
Gustavo Rodas comenzó a destacar desde muy pequeño con la camiseta de la Lepra y llegó a ser considerado a la par del astro argentino, pero la falta de disciplina y ambición marcaron a fuego una carrera que estuvo lejos de la imaginada.
Gustavo Rodas comenzó a destacar desde muy pequeño con la camiseta de la Lepra y llegó a ser considerado a la par del astro argentino, pero la falta de disciplina y ambición marcaron a fuego una carrera que estuvo lejos de la imaginada.
Gustavo Rodas, o también conocido como Billy, lo tenía todo para ser un auténtico crack e, incluso, llegó a ser comparado con Lionel Messi, con quien compartió múltiples momentos en el predio de Malvinas Argentinas. Si bien llegó a mostrar sus excelsas cualidades en destinos como Colombia, Perú, Japón, Ecuador y China, su carrera estuvo lejos de la que muchos imaginaban, especialmente después de verlo jugar. ¿Cuál fue el motivo principal? “El fútbol no era mi pasión”.
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Billy comenzó su trayectoria casi en simultáneo con el astro argentino en Newell's, equipo en el cual ambos la rompían en la categoría 86 y 87 respectivamente. El potencial que tenía, al mismo tiempo, era reconocido por los directivos de aquel momento, siendo el ex-presidente Eduardo López (que ocupó el cargo desde 1994 hasta 2008) quien, al ser notificado de la salida del 10, no se preocupó en absoluto y lanzó con pura contundencia: “No importa, lo tenemos a Rodas”.
Incluso en 2002, cuando Julio Zamora era el entrenador de la Lepra, el ex-futbolista se convirtió en el jugador más joven en tener su presentación en la Primera División del cuadro rosarino con apenas 16 años. Lejos de aplacarse por el contexto, el habilidoso volante -que aquel día jugó como enganche- tuvo su bautismo goleador prácticamente de manera inmediata: a los 90 minutos marcó el 4-1 definitivo ante Talleres de Córdoba y, así, redondeó un debut absolutamente soñado.
En diálogo con Diario La Capital, Rodas recordó aquellos partidos que compartió junto a Messi. “Sí, no muchos, pero jugué cuando lo subían porque se veía que era bueno. Tuvimos la chance de jugar algunos encuentros”, rememoró. Y agregó: “Por la forma de vida que tenía, de dónde venía, finalmente no se dio. Pero Leo ya de chiquito se veía que tenía cosas. Lo mío por ahí se veía un poco más y decían eso (en referencia a que se hablaba más sobre él que del propio Lionel).
“Me daba cuenta que sobresalía, pero era un chico rebelde, no tenía límites y no era mi pasión. Lo jugaba, lo vivía en ese rato, pero era algo que lo hacía porque sí. No entendía porque mis compañeros tenían tanta pasión por el fútbol, por una pelota. Yo no lo sentía, me gustaba jugar con mis amigos, pero cuando tenía una responsabilidad, una presión, no me gustaba”, reveló sobre el motivo que, sin dudas, no le permitió cumplir con las expectativas que se tenían de él.
Es más, según sus propias palabras, la indisciplina le jugó una mala pasada y la intención con la que veía al fútbol, también: “Sé que podría haber llegado a más, pero era indisciplinado. Si tenía que ir a entrenar a un horario no me gustaba, o no iba. Hacía lo que tenía ganas en ese momento. No tenía incorporado eso de ‘tengo que entrenar’ o ‘tengo que cuidarme para estar bien’. No pensaba tanto en que tenía que descansar porque debía jugar. Yo quería hacerlo con mis amigos, ir a la esquina a jugar con los pibes”.
Por otro lado, reconoció que muchos entrenadores que ha tenido a lo largo de su carrera intentaron “encaminarlo”, aunque ninguno de ellos (Julio Zamora, Gallego, Nery Pumpido y Arsenio Ribeca) lograron llevarlo a buen puerto. “El Tolo Gallego me trató bien, me cuidó, pero no pudo lograrlo. Después me terminó bajando porque tenía que entrenar y falté como tres días. Ribeca me bancaba un montón. Fueron todos buenos técnicos, pero no pudieron conmigo”, afirmó.
Rodas, a diferencia de muchos, no se arrepiente de las decisiones que tomó a lo largo de su vida y mucho menos en relación a la cuestión monetaria. “No reniego de nada. No habría cambiado nada. Nunca me interesó la plata porque si no hubiese sido millonario. En China me quedé solo a intentarlo (su familia regresó al país, ya que no encontraron una escuela internacional para sus hijos), pero me di cuenta que la plata no tenía sentido si no estaba con ellos, con mis amigos”, concluyó.
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