
Héctor Ártico integró el recordado equipo de Ángel Labruna que terminó con 18 años de sequía en el Millonario. Tras retirarse invirtió en gastronomía y propiedades, pero atravesó graves problemas familiares y debió empezar de nuevo.
Héctor Ártico integró el recordado equipo de Ángel Labruna que terminó con 18 años de sequía en el Millonario. Tras retirarse invirtió en gastronomía y propiedades, pero atravesó graves problemas familiares y debió empezar de nuevo.
Héctor Ártico fue tricampeón con River, compartió la defensa con Roberto Perfumo y Daniel Passarella y disputó más de cien partidos con la camiseta millonaria. Sin embargo, después de haber alcanzado la gloria en el equipo de Ángel Labruna, perdió las siete propiedades que había adquirido durante su carrera y comenzó a trabajar como remisero en Colonia Caroya, Córdoba.
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El Gringo había dado sus primeros pasos en Talleres, club al que llegó mientras trabajaba en una bodega. Su rendimiento llamó la atención de Labruna, quien lo dirigió en Córdoba y luego pidió su incorporación a River para la temporada de 1975. En Núñez se convirtió en una pieza importante del conjunto que ganó el Metropolitano y cortó una histórica racha de 18 años sin títulos.
“Pese a la enorme diferencia que sacamos en la primera rueda, en las revanchas Boca se nos fue acercando y estuvo ahí nomás. Por suerte fuimos campeones, porque si no la historia hubiese sido muy dolorosa para todos”, recordó Ártico en una entrevista con Eduardo Bolaños publicada por Infobae. También obtuvo el Nacional de 1975 y el Metropolitano de 1977 antes de continuar su trayectoria en Vélez, Estudiantes, Unión, Talleres, Tigre y Defensores Unidos.
Después del retiro intentó asegurar su futuro mediante diferentes inversiones. Abrió un negocio de comidas cerca de La Rural, en Palermo, y compró siete departamentos en Belgrano. “Había hecho inversiones interesantes, al punto que llegué a tener siete departamentos”, relató el exdefensor, quien parecía haber encontrado la estabilidad económica fuera de las canchas.
La situación cambió cuando a su padre le diagnosticaron cáncer. Ártico decidió pagarle la mejor atención posible y vendió cuatro propiedades para afrontar un tratamiento que duró tres años. Según contó al mismo medio, los otros tres departamentos quedaron en manos de su expareja tras una separación: “De un día para el otro decidió terminar la relación y hasta cambió la cerradura de la casa donde vivíamos. Fue un momento muy duro, pero salí adelante con trabajo”.
Sin propiedades y lejos del fútbol profesional, comenzó a manejar un remís en Buenos Aires. Más tarde regresó a Colonia Caroya, donde continuó con ese oficio después de trabajar como chofer transportando motores hasta la pandemia. “Con 74 años (ahora 77), laburo de lunes a lunes y no tengo ningún problema”, aseguró Ártico, quien afrontó su nueva realidad sin renegar de su pasado: “El retiro nos cuesta a todos, pero desde chico tenía incorporada la cultura del trabajo”.
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