
El Xeneize goleó al Tatengue por 3 a 0 en la fecha 11 del Torneo Clausura 2026. El papel del Vasco en el devenir del partido gracias a la renovación ofensiva en el segundo tiempo.
El Xeneize goleó al Tatengue por 3 a 0 en la fecha 11 del Torneo Clausura 2026. El papel del Vasco en el devenir del partido gracias a la renovación ofensiva en el segundo tiempo.
Boca goleó a Unión por 3 a 0 en la Bombonera por la fecha 11 del Torneo Clausura 2026. Más allá del resultado -más que necesario de cara a la pelea del Xeneize por consolidarse en la cima de la zona A y de la tabla anual-, el partido dejó varias lecturas a nivel táctico antes y después de los cambios de Rodolfo Arruabarrena. Conocé qué fue lo que planteó el Vasco a partir de sus elecciones e intervenciones.
Flores y su primer doblete en Boca tras debutar en la Selección: “Estoy contento con mi presente”
Consecuente con el buen momento de Boca, su entrenador paró la base nominal del único equipo del fútbol argentino protagonista en todos los frentes. La única novedad respecto al vibrante 3-2 frente a Racing fue el ingreso de Sebastián Villa por Leonel Flores, descollante apenas dos días atrás en su breve pero resonante debut con la Selección Argentina. El principal cambio, más allá de los intérpretes, fue en el sistema: sin un extremo definido por derecha, el péndulo del juego se inclinó hacia la izquierda pero, sobre todo, hacia el centro. Un 4-2-3-1 asimétrico.
En ese marco, Leandro Paredes y Milton Delgado se repartían la base de la jugada en pequeña gran sociedad; Santiago Ascacíbar (más liberado de tareas de gestación) se situaba alto y cerrado por derecha, a la altura de un Alan Velasco suelto entre la izquierda y el centro detrás de Miguel Merentiel; y, más cerca de la raya, un Villa abierto y profundo que, por inercia, provocaba que Lautaro Blanco -carrilero nato, insistente aun impreciso en sus centros llegando al fondo- tuviese que desdoblarlo por adentro contra su propia naturaleza. Distinto el panorama para Leandro Lozano, con terreno ancho y resto físico para subir por flanco diestro y marcar diferencias en ataque.
La intención de juego estuvo clara desde el primer momento: juntar pases por adentro, con los volantes cerca unos de otros para siempre tener líneas de pase a las espaldas del 4-1-4-1 de Unión, expuesto ante la constante movilidad de Delgado, Ascacíbar y Velasco a los costados de su volante central Joaquín Mosqueira y por detrás de los internos Nacho Malcorra y Mauro Luna Diale. El tándem forzado entre Blanco y Villa -voluntarioso, desde ya más productivo, pero de toma de decisiones y de cambio de ritmo intermitentes-, junto a la poca presencia en el área rival de un Merentiel desapercibido como en Rosario, conspiraron durante una hora contra un fútbol de rápida circulación y recuperación por presión que hundió irremediablemente al Tatengue en su propia mitad de cancha.
Distinto fue el panorama, ya con el resultado a favor por el cabezazo goleador de Lautaro Di Lollo, a partir de la renovación en ofensiva con los ingresos de Enner Valencia por Merentiel, de Carlos Palacios por Velasco y, sobre todo, del pibe Flores por Villa. Así, Boca sumó a una referencia en punta a la que buscar por arriba o de espaldas como el ecuatoriano; a un pasador y receptor recuperado para la causa como el chileno; y a una fuente de desequilibrio por potencia y por gambeta -y a perfil invertido, su ideal- como el oriundo de Beccar. Piernas frescas, sistema nutrido.
El 2-0, tardío pero seguro, es inexplicable sin la cirugía mayor del Vasco en el último tercio: Valencia, como pivot, atrae marcas y le genera espacios a Ascacíbar (en apoyo) y a Lozano (en ruptura); Palacios, bajo, le permite a Delgado pisar el área y atacar el segundo palo en el centro raso desde la derecha; y Flores, agresivo para seguir la misma fórmula que el Chelo, con el timing para capturar la pelota muerta, la sangre fría para pausar y perfilarse hacia su diestra y la calidad para colocarla en el palo largo del arco de Matías Mansilla. Las bandas, espacios medulares para este Xeneize post-lesión de Tomás Aranda, como zonas de promesas.
En el 3-0, la fórmula cambió pero los protagonistas volvieron a ser los de arriba. Ante un Unión descompensado por cada salida limpia de Boca desde el fondo, Flores enganchó hacia adentro y encontró a Valencia al espacio. La lentitud en la toma de decisiones de Enner le dio tiempo al Tate para replegarse; no así para presionar al primer lanzador, Flores, receptor de la cesión de Valencia y con espacio para volver a exhibir su remate colocado. Otro golazo para certificar otra goleada y sumar otro ladrillo en el muro de la ilusión, de la que el pibe formado en Boca Predio es bandera. Y para hacer testimoniales los ingresos de Ángel Romero y de Williams Alarcón.
El gol de Leonel Flores para Boca ante Unión (2-0)
El gol de Leonel Flores para Boca ante Unión (3-0)
El fútbol de los cinco cambios vive dando muestras de que la línea entre los titulares y los suplentes es cada vez más difusa. Cabría, en palabras de Mikel Arteta, definir a unos y a otros como "iniciadores" y "finalizadores". Arruabarrena, con su capacidad de convencimiento y su lectura durante los partidos, ha hecho del banco una usina de soluciones en contextos bravos y en instantes breves. Lo sucedido frente a Unión, como en la remontada obrada contra Racing, fue una prueba más de ello.
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