
Fermín Cabanillas Castilleja de la Cuesta (Sevilla), 26 sep (EFE).- En 1925, un empresario sevillano llamado Baldomero García recibió el encargo de trabajar para dotar de alfombras a los pabellones de la Exposición Iberoamericana de 1929.
Fermín Cabanillas Castilleja de la Cuesta (Sevilla), 26 sep (EFE).- En 1925, un empresario sevillano llamado Baldomero García recibió el encargo de trabajar para dotar de alfombras a los pabellones de la Exposición Iberoamericana de 1929. Ahora, 101 años después, su legado permanece, como una referencia nacional de alfombras para todo el país desde Castilleja de la Cuesta (Sevilla). Este empresario de Castilleja de la Cuesta, un pueblo que roza los 20.000 habitantes y está a tiro de piedra de la capital andaluza, no lo sabía entonces, pero había creado lo que hoy día es un lugar en el que pasan todo el verano miles de alfombras procedentes de toda España, que, cuando llega el otoño, se preparan para volver a sus hogares. En sus instalaciones hay alfombras allá donde alcanza la vista, con una plantilla de una decena de personas que se encarga de clasificarlas, guardarlas, prepararlas y devolverlas a sus casas, y, si es necesario, restaurarlas para que vuelvan a tener el mismo aspecto que cuando fueron compradas, en algunos casos hace más de un siglo. Sus orígenes se remontan a la Fábrica de Alfombras La Giralda, antecedente directo de la empresa actual, y a su frente sigue Aurelia García Parra, la hija de Baldomero, que si bien no tiene ya funciones directas, sí sigue a diario pendiente de todo a sus 89 años, del mismo modo que la tercera y cuarta generación de la firma no parecen dispuestas a que se pierda. “Me siento muy orgullosa de lo que he conseguido, porque he trabajado desde los 13 años y aquí sigue mi familia”, explica a EFE Aurelia en la oficina de la empresa, donde se pueden ver fotos históricas de un siglo de trayectoria, e incluso un cuadro de gran formato en el que ella misma está retratada. La presidenta de la empresa nació cuando la empresa solo tenía diez años de historia, y recuerda que su padre tuvo el encargo “de abastecer de alfombras los pabellones y los hoteles de Sevilla”, pero cuando pasó la Expo de 1929 y “se vino abajo el trabajo” y volvieron a Madrid quienes le encargaron la labor, su padre se quedó en Castilleja de la Cuesta con una hermana, y la compañía siguió adelante. “Mi padre estaba en la empresa y mi tía con los telares. Ellos me enseñaron a mí y yo enseñaba a mis hijos y a mis nietos”, explica la matriarca de Alfombras Baldomero, que mantiene el mismo sistema de trabajo que hace décadas, aunque modernizado con algunas maquinarias, como una “centrifugadora” que las deja sin una gota de agua tras ser lavadas. Es tan sencillo como que alguien llame por teléfono y diga que tiene una alfombra que quiere que le guarden durante el verano o que le hagan algún arreglo. “Los hombres con el coche las recogen. Ellos ni las desmontan ni las montan. Se las traen a Castilleja, se miden, se limpian, o se le da presupuesto si hace falta restaurarlas”. A las alfombras se les coloca una etiqueta para que siempre estén identificadas, y van a una serie de almacenes donde se conservan por millares. Allí trabajan todas personas encargadas de ponerlas a punto. En otro lugar de la empresa se restauran con una labor que se hace igual que hace cien años, con aguja y puntada a puntada. Aurelia García Parra admite que es una curiosidad que en su casa “las alfombras hibernan en verano”, y habla con orgullo de un lugar que en 2024 fue reconocido como ‘Punto de Interés Artesanal de Andalucía’ por la Junta de Andalucía, y en 2025 recibió la Medalla de Oro de la Provincia de Sevilla, en reconocimiento “a una trayectoria centenaria, a la excelencia artesanal y al compromiso con la identidad cultural”. EFE fcs/av/mcm (Foto) (Vídeo)