
La pobreza en Argentina volvió a aumentar. Según los datos que difundió el Indec el jueves, alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026 —unos 15 millones de habitantes— mientras que la indigencia llegó al 7,5%, cerca de 3,5 millones.
La pobreza en Argentina volvió a aumentar. Según los datos que difundió el Indec el jueves, alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026 —unos 15 millones de habitantes— mientras que la indigencia llegó al 7,5%, cerca de 3,5 millones. El dato corta una racha de tres semestres consecutivos de mejora: desde el pico de 52,9% registrado a comienzos de 2024, el índice había bajado hasta el 28,2% al cierre de 2025, el nivel más bajo desde 2018. Entre uno y otro relevamiento, unas 1,9 millones de personas cruzaron la línea de pobreza y cerca de 538 mil dejaron de cubrir siquiera la canasta alimentaria básica.
En Gran Córdoba la incidencia se ubicó en 31,1%, apenas por debajo del promedio de los aglomerados relevados, pero con una suba de 1,6 puntos porcentuales respecto de un año atrás. En el otro extremo del mapa, Concordia encabezó el ranking con 56,2%, seguida por Gran Resistencia (48,6%), Posadas (42,2%) y Corrientes (41%). Caba, en cambio, fue el aglomerado con menor incidencia, con 11,1%.
Un informe del Ieral de la Fundación Mediterránea, elaborado por los economistas Federico Belich y Laura Caullo, propone una hipótesis central para explicar este repunte: la causa ya no es la misma que en los últimos años. “La pobreza entró básicamente por otra puerta, ya no por el lado de la inflación, como venía siendo históricamente”, explicó Belich a este diario. “Las familias, básicamente, reciben la casi totalidad del ingreso por el lado del trabajo y no podían seguir la velocidad con la que venía subiendo el costo de la canasta con la cual se define la pobreza. Entonces quedaban muy rezagados: ahí teníamos un aumento de la pobreza que era por inflación y no por mercado laboral”, detalló.
Esa dinámica cambió. “Ahora lo que está sucediendo es que, si bien la inflación no desapareció y está más o menos estable, el crecimiento de los salarios está siendo débil y no alcanza a llegar a la velocidad con la que viene subiendo el costo de la canasta”, señaló el economista.
Los números del propio informe respaldan el diagnóstico: en el primer trimestre de 2026, mientras la canasta básica total subió 10,9% y la alimentaria 13,3%, los ingresos de los asalariados registrados apenas avanzaron 4,1%, los de los independientes 5,6% y la AUH 7,8%. Solo los asalariados no registrados, con un 12,2%, superaron a la canasta total, aunque no a la alimentaria.
Una estrategia de crecimiento que no genera empleo
Para Belich, el deterioro del mercado laboral no es un fenómeno aislado, sino el correlato de una decisión de política económica. “La causa de que el mercado laboral está medio flojo tiene que ver con la estrategia de crecimiento económico de la actual gestión, que es desarrollar sectores muy intensivos en exportación y en generación de divisas”, explicó. “Eso tiene una característica positiva para la economía argentina en general, que es el aporte de divisas, pero el problema es que no son sectores de mano de obra intensiva: Vaca Muerta, con la extracción de hidrocarburos, necesita mucho capital físico, y lo mismo pasa con la minería y el agro. En cambio, los sectores que no les está yendo bien —industria, construcción, comercio— son intensivos en mano de obra, y ahí viene cayendo tanto la actividad económica como el empleo”, agregó.
El economista fue enfático en que se trata de un cambio de fondo. “Estamos ante un cambio estructural muy importante, que difícilmente se revierta en el corto plazo. Veníamos de una estrategia de crecimiento más por el lado de la industria; ahora la industria tiene que competir o adecuarse frente a un mundo mucho más competitivo. Esto no se va a solucionar en el corto plazo”, sostuvo, aunque matizó que en el largo plazo el ingreso de divisas podría financiar la modernización tecnológica de esas industrias, siempre que se sumen mejoras impositivas y de costos por parte del Estado.
La clase media, en el centro del golpe
El informe del Ieral identifica con precisión a los principales afectados: no son los sectores de menores ingresos —protegidos en parte por las transferencias de recursos— ni los de mayores ingresos —más ligados a rentas e inversiones—, sino la clase media trabajadora. Casi la mitad de las 1,4 millones de personas que cayeron en la pobreza en el último semestre tiene entre 30 y 64 años y junto con los jóvenes de 15 a 29 explican siete de cada 10 nuevos pobres.
“El peor sector, si hablamos en rangos etarios, es la gente que tiene entre 30 y 60 años, que tiene mucha participación en el mercado laboral: son los económicamente activos. Es la clase media, porque la proporción de sus ingresos totales depende mucho del mercado laboral. Si vos te vas a estratos más bajos, dependen más de las transferencias”, explicó Belich. “La gente que la está pasando peor es la que está en el mercado laboral, porque tiene que convivir con esta degradación: cae el empleo asalariado registrado, que tiene ciertos derechos y mejores condiciones, y tienen que sustituirlo por un empleo informal o autónomo, que da un nivel de ingreso menor”, agregó, en sintonía con los datos del informe, que muestran que el empleo formal cayó 1,6% (101 mil puestos) en el semestre, mientras crecieron el cuentapropismo (+3,4%) y el empleo informal (+3,1%), ambos con salarios muy por debajo del asalariado registrado.
¿Qué puede pasar hacia adelante?
Consultado sobre el panorama de los próximos meses, Belich fue cauto, pero no pesimista respecto del frente inflacionario. “No creo que vaya a aumentar mucho la pobreza como veníamos viendo por el tema de la inflación”, afirmó. Sin embargo, advirtió que la clave para una mejora sostenida pasa ahora exclusivamente por otro lado: “De acá en adelante, lo que puede mejorar la tasa de pobreza va a venir del lado del empleo. La clave va a venir del mercado laboral, y el mercado laboral depende de la industria, la construcción y el comercio”.
Para el economista, eso exige una “reconversión” de esos sectores golpeados por la apertura comercial y una señal más activa del Estado. “Me parece clave que empiecen a pensar en algún tipo de reconversión de la industria, el comercio y la construcción, para tener un mejor perfil en la composición de la oferta laboral. Si no, no va a mejorar por otro lado”, sostuvo, y agregó que “es la única esperanza, por así decirlo, que tiene la evolución de la pobreza para seguir mejorando; si esta parte no mejora, es imposible”.
El diagnóstico del Ieral coincide con una advertencia de fondo: Argentina no logra perforar de manera sostenida el piso del 25% de pobreza desde que el Indec retomó la medición comparable en 2016. Romper esa barrera dependerá menos de la estabilidad de precios —ya lograda en gran medida— y más de la capacidad del mercado de trabajo para volver a generar empleo de calidad.