
El pequeño país ubicado sobre el golfo de Guinea, que será rival de la Selección Argentina esta noche, tiene una historia marcada por la violencia, la colonización europea, la diversidad cultural y la lucha política.
El pequeño país ubicado sobre el golfo de Guinea, que será rival de la Selección Argentina esta noche, tiene una historia marcada por la violencia, la colonización europea, la diversidad cultural y la lucha política.
Muchos argentinos se habrán enterado de la existencia de Benín, un exótico país ubicado en África Occidental, porque será el rival de la Selección en el amistoso de esta noche en el Monumental, que marcará la despedida de Lionel Messi. Pero además de oficiar como partner en la última función del mejor jugador de todos los tiempos con la celeste y blanca, esta nación africana esconde una increíble historia marcada por la violencia, la colonización europea, la diversidad cultural y la lucha política.
Los cuatro "inalcanzables" récords que deja Messi
En sus inicios, supo ser uno de los reinos más poderosos del continente, aunque, con el desembarco de los europeos, se transformó en el mayor proveedor de personas en el comercio esclavista. Se independizó, atravesó diversos golpes de Estado, cambió su nombre y actualmente es una de las democracias más estables de África.
Ubicado sobre el golfo de Guinea, en la costa del océano Atlántico, Benín posee un territorio de 112.622 kilómetros cuadrados (más pequeño que la provincia de Santa Fe) y limita con Togo al oeste, con Nigeria al este y con Níger y Burkina Faso, el rival de la Scaloneta el último sábado en Núñez, al norte.
Aunque se independizó en 1960, la historia de Benín comienza mucho antes. Sus orígenes se remontan al antiguo Reino de Dahomey, un poderoso estado africano organizado bajo una monarquía absoluta, que se fundó a comienzos del siglo XVII.Durante el reinado del gran Gezu (1818-1858), Dahomey alcanzó la cúspide de su poder y fama.
El reino era reconocido por su destreza militar y por las icónicas ‘Amazonas de Dahomey’, un cuerpo militar femenino de élite conformado por las guerreras ‘Ahosi’, quienes eran las encargadas de proteger las fronteras y también oficiaban como guardaespaldas del rey.
Lo cierto es que Dahomey se organizó para la guerra. No solo para conquistar nuevos territorios, sino también para capturar prisioneros, convertirlos en esclavos y obligarlos a trabajar para la realeza o vendérselos a los europeos a cambio de armas. De hecho, su costa sur se ganó el mote de ‘Costa de los esclavos’, debido a la participación activa del reino en el tráfico de personas.
Aunque en 1752 los portugueses fundaron Porto Novo, la capital oficial, fueron los franceses quienes colonizaron Dahomey en 1894 tras derrocar al rey Behanzin en las Guerras Franco-Dahomeyanas. Una década más tarde, el territorio pasaría a formar parte de la África Occidental Francesa, hasta que en 1958 Dahomey logró constituirse como un gobierno autónomo.
Revolución, golpes de Estado, cambio de nombre y estabilidad democrática
En medio de la ola revolucionaria que azotó al continente entre los 50’ y los 70’, en la cual decenas de países pusieron fin al dominio colonial de las potencias del Viejo Continente, Dahomey logró su independencia el 1° de agosto de 1960.
Pero con la independencia consumada, no todo fue color de rosa: en línea con la inestabilidad política que predominaba en todo el continente, la emergente nación soportó múltiples golpes de Estado. El último levantamiento militar le otorgó el poder a un régimen de ideología marxista-leninista que en 1975 decidió dejar atrás el nombre de Dahomey y el país pasó a llamarse República Popular de Benín.
En 1990, Benín se convirtió en la primera nación africana en pasar de una dictadura a una democracia pluripartidista. Tras la aprobación de la nueva Constitución, el país celebró elecciones y Nicéphore Soglo se transformó en el primer presidente democrático de su historia.
Desde entonces, Benín consolidó una cierta estabilidad política, que representa un ideal para muchos de sus vecinos de la región. Sin embargo, también se registraron numerosos cuestionamientos de organizaciones internacionales por los presos políticos y la limitación de las voces opositoras. Un dato curioso es que su actual mandatario, Romuald Wadagni, fue elegido con más del 94% de los votos en los comicios de mayo.
El país del vudú y la diversidad cultural
Benín se caracteriza por ser un país que ostenta una amplia diversidad cultural. Si bien su idioma oficial es el francés, apenas un tercio de su población lo practica, ya que se hablan alrededor de 50 lenguas. Esto se debe a que a lo largo y ancho de su territorio conviven más de 50 grupos étnicos diferentes. Entre los principales se encuentran los Fon, los Adja, los Yoruba y los Bariba. Cada uno de ellos posee sus propias tradiciones, costumbres y vestimentas, lo que convierte al país en uno de los más pintorescos de África.
Esta diversidad también se aprecia en la religión, ya que diferentes creencias conviven en armonía. Si bien su credo mayoritario es el cristianismo seguido por el islam, Benín es considerada la cuna del vudú. Alejada de los mitos hollywoodenses que la asocian con la magia negra, esta tradición religiosa es uno de los elementos culturales identitarios del país por excelencia. Tal es así que cada 10 de enero se celebra en Benín el Día Nacional del Vudú.
Además de su rica y excéntrica cultura, esta nación africana también esconde infinidad de curiosidades. Por ejemplo, entre sus poco más de 15 millones de habitantes, el 65% tiene menos de 25 años y la edad promedio actual es de apenas 18 años.
El país puede presumir la belleza arquitectónica de los palacios reales de Abomey, que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, o de la ciudad de Ganvié, situada sobre las aguas del lago Nokoué y bautizada como la ‘Venecia de África’.
También de ser la cuna de la cantante y compositora Angélique Kidjo, una de las referentes de la música africana contemporánea, y del actor nominado dos veces a los premios Óscar, Djimon Hounsou, quien participó en películas como ‘Diamantes de sangre’, ‘Gladiador’ y el universo cinematográfico de Marvel.
A pesar de que su historial deportivo carece de grandes logros, nunca ganó una medalla olímpica ni tampoco consiguió clasificarse a una Copa del Mundo, Los Guepardos, como se la conoce a su selección masculina de fútbol, tendrán el honor de enfrentar a la Argentina en el último baile de Lionel Messi. O, como lo describió el propio Mohamed Tijani, zaguero central de Benín, “el Dios”.
El particular reencuentro de Messi con el DT de Benín en su despedida
Jugó en el Boca de Bianchi, se fue tras una pelea en un boliche y hoy trabaja de seguridad nocturno
Fue campeón mundial con Boca, vendió sus camisetas y trabajó de remisero por su hija
Al-Qaeda, el Che Guevara africano y una banda de jazz que gobernó 31 años: la historia de Burkina Faso, el exótico rival de la Selección
Jugó con Messi y Maradona, compartió Selección con Dibu y ahora vende verduras
Murió Ricardo Soulé, el músico que pasó de competir en Quilmes con el Pato Fillol a hacer historia con Vox Dei
Jugó en ligas regionales, recibió regalos de Merentiel y hoy es la gran figura de la Primera Nacional