
Genio pero absolutamente terrenal, ya jugaba en el Barsa y seguía armando picados con sus primos y amigos. Messi, el chico que siempre quiso jugar a la pelota y que dejaba que sus padres manejaran hasta el dinero de los chicles.
Genio pero absolutamente terrenal, ya jugaba en el Barsa y seguía armando picados con sus primos y amigos. Messi, el chico que siempre quiso jugar a la pelota y que dejaba que sus padres manejaran hasta el dinero de los chicles.
Uno de los grandes secretos de Lionel Messi es que, por más genio del fútbol que fuera, nunca dejó de jugar a la pelota. Lo que él siempre quiso fue eso, en el sentido más amateur. Y hay un par de acciones que muestran eso y también la sencillez de la vida con sus padres, donde nunca fue Messi sino simplemente Leo.
Cierta vez me tocó acompañar a Gastón Recondo a la casa de los Messi en Rosario. Una casa sencilla, como la de cualquier hijo de vecino. Corría 2007 y Leo ya era jugador del Barcelona, hacía notar su brillo al lado de talentos como Ronaldinho, y ya había sido campeón del mundo con la Sub 20.
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Mientras hacíamos la producción y juntábamos los recuerdos que habíamos ido a buscar, en un momento Leo dejó el living familiar donde conversábamos con Jorge y Celia, más una parte de la familia que también estaba de visita. Al ratito se empezó a escuchar ruido de pelota y cierto estruendo de metal. Por la ventana no se veía ninguna cancha, nada, pero los gritos nos llegaban, claritos.
Cuando nos asomamos a la cocina, vimos a Leo jugando con los primos -entre ellos Maxi Biancucchi, también futbolista profesional- y otros chicos un picadito improvisado en el cual los arcos estaban armados con las ollas de acero de mamá Celia. Hasta los más chiquitos de todos participaban del juego.
Al rato, ya terminado el partido, él siguió la rutina con absoluta normalidad, ajeno a quienes habíamos ido a verlo, a saber de su vida, a preparar un especial sobre el adolescente prodigio que sorprendía al mundo. Leo pasó por el living para ir al kiosco a comprar algunas golosinas e hizo una parada obligada: "Ma, ¿me das plata para los chicles?" Era un mundo sin smartphones ni aplicaciones de pago, pero él ya era campeón y generaba millones con el fútbol. Sin embargo, el dinero se lo manejaban papá y mamá, que siempre lo contuvieron y lo arroparon.
Messi jugando a la pelota
Alguna vez me había tocado presenciar una escena en cierto modo parecida pero con otro protagonista, también hombre de llevar la 10 en la espalda. El tipo se venía con nosotros, conmigo y con Martín Arévalo, que habíamos ido a verlo a la casa de sus padres, en Villa Devoto. Íbamos saliendo cuando se paró y dijo: "Mama (así, sin tilde), le toco timbre. No llevo llave, vuelvo temprano". La mama era Doña Tota y el pibe, también campeón del mundo, era Diego Armando Maradona. Cosas de genios. Tan inalcanzables y tan terrenales.
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