
Ídolo y simbolo del club, entró al equipo en 1956 y jugó hasta el 70. Adorado por la gente, fue el estereotipo del 5 de Boca, esforzado y líder total.
Ídolo y simbolo del club, entró al equipo en 1956 y jugó hasta el 70. Adorado por la gente, fue el estereotipo del 5 de Boca, esforzado y líder total.
Antonio Ubaldo Rattin, ídolo de Boca. Así podríamos presentarlo, simplemente. El Rata es uno de esos ídolos que quedan en el recuerdo, de los que hay un pequeño puñado en la historia de un club, uno de los elegidos del pueblo como Rojitas, Riquelme, Natalio Pescia, Pierino González, Sarlanga o Pancho Varallo. Sin dudas, Rattin está en la élite de los diez ídolos más grandes de la historia del club, donde debutó hace 70 años, con apenas 19, nada menos que contra River.
En aquel 1956, Boca no venía bien en el campeonato porque el 5 del equipo, Eliseo Mourinho -capitán y jugador de la Selección, un tipo de calidad, pero además metedor- no pudo jugar en todo el año por una hepatitis. Boca, que no encontraba fuera del club a nadie para cubrir ese lugar, apostó por ese flaco alto de 19 años, menos dúctil con la pelota pero de gran presencia física que en su primera vez debió marcar nada menos que a Ángel Labruna. En una acción del partido, le pegó una fuerte patada al ídolo de River, que desde el piso lo calmó: "Pibe, jugá con tranquilidad que vas a tener muchos años". Boca ganó 2-1 y Rattin no salió más durante 14 años, cuando se retiró finalmente con la misma camiseta.
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Ni siquiera dejó su lugar cuando regresó Mouriño, que se acomodó más atrás, como un cuarto zaguero, dejándole el medio a Rattin. No tenía una gran calidad técnica Antonio, pero era un tipo que dejaba la marca, con una gran personalidad, el típico caudillo que, así como alguna vez fue férreo marcador de Labruna, también le hizo sentir el rigor a Pelé en la Copa Libertadores.
En la Selección jugó los mundiales de Chile 62 e Inglaterra 66, cuando protagonizó aquel recordado episodio del banderín y la alfombra de la reina que lo convirtió en leyenda. También participó de la Copa de las Naciones 64, que ganó la Selección Argentina.
Se retiró muy joven, con apenas 33 años, y fue el primer jugador argentino al que se le hizo un partido despedida al que llegaron figuras de toda Sudamérica, tal era la dimensión del homenajeado. Sus números dicen que jugó 382 partidos (siempre como titular) y marcó 28 goles. En cada uno de esos encuentros dejó la vida. Como periodista me tocó cubrir un partido de Boca en Mendoza, y recuerdo que mientras algunos de sus compañeros se bañaban y cambiaban en el hotel y se aprestaban a salir, Antonio se quedaba tirado en la cama, fusilado de todo lo que había corrido y metido.
Como técnico tuvo un paso breve, en el que durante una rueda el equipo no la pasó bien y, aunque terminó acomodado en la tabla, él prefirió no insistir. Las imágenes que quedan son las del campo de juego, con la número 5 en la espalda, símbolo y líder. Ganó cuatro títulos con la camiseta azul y oro, pero el más importante sin duda es el de ídolo y el de aquella frase con la cual los hinchas lo definían: "el alma de Boca".
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