
Los resultados de PISA 2025 volvieron a poner en evidencia la profundidad del problema educativo argentino. En Matemática, apenas el 24% de los estudiantes de 15 años alcanza el nivel mínimo esperado, frente al 65% en los países de la OCDE.
Los resultados de PISA 2025 volvieron a poner en evidencia la profundidad del problema educativo argentino. En Matemática, apenas el 24% de los estudiantes de 15 años alcanza el nivel mínimo esperado, frente al 65% en los países de la OCDE. En Lectura, sólo 4 de cada 10 logran las competencias básicas esperadas, mientras que en la OCDE lo hacen casi 7 de cada 10.
Cada vez que se conocen nuevos datos educativos, buena parte de la discusión vuelve rápidamente al presupuesto: cuánto se invierte, cuánto debería invertirse y si los recursos aumentaron o disminuyeron. Es una discusión necesaria, porque ningún sistema educativo puede funcionar adecuadamente sin financiamiento suficiente. Pero hay otra pregunta que suele recibir mucha menos atención: ¿qué resultados obtiene cada provincia con los recursos que tiene?
Para incorporar la gestión a la discusión, desde IDESA EDULAB se desarrolló el Índice de Gestión Educativa Provincial. El indicador estima qué resultado cabría esperar de cada jurisdicción dadas sus condiciones sociales y los recursos disponibles, y luego lo compara con el resultado efectivamente alcanzado. En términos simples, busca medir cuánto obtiene cada provincia con las condiciones y los recursos que tiene.
La comparación es necesaria porque las provincias parten de situaciones muy distintas. La pobreza va desde menos del 16% en CABA hasta más del 56% en Chaco; la ruralidad es prácticamente inexistente en algunas jurisdicciones y alcanza al 25% en Santiago del Estero. También existen enormes diferencias de recursos: ajustado por costo de vida, Neuquén gasta por alumno más de tres veces lo que gasta Tucumán.
Por eso, mirar únicamente quién obtiene mejores resultados educativos puede ser engañoso. Una provincia con menor pobreza, menor dispersión territorial y mayores recursos parte de una situación más favorable. El índice busca justamente aproximarse a la gestión: cuánto logra cada provincia transformar los recursos que tiene y las dificultades que enfrenta en permanencia escolar y aprendizajes.
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En el caso de Córdoba, estar entre las provincias mejor posicionadas en términos relativos no implica que los resultados educativos sean buenos. El indicador muestra que apenas el 57% de los niños y jóvenes considerados permanece escolarizado y alcanza los aprendizajes mínimos, es decir que más de 4 de cada 10 no logra cumplir simultáneamente ambas condiciones. La provincia obtiene más de lo esperado dadas sus condiciones, pero sigue teniendo un problema educativo importante.
La comparación entre CABA y Formosa permite ver con claridad la dimensión de gestión que intenta captar el índice. CABA tiene los mejores resultados educativos absolutos del país, mientras que Formosa se encuentra bastante por debajo. Sin embargo, la Ciudad parte de condiciones mucho más favorables y obtiene un resultado cercano al esperable para ese contexto; Formosa, en cambio, consigue superar lo que cabría esperar dadas sus mayores dificultades. La diferencia muestra que la gestión no se evalúa solamente por el resultado final, sino por la capacidad de cada sistema para transformar los recursos disponibles y las condiciones que enfrenta en permanencia escolar y aprendizajes.
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La discusión pendiente es la gestión
Los recursos importan, pero no se transforman automáticamente en mejores aprendizajes. Entre el presupuesto educativo y los resultados hay una dimensión que suele quedar relegada: la capacidad del sistema para convertir esos recursos en mejores trayectorias y aprendizajes.
Ahí aparecen preguntas más complejas que cuánto se gasta: cómo se distribuyen los recursos, cómo se organizan las escuelas, cómo se seleccionan y forman los docentes, cómo se gestiona el ausentismo, qué incentivos genera la carrera docente, cómo se acompaña a las instituciones con mayores dificultades y, sobre todo, cómo se utiliza la información para identificar problemas y corregir aquello que no funciona.
En Argentina se discute mucho cuánto se invierte en educación y bastante menos qué se logra con esa inversión. El desafío es incorporar ambas dimensiones al debate: garantizar recursos suficientes, pero también revisar las reglas, los incentivos y las formas de organización que determinan su impacto. Mejorar la educación no es solamente gastar más; también es lograr que cada peso invertido se traduzca en más chicos dentro de la escuela y, fundamentalmente, en más chicos aprendiendo.