
La de 2030 será la primera Copa del Mundo sin el 10 en 28 años, una ausencia que no ocurría desde 2002, cuando tenía 14 años y jugaba en las inferiores del Barcelona: sus compañeros lo cargaron por la eliminación argentina y se fue a su casa. No existían las redes sociales y en nuestro país no se habían estrenado los teléfonos inteligentes.
La de 2030 será la primera Copa del Mundo sin el 10 en 28 años, una ausencia que no ocurría desde 2002, cuando tenía 14 años y jugaba en las inferiores del Barcelona: sus compañeros lo cargaron por la eliminación argentina y se fue a su casa. No existían las redes sociales y en nuestro país no se habían estrenado los teléfonos inteligentes.
El 12 de junio de 2002, en el empate 1-1 ante Suecia que eliminó a la selección en la primera ronda del Mundial de Japón y Corea del Sur, Argentina jugó por última vez una Copa del Mundo sin Lionel Messi. Entonces de 14 años, el pequeño genio se formaba en las divisiones inferiores del Barcelona y, ante las burlas de sus compañeros por el fracaso del equipo de Marcelo Bielsa, se fue de la Masía, el predio deportivo y habitacional donde aquel miércoles acababa de almorzar junto al resto de los juveniles de la categoría Cadetes.
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Cuatro años después, con su debut ante Serbia y Montenegro por la primera fase de Alemania 2006, Messi comenzaría un ciclo incomparable en los Mundiales que llegaría hasta la final de Estados Unidos-México-Canadá 2026. Este martes, el amistoso ante Benín será la postdata del hombre que cambió la historia de las Copas del Mundo: el que jugó más partidos y más ediciones, el único que fue titular en tres finales, el que dio más asistencias y el segundo máximo goleador, entre otros récords.
Ya ausente en el Mundial de 2030, fue tan duradera la vigencia de Messi que, para encontrar el último Mundial sin el 10, hay que retrotraerse 28 años, un tiempo en el que el fútbol y el mundo eran distintos. Aquel Leo de 14 años, claro, también. Mientras la conexión a Internet dejaba de ser esporádica en los hogares y se incorporaba de manera permanente a los flamantes teléfonos inteligentes, y en simultáneo también nacían las redes sociales, las aplicaciones y la Inteligencia Artificial, Messi construyó la mayor obra de cualquier futbolista.
En junio de 2002, cuando Argentina jugó su último Mundial sin él, era un pibe que debía escaparse de las burlas de sus compañeros del Barca. Había llegado a España por primera vez en septiembre de 2000.
-¿Cómo viviste la eliminación de Argentina en el Mundial pasado?,- le preguntaron en una de las primeras entrevistas que concedería, en 2006, ya tras su debut en el Barcelona y la selección.
-Estaba acá, en la pensión del Barcelona, jugando en inferiores, y mirando el partido con todos los chicos de la pensión -respondió Messi-. Y mal, como todo argentino, ¿no? Y más, que tenía a los pibes al lado que me cargaban, también.
-Y vos, ¿te callabas? No tenés pinta de peleador.
-No, no. Terminó el partido y me fui para mi casa, y después a la tarde… generalmente me quedaba todo el día ahí pero ese día me volví para mi casa y después volví a la práctica.
Menos de dos semanas después, el 24 de junio de 2002 -como suele ocurrir en todos los Mundiales-, Messi cumpliría 15 años. Atrás había quedado una muy buena temporada, la 2001-02, en la que el pequeño argentino había jugado en la categoría Cadetes del Barca. Leo había llegado a España hacía casi dos años pero, entre lesiones y contratiempos burocráticos, recién había recibido la autorización para jugar pocos meses atrás, en febrero de 2002, cuando el Barca lo inscribió en la Federación Española luego de que la FIFA rechazara el pedido de Newell’s.
Aquel Messi adolescente compartía plantel con la categoría 87 del Barcelona en la que estaban, entre otros, Gerard Piqué y Cesc Fàbregas. El equipo se entrenaba a 200 metros del Camp Nou, donde se entrenaban los mayores. Tres eran argentinos: Juan Román Riquelme, Roberto Bonano y Javier Saviola. “Saviola y Bonano, cuando veían al pequeño compatriota, le preguntaban cómo le iba y de vez en cuando lo invitaban a un helado y a un rato de charla”, publicó el libro “Messi”, de Guillem Balagué.
El mismo libro agrega sobre las dificultades de aquel último Messi que no jugó un Mundial: era un chico tímido que vivía en otro país y que todavía se inyectaba las hormonas de crecimiento. “Leo se cambiaba en una esquina del vestuario. Nadie sabía qué decirle. En los entrenamientos, se entretenía haciendo toques con un balón mientras los otros chicos hablaban del cole o de sus novias. Se duchaba primero, cuando no había nadie en el vestuario, o último, y se iba: su padre le solía esperar fuera”.
