”.
Entidades como Apatrigal, el Ateneo de Santiago y la Asociación Cultural Casino elevaron sus quejas al Icomos-España —organismo en el cual Cobos también ejerce como asesor—, argumentando que la solución contravenía principios de la Carta de Venecia: mínima intervención, reversibilidad, compatibilidad y respeto al paisaje cultural. Un “culo con tubo” se leyó de otra forma: más que un mero desagüe era una gárgola “sodomizada” por el pecado, una violencia simbólica, un chiste escatológico innecesario.
Por qué tubos PEC. El arquitecto Fernando Cobos, responsable del Plan Director del Hostal, ha defendido por activa y por pasiva que esta es una medida “reversible y de menor daño” para el monumento, insistiendo en que los tubos “salen, no entran” y que canalizaciones metálicas similares son habituales en patrimonio histórico internacional. La lectura sexual también data del medievo.
Nueva exigencia. Ante la presión, la Xunta ya no piensa igual: primero anunció que buscaría “una fórmula mejor” y pidió una opción más estética a Turespaña. Luego, desde Patrimonio autonómico fijaron plazos para presentar alternativas y exigió, al menos, acortar la lanza de la única gárgola antropomorfa. Ahora, el gobierno gallego ha ordenado cortar el tubo de la figura humana y ha dado al arquitecto 25 días para diseñar un sistema de desagüe interno y oculto que mantenga la funcionalidad sin alterar esa caprichosa lectura erótica.
Culos y gargangas. Las gárgolas son parte de la ingeniería hidráulica en la arquitectura medieval. En miles de fachadas de catedrales, abadías e incluso edificios públicos. Son desagües esculpidos que proyectan el agua de lluvia lejos de los muros para evitar la erosión de la piedra y el mortero. El término, que procede del francés gargouille, literalmente hace referencia a la “garganta”, aludiendo al canal interno que transporta el agua y alimento de un extremo a otro.
Con el tiempo, la función técnica se cargó de simbolismo: seres grotescos, quimeras, animales híbridos y figuras humanas deformadas actuaban como recordatorio de los peligros del pecado y como dispositivos apotropaicos para ahuyentar el mal del templo. La catedral de Laon, en Picardía, levantada a partir de mediados del siglo XII, ya contaba con este fusilamiento de agua mediante caños que salen de figuras zoomorfas. La semiótica del asunto no tiene mucho más.
Gárgolas y memoria histórica. El conflicto tiene su razón de ser: cuando choca la memoria democrática o la percepción estética comunitaria con ciertas imposiciones técnicas, es fácil leer un “borrado”. Resignificar elementos estéticos altera la genealogía del edificio. En Gijón, varias asociaciones memorialistas reclamaron la retirada del monumento “Héroes del Simancas”, de la fachada del colegio La Inmaculada, interpretándolo como apología del franquismo.
Y la ley de memoria democrática obliga a los propietarios privados a retirar elementos contrarios a esa memoria cuando proyectan al espacio público, con la opción intermedia de mantener las piezas acompañadas de una placa explicativa en edificios de especial valor histórico. Y hablando de placas, en Tarragona y Barcelona retirar placas franquistas está costando más de lo deseable, con vecinos quejándose por la paradoja de que el coste de retirarlas recae sobre las comunidades, mientras que la amenaza de sanciones y la posibilidad de musealizar esas piezas viene desde las administraciones. En suma, estos casos abren una batalla sobre quién decide cómo intervenir la piel de los intocables monumentos históricos.
Recordemos que el Tribunal Supremo obligó a una empresa a desmontar una estructura metálica que invadía apenas 20 centímetros la fachada colindante. Por suerte, en España existe la Ley de Propiedad Horizontal que da voz a los vecinos y la autoridad para que la justicia española tome medidas sobre obras gargantuescas en terrazas o estructuras que alteren la configuración exterior de los edificios sin consentimiento de la comunidad.
Condenados a entenderse. Cuenta la leyenda de Saint Romain y el dragón de Rouen que, en los siglos VI‑VII, un monstruo anfibio llamado La Gargouille inundaba y devastaba los alrededores de la ciudad hasta que el obispo lo sometió y su cabeza, incombustible, fue colgada en la catedral como desagüe y amuleto protector. De aquellos polvos, estos lodos. Porque el relato se traspapeló y se reescribió en el siglo XIV para justificar el privilegio anual de indultar a un condenado.
Los "culos trompeteros" de Fernando Cobos son, sobre el papel, una magnífica solución y una respuesta tradicional. Las gárgolas sodomizadas no son una rareza y forman parte de una larga tradición. Pero el encaje entre privado, técnico y colectivo no le da la razón. Por lo pronto, ya hay fecha para cortar los tubos y buscar una alternativa "menos invasiva, idónea y funcional".
Imágenes | Diego Delso para Wikipedia; montaje y edición propia.
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