
En 2025 se notificaron en la Argentina más de 46.000 casos en la que fue la cifra más alta registrada hasta ahora. Las tasas más altas se observaron en adultos jóvenes.
Jueves 24 de Septiembre de 2026 - Actualizada a las: 12:42hs. del 24-09-2026
La sífilis es una infección que conocemos desde hace muchísimo tiempo y, si bien sabemos cómo prevenirla, tenemos tests rápidos para diagnosticarla y contamos con un tratamiento muy eficaz, los casos siguen aumentando.
“Hoy en día testeamos más. Los tests rápidos permiten detectar infecciones que antes podían quedar sin diagnóstico y eso podría explicar una parte del aumento de las notificaciones, pero este es un crecimiento que se viene observando desde hace años”, señaló la Dra. María Daniela Faranna (M.N. 84.891), médica ginecóloga del Hospital Santojanni (Buenos Aires) y docente de Ginecología en la Universidad de Buenos Aires.
Asimismo, reveló que en 2025 se notificaron en la Argentina 46.799 casos, con una tasa de 117,2 cada 100.000 habitantes, la cifra más alta registrada hasta ahora. El 76% se concentró entre los 15 y los 39 años y las tasas más altas se observaron en adultos jóvenes. La Organización Mundial de la Salud estimó que alrededor de 8 millones de personas de entre 15 y 49 años adquirieron sífilis en 2022. Las recomendaciones más recientes de la OMS vuelven a poner el foco en algo muy importante: muchas infecciones de transmisión sexual pueden no dar síntomas.
“En la primera etapa de la sífilis puede aparecer una lesión, el chancro, que habitualmente no duele. Puede estar en los genitales, en la región anal o en la boca. Además, desaparece sola, pero eso no significa que desaparezca la infección. Por eso una persona puede tener sífilis, sentirse bien y no saberlo. La infección puede transmitirse por relaciones vaginales, anales y también orales”, dijo Faranna, quien es vicepresidente de la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMAdA) Miembro del comité ejecutivo de la European Society of Contraception and Reproductive Health.
Las herramientas de prevención
La especialista indicó que el preservativo sigue siendo una de nuestras principales herramientas de prevención, ya que, su uso correcto y constante disminuye el riesgo de adquirir VIH y otras ITS. “Hay algo que desde la práctica cotidiana nos interesa especialmente: una cosa es saber que hay que usar preservativo y otra es usarlo en el momento de una relación sexual. Esto se ve mucho entre adolescentes y jóvenes”, expresó.
En tanto, agregó: “Escuchamos hablar de hacerlo ‘a pelo’ o ‘al natural’, como si no usar preservativo fuera parte de una sexualidad más espontánea y vale la pena preguntarnos qué hay detrás de esa decisión. ¿Menor percepción del riesgo? ¿Búsqueda de mayor placer? ¿Uso de sustancias lícitas o ilícitas? ¿La idea de que ‘a mí no me va a pasar’?”.
“Hay otra situación que vemos con frecuencia. Una mujer sabe que debería usar preservativo, quiere usarlo, pero su pareja no quiere. Finalmente, tiene la relación sexual sin preservativo. ¿Podemos decir que le faltó información? Sabemos que no. Ahí aparecen la autonomía, la posibilidad de negociar decisiones dentro de una pareja y, fundamentalmente, el cuidado de ambos. ¿Qué lugar tiene la autoestima y qué posibilidad real tiene esa mujer de sostener su decisión de cuidarse? Saber qué hay que hacer no siempre significa poder hacerlo”, dijo.
Además, añadió: “Algo parecido ocurre en otro momento de la vida del que se habla bastante menos: la perimenopausia y la menopausia. Cuando desaparece la preocupación por un embarazo, muchas veces también desaparece el preservativo, pero desaparece el riesgo de embarazo, no el riesgo de una infección de transmisión sexual. También escuchamos en el consultorio que algunos varones prefieren no utilizar preservativo porque sienten que dificulta la erección o disminuye la sensibilidad. La sexualidad no termina con la menopausia y la prevención de las ITS tampoco debería”.
“Muchas veces se habla de la falta de acceso al testeo como una de las causas del problema. Desde nuestra experiencia en el sistema público, podemos contar que en la Ciudad de Buenos Aires existe una oferta muy amplia de testeo gratuito y confidencial. En hospitales y centros de salud se dispone de test rápido para VIH y sífilis. Tanto el Hospital Santojanni como el Hospital Muñiz forman parte de esa red. En este último incluso se accede por demanda espontánea, sin necesidad de turno”, dijo.
Faranna dijo luego: “El test rápido necesita apenas unas gotas de sangre y permite conocer el resultado en pocos minutos. La OMS destaca la importancia de estas pruebas porque permiten acercar el diagnóstico al momento de la consulta e iniciar rápidamente el tratamiento. Y acá aparece algo que consideramos central: la sífilis se cura. Entonces, como médicas que trabajamos en el sistema público, nos hacemos una pregunta bastante sencilla: si el test está disponible, es gratuito, confidencial y rápido, y además tenemos un tratamiento eficaz, ¿por qué muchas personas no se testean?”.
“Quizás tengamos que trabajar no solamente en ofrecer el test, sino también en lograr que las personas sientan que vale la pena hacerlo. Testearse debería ser una forma más de cuidar la salud sexual”, indicó la ginecóloga, quien destacó la labor de la Dra. Viviana Leiro (M.N. 74.010), médica dermatóloga, jefa de la unidad de dermatología del Hospital Muñiz.
Además, indicó que otro punto importante es que haber tenido sífilis no deja inmunidad y que hay que evaluar a las parejas sexuales y tratarlas cuando corresponda. “Si no lo hacemos, la cadena de transmisión continúa y puede producirse una reinfección. En el embarazo esto adquiere todavía mayor importancia. La sífilis puede transmitirse al bebé y producir consecuencias muy graves. Hoy disponemos de métodos anticonceptivos muy eficaces. Una mujer puede estar muy bien protegida frente a un embarazo, pero eso no significa que esté protegida frente a una ITS. Por eso sigue siendo importante hablar de doble protección”, dijo.
Tener herramientas no siempre alcanza
La situación actual de la sífilis nos está mostrando algo bastante simple: tener las herramientas no siempre alcanza, entonces tenemos que seguir preguntándonos qué pasa entre lo que una persona sabe y lo que finalmente hace, manifestó la ginecóloga.
Asimismo, agregó: “¿Por qué alguien que conoce el preservativo decide no usarlo? ¿Por qué después de una relación sin protección no siente la necesidad de testearse? ¿Qué pasa cuando una mujer quiere cuidarse, pero su pareja no acepta utilizar preservativo? ¿Por qué cuando desaparece el riesgo de embarazo también puede desaparecer la percepción del riesgo de una ITS?”.
“El desafío actual es conseguir que el preservativo y el testeo dejen de estar asociados al miedo, a la culpa o a la idea de ‘haber hecho algo mal’ y pasen a formar parte naturalmente del cuidado de nuestra salud sexual. La sífilis tiene una particularidad: sabemos cómo prevenirla, sabemos cómo diagnosticarla y sabemos cómo curarla. Ahora necesitamos acortar la distancia entre saberlo y hacerlo”, culminó Faranna.