
El préstamo bancario privado aumentó 0,7 puntos porcentuales del PBI en agosto comparado con el final del año pasado. En ese marco, el sector del leasing acumula diez trimestres consecutivos de crecimiento, con una expansión interanual de más del 15% a mitad de año.
El préstamo bancario privado aumentó 0,7 puntos porcentuales del PBI en agosto comparado con el final del año pasado. En ese marco, el sector del leasing acumula diez trimestres consecutivos de crecimiento, con una expansión interanual de más del 15% a mitad de año. La mitad de la cartera la representan las pymes.
El crédito viene recuperando espacio en la economía argentina. Según el Banco Central, en agosto de 2026 el financiamiento bancario al sector privado, considerando préstamos en pesos y en moneda extranjera, alcanzó el 12,6% del PIB, frente al 11,9% registrado al cierre de 2025.
En este contexto, estructurar el financiamiento de una empresa no consiste simplemente en conseguir la tasa más baja. Se trata de elegir el instrumento adecuado para cada necesidad y, sobre todo, de hacer coincidir los plazos de la deuda con la capacidad del negocio para generar los fondos necesarios para cancelarla. Una empresa puede ser rentable y, sin embargo, enfrentar problemas si estructura mal sus compromisos financieros.
Los cuatro errores más frecuentes:
1. Descalzar los plazos. Financiar activos de largo plazo, como maquinaria, vehículos o inmuebles, con líneas de corto plazo puede generar tensiones financieras. El plazo de la financiación debería guardar relación con el período en el que la inversión genera los recursos necesarios para repagarla.
2. Ahogar el ciclo operativo. Utilizar toda la liquidez disponible para realizar una inversión o concentrar vencimientos en períodos de menor facturación puede afectar el capital de trabajo y el funcionamiento cotidiano de la empresa.
3. Buscar financiamiento demasiado tarde. Iniciar una gestión crediticia cuando la necesidad de fondos ya es urgente reduce las alternativas disponibles y la capacidad de negociar condiciones. El financiamiento también requiere planificación.
4. Comprometer innecesariamente las garantías. Hipotecas, prendas y avales son recursos financieros que deben administrarse. Utilizarlos sin una estrategia puede limitar la capacidad de obtener nuevo financiamiento ante futuras inversiones o necesidades.
No existe un instrumento que sea superior para todos los casos. La elección depende del destino de los fondos, el plazo, la moneda, el flujo esperado y la estructura financiera de cada empresa.
Para bienes de capital (maquinaria, vehículos, equipos y otros activos productivos), el leasing presenta características especialmente atractivas. Permite financiar hasta el 100% del valor del bien, preservando recursos para el capital de trabajo, y adecuar el financiamiento a la vida económica del activo. A esto se suma la opción de compra al finalizar el contrato y, según las características de cada operación, la posibilidad de acceder a beneficios impositivos.
Su utilización viene creciendo con fuerza. Según el último informe de Leasing Argentina, el sector acumuló en junio diez trimestres consecutivos de crecimiento, mientras que el saldo de cartera registró una expansión interanual real del 15,7%. Además, las PyMEs ya representan el 50,3% de la cartera, frente al 42,3% de un año atrás.
Para necesidades de corto plazo como capital de trabajo existen alternativas bancarias y herramientas del mercado de capitales, como el descuento de cheques de pago diferido y pagarés, que permiten acompañar el ciclo de cobranzas y pagos.
Inversiones y proyectos de expansión. Cuando se requieren plazos mayores, pueden utilizarse préstamos de inversión o recurrir al mercado de capitales mediante instrumentos como las obligaciones negociables. La estructura dependerá del tamaño de la empresa, el proyecto y su capacidad de pago.
Una buena estrategia financiera no consiste en endeudarse más o menos, sino en endeudarse bien: que cada fuente de financiamiento tenga un destino definido y que sus vencimientos sean compatibles con los flujos que genera el negocio.
El financiamiento debe acompañar el crecimiento de una empresa y no convertirse en un condicionante. La mejor estructura será aquella que permita invertir, preservar liquidez y cumplir los compromisos incluso frente a escenarios razonablemente adversos.
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