La mayoría de los chicos vivían en la Masía pero Messi lo hacía en un departamento de la ciudad, junto a su padre -el resto de la familia se había vuelto a Rosario-. Para su integración con los compañeros del Barca fue clave la PlayStation. Según contó uno de aquellos chicos, Víctor Vázquez: “Teníamos mucho tiempo libre y era todo torneos de la Play y siempre los ganaba él. Intentamos sacarle de la Play, ganarle con algo que llamábamos Gol de Oro. Poníamos un partido y cada vez que a alguien le hacían un gol, salía y entraba otro. Y Messi se quedaba tres horas sin salir”.
“De la soledad que sufría fuimos conscientes después -dijo Cesc-. Era un niño que vivía con su padre y que extrañaba mucho a su familia. Se pasaba horas en el Messenger, en Internet, y lo de estudiar no iba mucho con él. Al colegio iba (por el instituto Lleó XIII), no sé si sólo pintaba y hacía dibujos, pero al cole iba”.
En los meses siguientes al Mundial 2002, ya con 15 años, Messi seguiría en Cadetes del Barcelona por segunda y última temporada: en el torneo 2002/03 convertiría 36 goles en su despegue hacia la estratósfera del fútbol. En noviembre de 2003, o sea a finales del año siguiente, cumpliría (ya con 16) sus dos primeros grandes objetivos: recibió el primer llamado de la selección (debutaría en el Sub 20 en junio de 2004, ante Paraguay) y jugó su primer amistoso en la Primera del Barcelona, ante el Porto.
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Pero si Messi era en junio de 2002 un chico de 14 años, ¿cómo eran el fútbol y la tecnología en el último Mundial sin Leo?
En Argentina, el torneo de Primera tenía 20 equipos y había dos campeones por temporada: el Clausura, a comienzos de año, y el Apertura, a finales. De los 10 partidos de la fecha, entre seis y siete se jugaban en simultáneo los domingos por la tarde: Fútbol de Primera, que se emitía a las 22, todavía era un programa central en la cultura futbolera del país.
Era, también, un fútbol con cinco suplentes en el banco, tres cambios por partido y jugadores casi íntegramente con botines negros, sin tatuajes ni piernas depiladas. Aún había hinchas visitantes: en los superclásicos se permitían 15 mil hinchas de River en la Bombonera y 15.000 de Boca en el Monumental. Aunque ya se había retirado en 1997, Diego Maradona acababa de jugar su partido de despedida pocos meses atrás, en noviembre de 2001.
En aquel Mundial 2002 que Messi sufrió por televisión y a distancia -el último ganado por Brasil-, lógicamente no había VAR ni pausa de hidratación. Fue la última Copa del Mundo en la que se implementó la modalidad del Gol de Oro para determinar el triunfo del equipo que anotara el primer tanto durante el tiempo suplementario.
Desde España, Messi se pasaba horas en el Messenger, aunque el acceso a Internet en los hogares de Argentina todavía era mayoritariamente con el sistema de dial up: recién en 2005, las conexiones de banda ancha superarían en cantidad de usuarios a los que usaban la línea telefónica. El mundo empezaba a conectarse y ya no se detendría.
Los primeros teléfonos inteligentes llegaron a Argentina en 2003 con el Blackberry, aunque al comienzo solo en el mundo corporativo y ejecutivo. Mientras el primer iPhone de la historia se lanzaría en Estados Unidos en 2007 y llegaría al país en 2008, los primeros teléfonos con el sistema operativo Android empezarían a desembarcar en Argentina al año siguiente.
Las redes sociales gateaban. En 2004 nació Facebook, una web creada para que los estudiantes de la universidad de Harvard pudieran intercambiar comunicación de manera fluida. En 2005 se sumó un doble avance: Sony lanzó la primera PlayStation portátil y nació YouTube para que los usuarios pudieran subir y compartir videos, la génesis de los streams.
El mundo de las comunicaciones cambiaba a su versión actual. En 2006, Nintendo creó la primera Wii y se publicó el primer tuit de la historia, es decir el nacimiento de X, entonces Twitter. También ese año se lanzó Spotify al mercado. Dos años después se sumó Instagram. En 2012, WhatsApp llegó al país y en 2013, Netflix. En 2016 sería el turno de Tik Tok.
El resto es historia reciente: pagos digitales a través de las billeteras virtuales y la inteligencia artificial generativa, probablemente el cambio más importante de los últimos años. En todos estos años, desde una era analógica hasta la actual, Messi construyó su imperio: unió dos mundos diferentes.
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