
Gonzalo Olid Apaza fue una promesa de River, disputó un Mundial juvenil y entrenó con la Mayor de Argentina, pero dejó el profesionalismo a los 22 años tras perder el entusiasmo por la pelota.
Gonzalo Olid Apaza fue una promesa de River, disputó un Mundial juvenil y entrenó con la Mayor de Argentina, pero dejó el profesionalismo a los 22 años tras perder el entusiasmo por la pelota.
Gonzalo Olid Apaza llegó a encontrarse dentro de una cancha con Lionel Messi y Diego Maradona, compartió las Juveniles de la Selección Argentina con Emiliano Martínez y formó parte de una de las categorías más prometedoras de River. Sin embargo, su carrera tomó un rumbo inesperado: dejó de jugar profesionalmente cuando todavía era joven y comenzó a trabajar en el reparto de garrafas, papas y verduras.
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El volante llegó al Millonario a los 12 años y viajaba diariamente desde San Miguel para entrenarse. Integró la categoría 1992 junto a Erik Lamela, Ezequiel Cirigliano, Leandro González Pirez y Rodrigo Rey, entre otros. Ese grupo ganó cinco títulos en las Divisiones Inferiores, aunque Apaza nunca consiguió afianzarse en la Primera y terminó buscando continuidad en el Ascenso.
Su rendimiento también le abrió las puertas de la Selección Argentina. Fue convocado inicialmente por Ubaldo Fillol y luego pasó por los combinados Sub 15, Sub 17 y Sub 20. En el Sudamericano y el Mundial Sub 17 de 2009 tuvo como compañero al Dibu Martínez. “Tenía la misma confianza que tiene hoy. No me sorprende que haya logrado todo lo que logró”, recordó en una entrevista concedida a Infobae.
Antes del Mundial de Nigeria, los juveniles fueron utilizados como sparrings de la Selección Mayor que dirigía Maradona y cada miércoles disputaban prácticas junto a Messi y otras figuras. “El Diego era el árbitro del partido. Jugábamos con Messi, estaban todos”, relató. También reconoció que aquella experiencia parecía irreal: “Tenía ganas de abrazarlo en medio del entrenamiento. Necesitaba que me pellizcaran para creerlo”. Sobre la Pulga, contó a TN: “Jugaba a media máquina y parecía que estaba al 100 por ciento”.
Sin posibilidades en River, Apaza pasó por Deportivo Merlo, Defensores de Belgrano, Cambaceres y San Miguel. El cambio de realidad fue impactante: “Pasé de estar en uno de los clubes más grandes de Argentina a Merlo, donde a veces no teníamos ropa o agua caliente”. En septiembre de 2014, después de un partido de Cambaceres, llamó a su padre y le comunicó que abandonaría el profesionalismo. “Había dejado de disfrutar. Terminaba de entrenar y quería irme a mi casa lo antes posible”, explicó.
Su primera oportunidad laboral llegó de la mano de un amigo que repartía garrafas y le propuso comenzar a trabajar a las cinco de la mañana. Más tarde utilizó los ahorros que le había dejado el fútbol para comprar un camión y se incorporó al negocio familiar. Actualmente posee un reparto que abastece con papas, cebollas y otras verduras a mercados, bares y restaurantes. “Nunca dejé de jugar al fútbol, sino que dejé de dedicarme a eso. Estoy muy tranquilo con la decisión”, aseguró.
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