Una cámara de seguridad grabó la secuencia. El acusado de tan solo 17 años fue detenido y quedó alojado en un instituto de menores.
En el barrio Aeroclub de la localidad misionera de Campo Grande, una nena de 7 años fue abordada por un adolescente de 17 que la amenazó con un cuchillo y la llevó por la fuerza hasta una zona de malezas. Los gritos de la menor alertaron a su familia y la rápida intervención de su papá evitó el ataque.
El hecho ocurrió a las 8.07 del viernes, cuando la nena salió de su casa para comprar en un comercio del barrio. Según explicó un vocero del caso, el agresor, que sería vecino de la zona, la interceptó en el camino y habría intentado abusar de ella.
Las imágenes muestran que, en ese momento, la calle estaba prácticamente desierta. La menor había caminado unos 20 metros desde su casa cuando el adolescente la alcanzó, la saludó y la acompañó unos pasos. Luego ambos desaparecieron del campo de visión de la cámara, hasta que segundos después se observa al joven regresar con la chiquita en brazos e ingresar a un terreno con malezas, donde forcejearon.
La pequeña logró pedir auxilio pese a que el agresor le tapaba la boca. Ese grito fue clave para evitar lo peor. Micaela G., mamá de la víctima, contó cómo vivieron esos segundos de desesperación. Explicó que esa mañana sus hijos querían desayunar galletitas y que la nena decidió ir hasta el kiosco de su abuela, ubicado a una cuadra de la vivienda.
“Nunca sale sola, pero los hermanos no quisieron ir y no me avisó. En un momento escuché como un grito ahogado, y pensé en ella. Le dije a mi esposo: ‘algo le pasó a D.’, pero pensé que por ahí le salieron unos perros que el día anterior andaban por la calle”, relató.
En ese contexto, el hombre salió a buscar a su hija. Apenas hizo metros cuando escuchó nuevamente los gritos y corrió hacia el lugar. Al advertir su presencia, el agresor soltó a la menor y escapó corriendo.
“Mi esposo salió a ver y escuchamos otro grito. Ahí empezó a correr, pero no lo llegó a alcanzar al degenerado. Hoy digo que menos mal que no le agarró, porque si no, el que estaría preso sería mi esposo”, expresó la madre.
También contó que su hija le relató cómo enfrentó al atacante. “Ella vio el cuchillo, y el tipo le dijo que si gritaba le iba a hincar. Aparte le tapaba la boca, pero igual ella no se quedó quieta y gritó lo más fuerte que pudo para pedir auxilio”, recordó entre lágrimas. Según explicó, la menor luchó en todo momento contra el adolescente, pese a la diferencia física y de fuerza.
El profundo impacto emocional quedó reflejado en los días posteriores al ataque. “Ella quedó muy mal. No quiere salir afuera de la casa y se desespera si el papá está lejos”, lamentó la mujer.
Además, relató un episodio que marcó el miedo con el que quedó la niña: “(El viernes) a la noche fui a la iglesia y me pidió que ore por ella para que el hombre malo no le haga nada”.
Tras la denuncia realizada por el padre y la viralización de las imágenes, la Policía inició un operativo para localizar al sospechoso. Horas después fue detenido. Se trata de un adolescente de 17 años que fue notificado de la causa en presencia de su madre y luego trasladado al Centro Modelo de Asistencia y Seguimiento de Niños, Niñas y Adolescentes (Cemoas) de Oberá, institución que cuenta con personal del Servicio Penitenciario Provincial.
De manera preventiva, el Juzgado Correccional y de Menores de Oberá caratuló el expediente como “abuso sexual simple altamente ultrajante agravado por el uso de arma”.
Durante la entrevista, la madre aseguró que el joven tendría antecedentes por otros delitos y reclamó una respuesta judicial contundente. “Tiene antecedentes similares, pero ahora quedó grabado. Lo peor es que la familia no hace nada. Conozco gente con problemas mentales y no lastiman a otros”, sostuvo. En ese sentido, agregó: “Pero si está enfermo, debería estar en tratamiento o en alguna institución, no suelto haciendo desastres”.
Sobre el final, la mujer reclamó: “La Justicia no lo puede soltar así nomás sólo porque es menor. Tienen que hacer algo, es muy grave lo que hizo y no puede quedar impune. Uno ve las imágenes y se eriza la piel con solo pensar en lo que podría haber sucedido si D. no gritaba, no luchaba”