
Hay algo fascinante en la política argentina: cada vez que una herramienta electoral puede complicarle la vida al poder, de repente descubrimos que esa herramienta es carísima, inútil y prácticamente responsable de todos nuestros males. Ahora le tocó a las PASO.
Lunes 05 de Octubre de 2026 - Actualizada a las: 16:12hs. del 05-10-2026
El Gobierno de Javier Milei propone eliminarlas definitivamente y sostiene que son un gasto innecesario: según la Casa Rosada, las primarias de 2023 costaron 45.000 millones de pesos y no resolvieron ninguna interna relevante.
Perfecto. Discutamos el costo. Discutamos si funcionan. Discutamos si tienen sentido.
Pero también discutamos lo otro.
Porque una PASO tiene una característica bastante molesta para cualquier conducción política: la última palabra no la tiene solamente el jefe del partido. La tiene el votante.
Y ahí aparece el fantasma de Macri.
En 2018, Cambiemos también discutía qué hacer con las PASO. Hoy, años después, Milei vuelve a ponerlas en la mira. La diferencia es que ahora el Gobierno tiene una razón oficial y, alrededor de ella, una discusión política mucho más incómoda: sin PASO, las internas dejan de resolverse en las urnas y vuelven a las oficinas, las mesas chicas y los acuerdos entre dirigentes.
De hecho, análisis recientes señalan que la eliminación de las primarias también puede afectar la manera en que distintos sectores opositores o aliados resuelvan candidaturas de cara a 2027.
Y acá aparece la pregunta que nadie quiere poner en el zócalo:
¿Las PASO son inútiles porque cuestan demasiado… o son peligrosas porque pueden producir un resultado que nadie tiene completamente controlado?
Porque si la política decide quién puede competir, la gente vota.
Si los partidos deciden quién puede competir, la gente elige después entre lo que ya le pusieron sobre la mesa.
Y esa diferencia parece pequeña.
Pero en democracia no es un detalle.
La política argentina tiene una memoria selectiva extraordinaria. Cuando las PASO sirven para ordenar al adversario, son una maravilla institucional. Cuando pueden abrir una interna propia, se transforman en una molestia administrativa.
Ahora Milei juega con la misma herramienta.
Pero hay algo que no cambia: al poder nunca le molesta tanto una elección… como una elección cuyo resultado no puede controlar.