
Beltrán y Borré volvieron a River generando mucha expectativa pero todavía no lograron despegar: buscan rodaje para pelearle al afianzado Driussi.
Beltrán y Borré volvieron a River generando mucha expectativa pero todavía no lograron despegar: buscan rodaje para pelearle al afianzado Driussi.
Borré y Beltrán en la práctica. Foto: prensa River.
Es 27 de junio al mediodía. El país, en modo Mundial, sigue asombrado por la eliminación de Uruguay en fase de grupos y está en la espera del partido de la Selección contra Jordania por la última fecha. El plantel de River hace la pretemporada en Alicante, todavía con Coudet como DT. Mientras tanto, en Núñez hay mucho movimiento en el mercado: se concretan las llegadas de Lucas Beltrán y Rafael Borré, además de la de Giovanni González. Dos puntas para cubrir un puesto en discordia.
“ Logramos cubrir el problema del 9 con dos jugadores probados en River, de jerarquía e invirtiendo u$s 10 millones totales”, se escucha por los pasillos del Monumental, sacando pecho por la gestión. La ecuación, en ese entonces, cerraba con lógica: Sebastián Driussi se había perdido 12 partidos por diferentes lesiones, Maxi Salas había tenido que jugar improvisadamente varias veces en ese puesto y hasta había debutado Jonathan Spiff.
Y si bien el presente de Borré en el Inter de Porto Alegre y en sus temporadas anteriores no era el de otros años, la incorporación de Beltrán tenía bastante consenso en el Mundo River: un jugador que había brillado en la Liga obtenida en el 2023 con Demichelis y que llegaba con un grado de madurez mayor por su paso por Europa, pese a la poca regularidad que había logrado y la baja en su potencia goleadora. Sin embargo, el resultado no fue el previsto.
Porque el equipo extrañó a Driussi en cada uno de los primeros siete partidos de este semestre, en los que se estaba recuperando del desgarro en el gemelo derecho (cinco derrotas, un empate y un triunfo): entre Borré y Beltrán se repartieron titularidades, pero no solo que ninguno pudo convencer desde el rendimiento (el colombiano hizo solo un gol y de rebote), sino que ni siquiera tuvieron grandes situaciones de peligro como para festejar.
Inconexos, con una evidente falta de ritmo futbolístico (Lucas venía de vacaciones y debió hacer una preparación física especial a la vuelta de Alicante) y hasta en varios momentos fuera del circuito de juego, fueron víctimas de un equipo que sufrió a más no poder ese reinicio de la competencia. Lo del colombiano quizás sea más alarmante: en esa primera parte con Driussi out, sumó 401’ en los siete encuentros, fue elegido por sobre Beltrán para ser uno de los cinco cambios para la Sudamericana, estuvo peleado con el gol y hasta dilapidó el penal que hubiera significado la clasificación contra Independiente Santa Fe.
Tanto dejaron que desear ambos que el #9 saltó a la cancha no bien se recuperó: tras un puñado de minutos en el empate contra Vélez, fue titular en la vuelta ante los colombianos. El gol que anotó no solo demostró el olfato goleador que siempre tuvo: en poco tiempo, lo puso por encima de los dos delanteros que habían llegado para competirle. Después, sumó uno más vs. Banfield, ya asentado e incluso dejándole poco tiempo en cancha al resto.
Una situación en la delantera que juntó en combo los rendimientos irregulares de Beltrán y Borré y la innegable facilidad de Driussi con el gol: en este 2026, lleva nueve en 1.508’ (repartidos en 23 partidos), lo que le da un promedio de uno cada 167’ (menos de dos encuentros). Mejor que el año pasado, en el que anotó 10 veces en 2.114’ (35 juegos): la media le dio de un grito cada 211’.
De aquella presunción en pleno Mundial a una realidad en la que Driussi sigue siendo el centrodelantero goleador. Lo único que cambió es que ahora tiene reemplazantes naturales en caso de alguna lesión...
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