
Argentina goleó en el primer partido del nuevo ciclo. Ante un rival que no ofreció paridad, la Albiceleste se lució y mostró un inicio esperanzador en la era post Leo.
Argentina goleó en el primer partido del nuevo ciclo. Ante un rival que no ofreció paridad, la Albiceleste se lució y mostró un inicio esperanzador en la era post Leo.
Argentina empezó a jugar después de Messi. En el primer partido tras el Mundial 2026 y con la despedida del capitán todavía a dos encuentros de distancia, la Selección goleó 4-0 a Bolivia y mostró algo más importante que el resultado: una primera identidad para la nueva etapa.
Lionel Scaloni eligió un 4-4-2 con Emiliano Martínez; Agustín Giay, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Román Vega; Exequiel Palacios, Alexis Mac Allister, Nico Paz, Gianluca Prestianni; Lautaro Martínez y Julián Álvarez; pero la verdadera estructura apareció cuando el equipo atacó: cinco carriles ocupados, distintas alturas y cambios permanentes de velocidad para abrir el campo, congestionar por dentro y encontrar siempre una ventaja.
Arrancó la era post-Messi y la Selección Argentina goleó a Bolivia en un amistoso
Cinco carriles, diferentes alturas y cambios de velocidad
La primera clave estuvo en ocupar los cinco carriles, pero no como una simple distribución horizontal. Argentina buscó tener a Giay y Vega bien abiertos, a Paz y Prestianni con libertad para moverse hacia dentro y a los dos delanteros alternando referencias. La diferencia estuvo en que esos cinco carriles nunca fueron ocupados a la misma altura ni con la misma velocidad. Ahí aparecen las tres claves que explican buena parte de lo que intentó hacer la Selección: carriles, alturas y velocidad. Si Giay atacaba profundo y aceleraba por derecha, Nico Paz podía cerrarse para asociarse; si Vega progresaba por izquierda, Prestianni tenía la posibilidad de estirar al equipo boliviano antes de entrar y jugar en corto. Argentina se hacía ancha para abrir grietas, pero la intención final era casi siempre jugar por dentro. La amplitud no era el destino del ataque, sino el mecanismo para encontrar espacios interiores. Y esa movilidad también aparecía entre los delanteros: Lautaro buscaba permanentemente amenazar la espalda de los centrales con desmarques de ruptura, mientras Julián partía desde esa misma zona pero intentaba salir a jugar en corto, incluso sin recibir, para arrastrar a uno de los tres defensores de Bolivia. Esa modificación de alturas generaba el espacio que necesitaban los volantes para atacar.
Argentina encontró una fórmula para atacar sin Messi: carriles, alturas y velocidad
El ejemplo más claro apareció en los dos primeros goles. Mac Allister compartió el eje con Palacios, pero no la misma altura: habitualmente se ubicó unos 10 o 15 metros por delante, preparado para recibir y jugar vertical. Así nació el 1-0, con una acción rápida por dentro que terminó en el remate de Lautaro. El 2-0 mostró todavía mejor la combinación: Palacios encontró a Nico Paz con un pase filtrado y el pibe del Como resolvió con enorme calidad. Pero hubo algo más importante detrás de esa jugada. Argentina ya había atacado, la pelota había terminado en las manos del arquero boliviano y, sin embargo, el equipo no retrocedió: se quedó alto, comprimió el campo, presionó sobre la salida, puso de costado a su rival y recuperó en zona ofensiva. Desde allí volvió a atacar de manera directa hasta encontrar el gol. Es la otra cara de la misma idea: amplitud para estirar, ocupación interior para progresar y velocidad para aprovechar el momento en que aparece la grieta. El 4-0, además, tuvo otra señal de esa ocupación ofensiva, con Paz encargado de la pelota parada tras una falta conseguida por Vega presionando bien alto y Cuti Romero atacando el área para convertir el tercero.El cuarto fue un jugadón de Flores que se ensucia al final y el Flaco López termina definiendo a un palo del arquero Viscarra.
La goleada dejó una primera 'foto' de la Argentina post Mundial y post Messi: no parece buscar un reemplazo individual para el 10, sino una estructura capaz de repartir funciones y amenazas. Los carriles, las diferentes alturas y los cambios de velocidad forman una sola herramienta: mientras uno fija, otro rompe; mientras uno estira, otro se mete; mientras uno acelera, otro aparece a una altura distinta. Eso volvió compleja y eficiente la circulación argentina ante una Bolivia que nunca logró poner realmente a prueba esa estructura. Y ahí aparece el asterisco que todavía queda abierto: qué sucederá cuando esa misma vocación ofensiva no esté tan precisa en la primera acción y Argentina pierda la pelota con los laterales altos, los volantes por delante y los centrales instalados lejos de su arco. La presión tras pérdida puede ser el mecanismo para sostener ese riesgo, pero frente a un rival capaz de superar la primera presión habrá que comprobar cómo responde esa última línea. Contra Bolivia, la pregunta quedó planteada; la respuesta todavía necesita otro escenario de prueba.
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