
Puso límites, levantó rendimientos, recuperó deshuciados. Hace los cambios que debe, cuida a los pibes y hace jugar al fútbol a todos. El resultado: Boca gana, gusta, golea y pelea en todos lados. Gracias por volver, Vasco.
Paredes ya estaba y era figura. Milton y Asacacíbar, sus lugartenientes del medio, también. Merentiel hizo goles y los erró con todos los técnicos que tuvo. A Brey ya le habían hecho un gol olímpico en Rosario. Blanco siempre fue una locomotora aunque con vías rectas, sin una sola curvita. Aranda se había ganado la convocatoria a la Selección y hasta los elogios asombrados de Scaloni. Di Lollo estaba asentándose al lado de Costa (mayormente) o de Pellegrino. Velasco era un nombre prohibido (solo se lo puteaba o se lo chiflaba para repudiarlos a él y al presidente). Palacios estuvo a punto de irse a Colo Colo, repudiado. Alarcón era moneda de cambio (o lo entregaban hasta gratis).
¿Qué cambió entonces? Llegó Montero, que en estos dos últimos partidos no estuvo (y se ganó igual). Lozano brillaba en Argentinos. Villa había sido figura de Independiente Rivadavia -aún no lo demostró acá. A los tres les echó el ojo Riquelme, negoció por ellos, los trajo. Flores estaba detrás de Zufiaurre y Gelini (en la sabia consideración de Úbeda), Jagger era el pibe que se parecía a Jagger pero seguía allá abajo.
¿Eso cambió? Sí, eso cambió, irrefutable. Pero lo que realmente cambió es que Boca, después de desastres de todos los calibres imaginables (técnicos que venían de fracasos, otros en declive, jóvenes que no estaban a la altura, ayudantes de campo, buchones, ídolos que no daban la talla o ni siquiera estaban interesados), fue a buscar a un técnico formado. Rodolfo Martín Arruabarrena, el Vasco, es la verdadera razón de este gran momento de Boca. Que "todavía no ganó nada", como él se encarga de repetir cada vez que sale el tema, pero que se transformó en un equipo ganador, serio, con variantes, que da gusto ver. No, no era tan mínima la cuestión del entrenador entonces.
El mismo Vasco, para aceptar el cargo, le puso los puntos a Riquelme: afuera Cavani (goleador retirado e informante del poder) y el romanticismo de Herrera (un crack de destellos y camillas). Eran dos decisiones pesadas, pero Riquelme las aceptó. Y a partir de allí, las aguas quedaron divididas. El Vasco con el equipo, Román con el club. Dos cosas distintas que pueden tener intersecciones, pero apenas eso.
Uno de los resultados, para no hacerla muy larga, es este 3-0 contra Unión que el propio Leo Madelón, un viejo zorro que muchas veces había complicado, casi había vaticinado. Con el anulo mufa o por convicción real, Carol había dicho que a este Boca no se le podía ganar y acertó. Volvió la conexión aérea Paredes-Di Lollo y el Vasco, un técnico -no sé si ya estaba dicho que es un técnico en serio-, metió los cambios que hacían falta. Después de darle descanso a la Floresmanía para bajar la espuma, mandó al pibe a la cancha y él se encargó del resto con sus dos primeros golazos (ojalá sean muchos más). Valencia entró y se ganó su primera gran ovación, Palacios hizo su aporte sin resistencias. La mala: perdimos dos tipos en una semana, Belmonte y Velasco. ¿Puteó Arruabarrena, como hacen otros? No. "Vamos a arreglarnos con algunos chicos", dijo. El equivalente a "el grupo salva al equipo" que era común en Bianchi, un tipo que algo sabía de perder jugadores (Palermo en su mejor momento durante seis meses, por citar un caso).
Gracias, Vasco. Gracias por volver, por aceptar el desafío de la revancha, por no guardar rencores después de tanto ataque despiadado. Gracias por haber aprendido y asimilado lo mucho y bueno que te transmitieron los buenos maestros: se puede tener a Aristóteles al frente, que si las cosas te entran por un oído y te salen por el otro, no hay resultados.
Fue 3-0, pero tuvieron sus chances claras Ascacíbar (2), Valencia, Villa, Velasco. Boca sigue subiendo, pelea en todos lados con sus jugadores potenciados, figuras, de Selección. Gracias otra vez, Vasco. Gracias, muchachos, por darle bola e interpretarlo en la cancha. Por darle alas a sus ideas. Boca vuela, y es por todos ustedes.
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