
El capitán se despidió a través de un posteo en Instagram en el que destacó diferentes aspectos que no abordó en su discurso post despedida. Un repaso momento a momento.
El capitán se despidió a través de un posteo en Instagram en el que destacó diferentes aspectos que no abordó en su discurso post despedida. Un repaso momento a momento.
Messi emocionado en su ultimo partido Tatografias
Esse est percipi. Ser es percibido. Así lo escribió Honorio Bustos Domecq en 1967. En realidad, Domecq no era más que una combinación de ideas conjugadas entre Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Dos genios que imaginaron un cuento en el que el fútbol, desde hacía 30 años -exactamente un 24 de junio de 1937, paradójicamente- ya no existía en la Argentina. Que todo era parte de la imaginación de los oyentes y televidentes. Una conspiración entre locutores, periodistas y buenos directores de cámara. Un montaje, un sueño construido por dos o tres para animar la vida de una sociedad ingenua.
Muchos argentinos han empezado este martes a hacer de cuenta que el fútbol sigue, como lo creía Domecq antes de toparse con la farsa. Que hay torneos, títulos, golazos, debates acerca de arbitrajes malos y otros un poco peores. Pero de mentiritas. Con la sensación de desamparo de un feligrés que se entera de que la deidad que veneraba acaba de abandonar el templo para jubilarse. Porque Lionel Andrés Messi Cuccittini le puso punto final a su carrera en la Selección Argentina. Con tanta mala suerte de que lo hizo en el prime de las redes sociales. Como para que nadie pueda ignorarlo, con un mensaje emocionante tras otro a tiro de scroll.
“ Ayer fue mi último partido y ya extraño vestir la celeste y blanca. Sé que estoy tomando la decisión correcta. Fue un camino increíble, lleno de alegrías y también de algunas tristezas, pero tengo claro que valió la pena cada paso que di”.
No hubo puño y letra a birome, sí posteo. Leo eligió de nuevo su cuenta oficial de Instagram para estirar ese mensaje que los hinchas argentinos escucharon en el Monumental, a través de las radios o de los streams o de la tele. “Me quedaron muchas cosas por decir. Me es imposible expresar todo lo que siento en unas palabras o en un posteo. Este viaje habría sido imposible sin mi familia, que siempre estuvo a mi lado y me bancó, sobre todo en los momentos difíciles, cuando más lo necesitaba”, se abrió el (cómo duele decirlo: ex) Diez frente al teclado de su smartphone.
Messi ya eligió fotos antes de tipear. Una mirando a la multitud, otra con Thiago, Ciro y Mateo. La tercera con los brazos abiertos, abrazando hasta el infinito a los 85.018 espectadores, a los 46 millones que habitan el suelo argentino, la mano en el escudo, la última danza en manada hacia el campo de juego para salir a disputar la última función suya como rockstar albiceleste. Diferentes JPG que narran su cuento. Que fue mucho mejor al de Borges y Bioy Casares: todo fue real. Lo malo y lo bueno que, como Charly García le explicó a Susana Giménez, siempre llega un poquito después de las trompadas.
Un camino en el que para Lionel “ fueron imprescindibles mis amigos, todos los compañeros y técnicos que tuve, junto con sus cuerpos técnicos”. Incluyendo a Diego Armando Maradona, construcción futbolera de realismo mágico borgiano que coincidió con Leo en 2010, en un Mundial de Sudáfrica imborrable, con los dos Diez. Uno en el banco, el otro en la cancha. “ No quiero olvidarme del Diego, que puso a nuestro país donde se merecía estar y que, como siempre digo, sé que nos ayudó estando acá con nosotros y también desde el cielo, en cada paso que dimos”.
Lionel Andrés se acordó de todos. De los que están, como su viejo, Jorge: el "no sabés lo que te extrañamos anoche" mirando al cielo en su story de Instagram lo reveló. Pero también habló de los que estuvieron. De los clubes en los que jugó “por respetar siempre mis sentimientos y permitirme dedicarme a mi país cuando tocaba ponernos la camiseta de la Selección”. Y también “a Dios: sin su guía y su voluntad, ni siquiera estaríamos soñando con haber llegado hasta acá”. Todo eso antes de recalcar que es “un agradecido”: “Los quiero mucho, los voy a extrañar y siempre voy a darles las gracias por haber estado a nuestro lado, a mi lado”.
Borges y Bioy Casares creyeron capaz a la sociedad de comerse el cuento de que el fútbol era, en realidad, todo verso. Que adonde estaba el Monumental, pisando los 70, había un baldío y no un coloso en el que el mejor jugador de la historia le diría adiós a quienes lo veneraron. El rosarino fue un refutador de leyendas, de los que creó Alejandro Dolina en el barrio de Flores. Le torció la pulseada a aquella inventiva de los Lioneles de la literatura. Aunque no podrá evitar, el ícono eterno que ya no lucirá su capa albiceleste, que un país entero ande sintiendo algo parecido a lo que vivió Domecq.
Porque es difícil imaginar que el fútbol es de verdad y no un mero cuento si no está Messi en la cancha para disfrutarlo, al menos, en un tango más. De no ser así, quizás todos prefieran que se trate de una mera ficción.
LA CARTA DE LIONEL ANDRÉS MESSI
Ayer fue mi último partido y ya extraño vestir la celeste y blanca. Sé que estoy tomando la decisión correcta. Fue un camino increíble, lleno de alegrías y también de algunas tristezas, pero tengo claro que valió la pena cada paso que di.
Y me quedaron muchas cosas por decir. Me es imposible expresar todo lo que siento en unas palabras o en un posteo. Este viaje habría sido imposible sin mi familia, que siempre estuvo a mi lado y me bancó, sobre todo en los momentos difíciles, cuando más lo necesitaba. 🙏
También fueron imprescindibles mis amigos, todos los compañeros y técnicos que tuve, junto con sus cuerpos técnicos. No quiero olvidarme del Diego, que puso a nuestro país donde se merecía estar y que, como siempre digo, sé que nos ayudó estando acá con nosotros y también desde el cielo, en cada paso que dimos.
Gracias a los clubes en los que jugué, por respetar siempre mis sentimientos y permitirme dedicarme a mi país cuando tocaba ponernos la camiseta de la Selección. Y, por supuesto, gracias a Dios: sin su guía y su voluntad, ni siquiera estaríamos soñando con haber llegado hasta acá.
Soy un agradecido. Los quiero mucho, los voy a extrañar y siempre voy a darles las gracias por haber estado a nuestro lado, a mi lado.
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