
El Xeneize y la Academia se enfrentan en una nueva edición del clásico más repetido de la nueva década. Los aspectos tácticos a tener en cuenta para un duelo que promete desde el juego.
El Xeneize y la Academia se enfrentan en una nueva edición del clásico más repetido de la nueva década. Los aspectos tácticos a tener en cuenta para un duelo que promete desde el juego.
Un mes en el fútbol -y mucho más en nuestro fútbol- es una eternidad. Para muestra, el camino andado y desandado por Boca y por Racing desde el 1-1 del 23 de agosto en el Cilindro por la sexta fecha del Torneo Clausura: la lesión traumática del mago Tomás Aranda y la (re)caída en el ostracismo del indescifrable Matko Miljevic; cambios de caras solo forzados por la dosificación y por las lesiones en uno y obligados por un pobre funcionamiento en el otro; y la consolidación de un Xeneize sin tanto brillo individual pero muy serio colectivamente y el hundimiento de una Academia sin áreas que, con un libreto viejo, se reencontró con el triunfo.
He aquí ambos, otra vez cara a cara en otro partido sin mañana. El décimo mata-mata de la nueva década. Ganar o caer.
Rodolfo Arruabarrena y Juan Pablo Vojvoda parten de idearios similares. Ser protagonistas, tener la pelota y recuperarla lo antes posible. Los perfiles de jugadores y las dinámicas de este deporte encuentran al Vasco y al Croata en distintos momentos. Uno más confiado, el otro más urgido. A continuación, las claves que pueden llevar a sus dirigidos a imponerse en un clásico de alto vuelo.
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El juego por las bandas, virtud por carencias interiores
Hubo un tiempo no muy lejano en el que Boca y Racing fueron paradigmas del "mediocampismo". Juego de pases cortos entre sus volantes, protagonistas de un fútbol menos enfocado en las posiciones y más en las relaciones. En el caso del cuadro de la Ribera, la fractura de peroné de la pierna derecha de Aranda -socio ideal de Leandro Paredes entre líneas, acelerador y mejorador de jugadas en tres cuartos- forzó a Arruabarrena a ajustar y a profundizar: sin ese diferencial de calidad por adentro, las respuestas debían llegar por las bandas. El (otro) talento encontró su camino.
Desde los costados del ya más que asentado 4-3-3 azul y oro, nacen aquellas que César Luis Menotti denominó como "pequeñas sociedades": en la izquierda, Lautaro Blanco tiene terreno y potencia para escalar gracias a las internadas del suelto Alan Velasco; por derecha, Leonel Flores estira y amenaza abierto hasta que Leandro Lozano, lateral autosuficiente -y goleador-zurdo destapado-, crece y lo desdobla por afuera o por adentro. Como apoyos, dos pulmones como Milton Delgado y Santiago Ascacíbar, éste último también especialista en cargar el área y en ofrecer otra referencia para los filosos centros de Blanco o de Flores.
Las triangulaciones como remedio de un fútbol que, aunque más lúcido y dinámico de lo esperado sin el "10", necesitaba reinventarse para sustentar esta nueva realidad.
Lozano apareció por sorpresa y puso el 1-0 para Boca
El gol de Miguel Merentiel para Boca ante San Lorenzo
Del otro lado, una Academia que quería ser un equipo nuevo y ha terminado volviendo a las bases. Si Vojvoda llegó con la propuesta de alejarse del binomio juego directo-segunda pelota pregonado por Gustavo Costas, la falta de garantías de su 4-3-1-2 plagado de jugadores de buen pie pero seriamente carenciado de solidez en las transiciones y en las áreas lo hizo patear el tablero frente a Sarmiento: bienvenidas de nuevo la línea de tres/cinco defensores, el foco en las pelotas largas a la dupla Maravilla Martínez-Lautaro Díaz en un 3-5-2 y un reparto más dividido de la posesión.
Y, más causal que casualmente, bienvenido también el triunfo después de ocho juegos de sequía devenida crisis y casi acefalía técnica.
Con dos marcadores centrales exteriores proactivos, agresivos y de la casa como Gonzalo Escudero -autor de un golazo de media distancia frente al Verde- y Mateo Martínez protegidos por el veterano Marcos Rojo, junto a dos volantes ofensivos tirados por las bandas como Nacho Rodríguez y Matías Zaracho -que conservaría su lugar a pesar del regreso de lesión del más natural Ezequiel Cannavo-, Racing priorizó hacerse fuerte con lo ya sabido y desechar lo no aprendido. Tanto es así que su entrenador, entre el conformismo y el alivio por romper su pared personal, repetiría sistema e intérpretes bajo la lógica de una gloria xeneize como Carlos Bianchi: que una victoria llame a otra victoria.
El golazo de Gonzalo Escudero para Racing contra Sarmiento (1-0)
El gol de Ignacio Rodríguez para Racing contra Sarmiento (3-1)
Presionar para no hundirse, todo un desafío
"El fútbol es como una manta corta. Si te tapás la cabeza te destapás los pies, y si te cubrís los pies te destapás la cabeza". Palabra de Elba de Pádua Lima, alias Tim, brasileño sabio de la tribu que condujo al inolvidable equipo de los Matadores de San Lorenzo, campeón del Torneo Metropolitano 1968. El fútbol, dicen otros en este tiempo de la historia de datificación de todo, es "un juego de números". Que Racing tenga un defensor más en el fondo implica, inexorablemente, que haya un delantero menos arriba. Con pelota y, también, sin ella.
