
Una investigación de la Universidad Austral relevó a 1.028 personas y encontró que el 20,4% cuida a un familiar. Entre quienes son responsables principales del cuidado, el 40,8% presenta una sobrecarga intensa. María Sol González, investigadora a cargo del trabajo, advirtió sobre el impacto de esta situación y la falta de licencias para atender a adultos mayores.
Viernes 02 de Octubre de 2026 - Actualizada a las: 18:47hs. del 02-10-2026
Una de cada cinco personas entrevistadas para un estudio de la Universidad Austral realiza tareas de cuidado de algún familiar. El relevamiento también detectó que cuatro de cada diez cuidadores principales presentan una sobrecarga intensa, mientras que seis de cada diez atraviesan algún grado de sobrecarga.
María Sol González, investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, explicó que el cuidado no se distribuye de la misma manera entre quienes participan de esas tareas.
“Cuando vemos el total de personas que cuidan, el porcentaje de varones y mujeres es bastante similar, no hay diferencia por sexo. Pero cuando vemos quién es el que asume el rol principal, ahí sí notamos una diferencia significativa”, señaló.
Según los datos del estudio, el 60,6% de las mujeres que cuidan son responsables principales, frente al 44,4% de los varones. Para González, esa diferencia tiene consecuencias sobre la vida personal y laboral de quienes asumen la mayor parte de las tareas.
La generación que cuida a hijos y adultos mayores
González explicó que el cuidado de adultos mayores tiene una frecuencia similar al de menores de 18 años y que una de cada ocho personas cuida simultáneamente a ambos grupos.
La situación es más frecuente a medida que aumenta la edad. Entre quienes tienen entre 18 y 30 años, el porcentaje de personas que cuidan no llega al 10%. A partir de los 34 años, en cambio, alcanza aproximadamente a un tercio.
Ese escenario genera lo que la investigadora definió como una “generación sandwich”, integrada por personas que deben responder al mismo tiempo a las necesidades de sus hijos y de familiares adultos mayores.
La carga también aumenta cuando la persona cuidada tiene una discapacidad. El estudio registró un 50% de sobrecarga intensa en esos casos.
El cuidado se suma al trabajo
Para González, una de las características del fenómeno es que cuidar a un familiar no necesariamente implica abandonar el empleo. En muchos casos, la tarea se incorpora a las obligaciones que ya tiene la persona. “El cuidado a la gente no la saca del mercado laboral, sino que se suma como una tarea más”, explicó.
La combinación de ambas responsabilidades genera un conflicto entre trabajo y familia que, según la investigadora, puede ser mayor en quienes cuidan a hijos y adultos mayores de manera simultánea.
El estudio también encontró diferencias según la situación laboral. Las personas con empleos formales tienen mayor acceso a licencias vinculadas al cuidado que quienes trabajan de manera informal o independiente.
González remarcó que “hoy no hay licencias para cuidar adultos mayores” y planteó que esa ausencia incrementa la carga sobre quienes deben acompañar a sus familiares.
“Hay licencias por maternidad, por paternidad, se están dando días para eventos escolares, pero para el cuidado de adultos mayores no”, señaló.
Una carga que afecta más a las mujeres
La investigación también indagó sobre las consecuencias personales de esa responsabilidad. Entre las cuidadoras principales, el 44% manifestó dificultades para sostener un proyecto personal, frente al 10% de los varones.
Además, solo una de cada cinco mujeres cuidadoras principales no reportó dificultades vinculadas con la carga del cuidado, mientras que entre los varones esa proporción se acerca a la mitad.
“Creo que hay que empezar a repartir esta sobrecarga para equiparar la situación”, sostuvo González, quien vinculó ese objetivo con cambios en las licencias y en la distribución de las responsabilidades familiares.
La investigadora señaló que actualmente persiste una asociación cultural entre las mujeres y las tareas de cuidado: “Hoy estamos acostumbrados a que la mujer cuida, y ahora además la mujer trabaja, pero como está acostumbrada históricamente a cuidar, se le atribuye más carga”.
El cuidado también tiene un componente positivo
El 95,7% de las personas que cuidan encontró algún aspecto gratificante en esa tarea. El cariño mutuo y el tiempo compartido aparecen entre los principales elementos valorados. “Una cultura de cuidado tiene que reconocer las dos cosas: aliviar la carga sin negar el sentido del cuidado”, resumió.
Para González, los resultados plantean la necesidad de revisar las políticas vinculadas al cuidado, especialmente frente al aumento de la expectativa de vida, la disminución de la natalidad y el corrimiento de la edad en la que las mujeres tienen hijos.
El objetivo, explicó, es que el cuidado no recaiga sobre una sola persona y que quienes sostienen esas tareas también cuenten con apoyo y protección.