
Los activos argentinos vuelven a operar con mayoría de bajas este jueves. En ese marco, el riesgo país sube cuatro puntos hasta los 570 puntos básicos, se mantiene en máximos de cinco meses y acumula su noveno avance consecutivo, mientras el S&P Merval retrocede 0,8% en pesos y…
Los activos argentinos vuelven a operar con mayoría de bajas este jueves. En ese marco, el riesgo país sube cuatro puntos hasta los 570 puntos básicos, se mantiene en máximos de cinco meses y acumula su noveno avance consecutivo, mientras el S&P Merval retrocede 0,8% en pesos y 0,6% medido en dólares y encadena su quinta rueda seguida en terreno negativo. La debilidad local coincide, además, con un escenario internacional más exigente para los activos de riesgo. La venta de Treasuries llevó al rendimiento del bono estadounidense a diez años hasta la zona de 5,15%, mientras el título a 30 años alcanzó su mayor nivel desde 2004. Al mismo tiempo, el petróleo volvió a subir ante la falta de avances concretos entre Estados Unidos e Irán, un movimiento que vuelve a sumar presión sobre las expectativas de inflación y sobre el sendero de tasas de la Reserva Federal. El deterioro externo se suma a las dudas sobre el crédito local Ese cambio en las condiciones financieras internacionales llega en un momento en el que la deuda argentina ya venía mostrando una mayor prima de riesgo, en medio de una desaceleración en el ritmo de compras de divisas del Banco Central y de una menor demanda por los títulos soberanos en dólares. Por eso, el aumento de los rendimientos estadounidenses no aparece como el origen único del deterioro, sino como un factor que profundiza una tendencia que ya estaba instalada en el mercado local. En esa línea, Martín Mazza, director de MM Investment, señaló que el riesgo país argentino combina actualmente dos componentes. Por un lado, uno local, asociado a la capacidad de acumular dólares y despejar los próximos vencimientos y, por otro, uno internacional, marcado por tasas estadounidenses nuevamente en niveles elevados. En este sentido, explico que “Argentina necesita seguir reduciendo riesgo propio simplemente para compensar un mundo que se volvió más caro”. Para Mazza, la discusión ya no pasa solamente por una baja del riesgo país, sino por alcanzar niveles que permitan recuperar un acceso genuino al mercado internacional de crédito. En ese sentido, advirtió que mientras el país continúe dependiendo de organismos multilaterales, operaciones de repo o financiamiento local, la normalización financiera seguirá incompleta. Para el especialista, además, existe una diferencia entre una recuperación puntual de los precios y un cambio estructural en la percepción sobre el crédito argentino. “Para que la compresión sea sostenible, el mercado necesita ver acumulación de reservas, capacidad de refinanciamiento y menor incertidumbre sobre los dólares necesarios para pagar la deuda”, sostuvo. A su vez, la combinación de menor acumulación de reservas, una prima soberana más elevada y un costo internacional de financiamiento mayor mantiene al crédito argentino en una posición más exigente frente a otros activos emergentes. Mazza remarcó, en ese sentido, que con el tramo largo de los Treasuries nuevamente por encima del 5%, todos los activos deben ofrecer un retorno mayor. Así, incluso con una mejora de los factores domésticos, el costo de capital argentino podría permanecer elevado por razones externas. El rebote se concentra en los bonos más cortos La rueda de renta fija muestra, de todos modos, que la presión no es uniforme a lo largo de la curva. Entre los Globales, los vencimientos más próximos registran las mejoras más claras, con el GD29 subiendo 0,82% y el GD30 avanzando 0,26%. Más adelante en la curva, en cambio, el comportamiento es más irregular: el GD38 gana 0,25%, el GD41 se mantiene prácticamente