Si el punta Maravilla y el segunda punta (quien sea entre Tomás Conechny, Duván Vergara o Adrián Toto Fernández, uno más intenso que los otros dos más talentosos, todos candidatos a reemplazar al lesionado Díaz) saltan a presionar a Lautaro Di Lollo y a Facundo Jagger Herrera -y el trinomio académico Lódico-Pérez-Ortegoza sobre la tripla xeneize Ascacíbar-Paredes-Delgado-, los hombres libres de Boca serán Blanco y Lozano. Para evitarlo, Rodríguez y Zaracho deberían ser valientes e ir sobre ellos. Pero, al mismo tiempo, arriesgarse a dejar mano a mano a sus tres centrales con Velasco, Flores y el bestial Miguel Merentiel. Con Sarmiento, los tramos de repliegue se pagaron caro.
Frente a un rival con mayor jerarquía como Boca, seguramente más dañino a la espalda de esos tándems Rodríguez-Escudero y Zaracho-Martínez con centros cruzados -y mucho más incisivo con los pases de Paredes, a determinar si se la hará una marca personal o zonal-, no debe tentar a la suerte.
El gol de Junior Marabel para Sarmiento ante Racing (1-1)
Las cosas no son muy distintas en la otra vereda. Aunque con un énfasis más marcado en los marcajes hombre a hombre desde su regreso al club de su vida, Arruabarrena sabe que su estilo es interpretado por futbolistas que defienden mucho mejor lejos de su área que atrincherados cerca o dentro de ella. Es por eso que el plan A es asfixiar los primeros pases rivales con un bloque compacto y agresivo, liderado por un Merentiel que corre de zaguero a zaguero. Solo cuando robar es menos seguro que hundirse, el 4-5-1 se vuelve una realidad. Y en ese escenario, comienza otra historia.
No son pocos los rivales que han expuesto las falencias en la retaguardia bostera. Sin ir más lejos, un limitado São Paulo arrinconó a Boca con centros cruzados y lo puso a temblar con una pelota parada, endémico factor limitante de una línea defensiva sin jerarcas como antaño. Acostumbrarse a marcar sistemáticamente al hombre también tiene sus consecuencias en la autonomía propia y en la referencia de la pelota y de otros hombres: una cortina o un llegador imprevisto y el arquero -que no será Álvaro Montero- deberá lucirse para evitar el saque del medio.
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Brey y Cambeses, ascendencias distintas pero estilos similares
Leandro Brey sumó 1220' en 15 partidos durante este 2026. En 2025, fueron 842' en 11. La razón de su (mínimo) aumento de tiempo de juego está en la enfermería desde abril: Agustín Marchesín dejó el arco huérfano, lesión ligamentaria mediante, hasta que Montero llegó en julio. El llamado de Colombia en esta fecha FIFA XL le dio al Patito una nueva oportunidad. Y a Boca, una modificación en sus formas por hacer.
Una de las grandes virtudes de Montero desde su llegada a Brandsen 805 ha sido su saque, especialmente a la hora de activar los contragolpes. Brazo derecho potente como una ballesta, sus reinicios una vez capturada la pelota son la tormenta perfecta para los rápidos de arriba. Además, sus dos metros de altura son -el tiempo lo ha mostrado- una garantía sobre la línea pero una dificultad fuera de ella.
Un poco menos alto pero bastante más ágil, Brey quitará y sumará. Entre sus puntos más fuertes, su presencia en los penales (6 de 19 atajados en tandas); su competición preferida, la Copa Argentina.
Así fue la tanda de penales entre Boca y Gimnasia
Facundo Cambeses siguió el camino inverso. A la sombra de Gabriel Arias durante año y medio hasta que el mito neuquino nacionalizado chileno fue leyenda, el ex-Banfield es -altibajos aparte- uno de los referentes en la posición del ecosistema local. Agresivo y garante de voladas que apagan muchos de los incendios ocasionados en este último tramo, Cambeses encara su decimoquinto partido de mata-mata como el número uno de Racing con la confianza de tal.
Más penales atajados (10) que recibidos (8) en tiempo reglamentario. Un dato que grafica -aunque no sentencia, porque los matices, sí, existen- la expertiz en la materia de aparecer en los momentos más complejos del oriundo de Longchamps.
Aspecto desde ya analizable en tanto serie eliminatoria pero solo crucialmente decisivo cuando el juego no es suficiente en los más importantes noventa minutos, la pena máxima puede decantar la balanza en un contexto de paridad. Y, en ese sentido, Racing tiene a una garantía mayor en términos numéricos que, además, cuenta con un rodaje (3180' en 45 partidos) muchísimo más amplio.
Cambeses le contuvo el penal a Díaz en la caída frente a Atlético Tucumán
Boca y Racing. Racing y Boca. Una historia centenaria que cabe y se potencia en una última década de roce y duelos constantes por cosas importantes. Por momento futbolístico, el Xeneize llega mejor que la Academia. Pero tan infinito este juego, los pronósticos quedan deshechos cuando la número cinco empieza a rodar y el público a vibrar. Será otro capítulo de una saga imperdible. Y la táctica tendrá una película aparte.
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