
La planta de Renault en Santa Isabel se convirtió en el laboratorio de pruebas de la reforma laboral impulsada por la gestión de Javier Milei.
La planta de Renault en Santa Isabel se convirtió en el laboratorio de pruebas de la reforma laboral impulsada por la gestión de Javier Milei. La automotriz francesa y el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) cerraron un acuerdo para aplicar un esquema de "banco de horas" que alcanzará a 1.200 operarios en Córdoba, un mecanismo que generó el inmediato eufórico respaldo de la Casa Rosada, pero que puertas adentro del gremio desató tensión y críticas soterradas.
El sistema, formalizado al amparo de la Ley de Modernización Laboral, permite a la empresa "guardar" las horas adicionales que los operarios realizan durante los picos de producción para debitarlas en los momentos en que cae la demanda. Bajo este régimen, los excesos de jornada no se abonan como horas extras convencionales, sino que se acumulan como un crédito que luego se compensa con francos o jornadas reducidas, evitando las tradicionales suspensiones. La norma establece un tope máximo de trabajo de 12 horas diarias, garantizando un descanso obligatorio de igual duración.
Desde el Gobierno nacional salieron rápidamente a embanderarse con la firma. La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, ponderó el convenio al asegurar que la herramienta busca "mejorar la competitividad de los trabajadores y sostener los puestos de trabajo". En la misma línea, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, defendió el modelo al remarcar la necesidad de "ajustar la modalidad laboral a la forma en que se trabaja hoy".
Sin embargo, el clima que se respira en la sede cordobesa del gremio dista de la celebración oficial. Dirigentes locales expresaron un profundo malestar e incomodidad con la instrumentación del banco de horas y calificaron la jugada como un beneficio desproporcionado para la patronal. "Están comprando horas extras a mitad de precio", sentenció un histórico referente sindical que integró la cúpula de SMATA, en estricto off the record.
La inquietud obrera se da en un contexto industrial complejo para el complejo de Santa Isabel. La fábrica viene de discontinuar la producción de modelos icónicos como el Logan y el Sandero, además de frenar el ensamble de la camioneta Nissan, mientras que las líneas del Kangoo y la Alaskan operan con volúmenes mínimos. En la actualidad, toda la apuesta del grupo está concentrada en el lanzamiento de la nueva pickup Niagara, proyecto que demandó una inversión de unos 400 millones de dólares destinada fundamentalmente al mercado exportador.
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Frente a este escenario de baja actividad, la alternativa que sopesó la empresa era avanzar con despidos o esquemas de suspensión masivos. "Hoy la gente está con altas probabilidades de ser suspendida o indemnizada, pero la fábrica decidió mantener al personal. El problema es que el año que viene, si la Niagara tracciona y la venta mejora, van a tener que trabajar a contraturno para devolver las horas sin ver ni un solo centavo extra", graficó la misma fuente gremial.
Consultados oficialmente por Perfil Córdoba para conocer la postura institucional sobre el alcance del convenio, desde la conducción de SMATA evitaron brindar declaraciones públicas y adujeron problemas de representación interna. "Actualmente la institución se encuentra atravesando un proceso de normalización, por lo que de momento no disponemos de un responsable de prensa designado para responder consultas ni brindar entrevistas", argumentaron a través de un comunicado para fundamentar el hermetismo sobre el pacto.
El nuevo régimen laboral debutará en coincidencia con el despliegue del proyecto Niagara, en una prueba de fuego que medirá si la acumulación de créditos de trabajo efectivamente resguarda el empleo o si se consolida como una hendidura irreversible en los convenios colectivos tradicionales del sector automotriz.