estable, mientras el GD35 cede 0,06% y el GD46 retrocede 0,16%. Una dinámica similar aparece entre los títulos bajo legislación argentina. Así, el AL29 avanza 0,32%, el AL30 suma 0,28% y el AL35 mejora apenas 0,10%, mientras que los bonos de mayor plazo presentan un desempeño más débil, con el AL41 cayendo 0,54%. A su vez, el AO29 retrocede 0,88%. La diferencia entre plazos deja una señal más precisa que la variación general de la renta fija, ya que implicaría que hay demanda para recomponer posiciones en los vencimientos más cercanos, pero todavía no aparece una recuperación consistente en la parte larga de la curva. Eso resulta compatible con un mercado que sigue siendo cauteloso respecto del riesgo soberano a mayor plazo y ayuda a explicar por qué una mejora puntual en algunos títulos convive con un riesgo país todavía en ascenso. Fuera de los soberanos, el panorama es más estable. Los BOPREALES operan mayormente en terreno positivo, con subas de 0,24% en el BPOA8, 0,49% en el BPOB8, 0,29% en el BPOC7 y 0,34% en el BPOD7. Así, la mayor exigencia sigue concentrándose sobre el crédito soberano, más que sobre toda la renta fija local por igual. Las bajas se extienden entre bancos, servicios públicos y comunicaciones En cuanto a la renta variable, la quinta caída consecutiva del S&P Merval vuelve a mostrar una debilidad bastante extendida entre los principales sectores. El retroceso más marcado corresponde a Telecom, que pierde 3,54%, mientras que dentro del sector financiero Banco Macro cae 1,88%, Supervielle 1,73%, BBVA 1,35% y Galicia 0,77%. BYMA, por su parte, cede 1,15%. Los servicios públicos también operan mayormente en terreno negativo, con Edenor retrocediendo 1,74%, Transener 1,69% y Pampa Energía 0,87%. Dentro de Energía, TGN pierde 1,56%, TGS cae 0,39% e YPF se mantiene prácticamente estable, con una baja de apenas 0,05%. En cambio, Central Puerto avanza 0,24% y Ecogas gana 0,65%. La distribución de las variaciones muestra que la mejora del petróleo internacional todavía no se traduce en una reacción generalizada de las acciones energéticas locales. Al mismo tiempo, las bajas de los bancos acompañan el deterioro que viene mostrando el riesgo soberano, mientras que los retrocesos en comunicaciones y servicios públicos amplían la corrección hacia otros segmentos del panel. De esta forma, la quinta rueda negativa no queda concentrada en una sola actividad, aunque tampoco presenta la misma intensidad entre todos los sectores. Wall Street modera las bajas, pero la presión se concentra en tasas y petróleo Después de comenzar la jornada con pérdidas más pronunciadas, Wall Street recorta buena parte de los retrocesos y los principales índices pasan a mostrar variaciones acotadas. Así, el S&P 500 sube apenas 0,02%, el Nasdaq cae 0,05% y el Dow Jones pierde 0,22%. El oro, en tanto, vuelve a retroceder 0,4%. Sin embargo, la estabilización de las acciones estadounidenses no implica una relajación de las condiciones financieras. El foco sigue desplazado hacia los Treasuries y el petróleo, justamente los dos mercados que tienen una incidencia más directa sobre las expectativas de inflación y tasas. En el caso del crudo, la cotización vuelve a avanzar más de 3% hasta la zona de u$s95, mientras persisten las dudas sobre una solución rápida al conflicto entre Estados Unidos e Irán. Las expectativas de un acuerdo cercano se enfriaron después de que Donald Trump planteara que una resolución podría llegar recién después de las elecciones legislativas estadounidenses, mientras el tránsito visible por el estrecho de Ormuz continúa muy por debajo de los niveles previos a la guerra.Los bonos en dólares ensayan un rebote parcial tras la corrección de las últimas jornadas, aunque el riesgo país permanece en máximos de cinco meses. En renta variable, las acciones locales vuelven a operar con mayoría de bajas.