
A los que nos vació el alma cuando se nos fue Diego, hoy saludamos a Leo como nos hubiera gustado despedirlo a ÉL.
A los que nos vació el alma cuando se nos fue Diego, hoy saludamos a Leo como nos hubiera gustado despedirlo a ÉL.
Las despedidas de Messi y Maradona.
A los de nuestra generación, el alma se nos vació cuando la enfermera se llevó a Diego para siempre. Pero nosotros, extrañamente, siempre resistimos su partida, porque siempre, aún hoy, soñamos con su vuelta. Pero se nos fue, irremediablemente se nos fue, aunque en ese momento, claro, no lo sabíamos. Y entonces, vimos pasar los años esperando su regreso, para que pudiera vengarse de la FIFA infame, como un lento e inexorable suplicio hasta que la esperanza, simplemente, se nos echó a perder. A Diego nos lo arrebataron, nos lo arrancaron sin más, pero paradójicamente no tuvimos dónde llorarlo, dónde decirle gracias Diego, te queremos Diego, hasta que llegó la muerte un día, diría Fito, y arrasó con todo como un vendaval. Tumbas de la Gloria.
La despedida de Maradona nunca fue tal. Acaso lo habremos acompañado en silencio, siendo testigos de sus propias luchas internas que casi siempre perdió, compartiendo su sufrimiento, porque si algo hizo Maradona con nosotros fue hacernos sentir parte de sus propios dolores y también de sus alegrías, claro que sí, porque así funcionaba (funciona), su sobrenatural conexión con la gente, que era a la vez masiva y personal. El chabón nos hablaba a millones pero también nos susurraba a uno al oído, al punto que hasta parecía conocer nuestros nombres.
Y quizá por eso es que ahora lo llevamos en remeras, nos seguimos comprando sus camisetas y repetimos sus frases más graciosas. Es nuestra manera de recordarlo todos los días, para que sepa, esté donde esté, que nunca lo olvidaremos.
Debe ser por todo eso que nosotros no podemos llorar a Messi. En parte, porque su retiro de la Selección no pudo ser mejor. Porque Leo tuvo el enorme privilegio de despedirse en plenitud, cuando él lo decidió, en la forma que soñó, rodeado de sus compañeros y de su gente. La final perdida contra España es un dolor dulce, porque Leo jugó su último partido en un Mundial con la última gota de fútbol que le quedaba: ahí se vació. Eso es irse ganador, no importa lo que diga el resultado.
Si en Qatar 2022 fue capaz de concentrar la naturaleza y jugar a los 35 en su máximo nivel, lo que hizo a los 39 obliga a reescribir todos los libros, a modificar los parámetros que definen la excelencia. Entonces, a los pibes que hoy sienten que con Messi se les muere la juventud, pues entonces que sea con alegría por haber sido partícipes (más que testigos) de una historia única que tiene un final que es feliz, o casi. A los que nos vació el alma cuando se nos fue Diego, hoy saludamos a Messi como nos hubiera gustado despedirlo a él.
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Video: @catasarra @hernanclaus
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