
La imputada declaró por primera vez, defendió su honorabilidad y pidió que rastreen su recorrido tras el almuerzo.
La imputada declaró por primera vez, defendió su honorabilidad y pidió que rastreen su recorrido tras el almuerzo.
Caillava durante su declaración indagatoria en el juicio por la desaparición de Loan.
En el marco de las audiencias del juicio oral y público que investiga la sustracción y el ocultamiento del pequeño Loan Danilo Peña, este miércoles se vivió una jornada de alta tensión institucional cuando prestó declaración indagatoria por primera vez ante el tribunal la exfuncionaria municipal María Victoria Caillava. Convertida en la cuarta imputada en brindar su testimonio formal en el debate, luego de las exposiciones previas realizadas por el excomisario Walter Maciel, Laudelina Peña y Antonio Bernardino Benítez, la acusada se dirigió directamente a los jueces Fermín Amado Ceroleni, Simón Pedro Bracco y Eduardo Ariel Belforte para defender su inocencia. Visiblemente afectada por el tenor de las acusaciones que pesan en su contra y que la vinculan directamente con el expediente judicial, Caillava sostuvo con firmeza ante los magistrados que la causa por la desaparición del niño de cinco años "la afectó muchísimo" en el plano personal, familiar y social.
Durante los pasajes más salientes de su exposición ante la sala de audiencias, la imputada buscó interpelar directamente a los jueces y a la opinión pública al apelar a sus raíces familiares y a su trayectoria de vida en la región. En ese sentido, aseguró de manera tajante ante el tribunal que "toda su vida fue una mujer bien", remarcando con énfasis sus humildes orígenes en el interior provincial. "Quiero que me conozcan a mí como persona. Siento que este es el lugar ya que se han dicho muchas cosas y ensuciado mi apellido. Nací en Gobernador Martínez, me crié en un paraje rural llamado Bonete, en una casa muy humilde, sin luz eléctrica y con muchas necesidades", expresó la acusada al reconstruir sus primeros años de vida en un hogar dedicado enteramente a la agricultura y al cultivo de tabaco. Asimismo, remarcó ante los magistrados que en el Escuadrón 48 de Gendarmería Nacional "están presentes los hermanos de Loan" que la "conocen perfectamente", y sentenció de manera categórica que a lo largo de toda su trayectoria personal y laboral "nunca tuve un problema con ningún chico".
Al adentrarse específicamente en los hechos ocurridos en la jornada del almuerzo que se llevó a cabo en la vivienda de la abuela Catalina el 13 de junio de 2024, Caillava precisó que había recibido una invitación formal por parte de Laudelina el día anterior, arribando al predio rural puntualmente a las 12:10 horas. Según detalló ante el tribunal, en el lugar ya se encontraban presentes la anfitriona Catalina, Laudelina, su hija Macarena, Antonio Bernardino Benítez, Camila Núñez junto a su pequeña hija, y el propio José Peña en compañía del pequeño Loan, quien vestía al momento de su llegada una remera negra con la inscripción 'Messi' en tono rosado, un pantaloncito corto y una gorrita celeste adornada con una tirita roja. Al poco tiempo de su arribo, se sumaron a la reunión los imputados Mónica Del Carmen Millapi y Daniel 'Fierrito' Ramírez junto a dos sobrinos, procediendo todos los presentes a organizar y armar las mesas para dar inicio al almuerzo familiar.Al describir minuciosamente la distribución de los comensales durante el convite, Caillava indicó que se dispusieron dos mesas contiguas, ubicándose los adultos en una mesa larga y los menores en un sector inmediato al lado. "En la mesa grande, en la cabecera estaba Catalina, al lado de ella estaba yo, mi esposo Carlos Pérez, José Peña, Loan —fue el único menor que se sentó con nosotros— y Macarena. Y en la otra punta estaba la hija menor de Benítez, Ramírez, Millapi, Camila y en la otra cabecera se encontraba Laudelina, quien se sentaba y paraba porque servía la comida", relató de manera gráfica.
Peritaje clave: pedido para que rastreen celular para demostrar que hubo desvío
En el tramo final de su declaración indagatoria ante el tribunal federal, la imputada María Victoria Caillava aportó detalles fundamentales sobre su retiro del predio rural y el trayecto de regreso a su domicilio particular, exigiendo de manera formal a la justicia la realización de peritajes tecnológicos sobre su teléfono celular para despejar cualquier tipo de sospecha sobre su recorrido. "En un momento desaparecen todos, yo no me doy cuenta, yo hablaba con José que me invitó el día de la Virgen en julio y le dije que sí", expresó la acusada al referirse a la desaparición del menor, descartando de plano y de manera categórica la presencia de personas bajo los efectos del alcohol durante el convite familiar. Asimismo, argumentó que junto a su esposo Carlos Pérez, con quien comparte una activa participación social como socios e hinchas fanáticos del club River Plate, tenían la premura de retirarse temprano del domicilio de la abuela Catalina para poder presenciar un partido de fútbol televisado, no sin antes cumplir con un pedido casero.
Caillava relató que antes de abandonar el lugar acordó recolectar unas mandarinas del árbol ubicado en el terreno, describiendo que mientras cumplía con dicha tarea junto a la abuela Catalina y Laudelina, escuchó sonar de manera imprevista el teléfono celular de esta última. Según su testimonio, Laudelina se apartó unos metros para atender la llamada y al regresar le comunicó visiblemente alterada que se trataba de Antonio preguntando si Loan ya había regresado, manifestando en ese instante su intención de ir a buscarlo por el callejón al desconocer por completo que los niños se habían trasladado hacia la zona de la planta de naranjos. La imputada reflexionó ante los jueces señalando que ella misma desconocía que era la segunda oportunidad en que el niño visitaba la casa de su abuela, agregando como concepto que "se puede desorientar y perder un niño en un lugar que no conoce".
Finalmente, Caillava detalló que tras despedirse formalmente de los presentes, emprendieron la retirada a bordo de su camioneta particular conducida por su esposo Carlos Pérez. "Fuimos muy despacio porque ese camino era intransitable, estaba muy feo, no paramos hasta salir a la ruta 123, y después cuando llegamos a mi casa, en calle Pampim, estacionamos la camioneta y bajamos", precisó ante los magistrados. Con el propósito de refutar las hipótesis acusatorias y demostrar la veracidad de sus dichos, la imputada lanzó un enfático pedido procesal al tribunal: "Por eso pido que rastreen mi celular para que vean que no paramos en ningún lugar, no nos desviamos hasta llegar a mi casa", solicitando que las antenas de telefonía y los dispositivos satelitales certifiquen de manera fehaciente cada uno de los movimientos registrados durante aquella agitada jornada en el sur de la provincia de Corrientes.
La imputada calificó el encuentro como un "almuerzo normal y tranquilo", caracterizado por conversaciones fluidas y cruzadas entre quienes compartían cercanía, el cual concluyó formalmente alrededor de las 13:40 horas, momento en que las mujeres comenzaron a retirar los utensilios y los menores comenzaron a deambular libremente por los alrededores del terreno rural. En este sentido, la exfuncionaria municipal afirmó haber observado a Benítez dirigirse hacia el sector posterior del campo en compañía de los niños, añadiendo que vio pasar un grupo numeroso de personas aunque sin poder identificar con precisión a cada uno de sus integrantes, quienes posteriormente se sentaron a consumir frutas bajo la sombra.