
Tras la cancelación de la primera jornada por mal tiempo, las bandas locales quedaron fuera de la grilla y sin cobrar. En paralelo, el sector cultural se declaró en estado de alerta y reclama audiencias con las autoridades provinciales.
Tras la cancelación de la primera jornada por mal tiempo, las bandas locales quedaron fuera de la grilla y sin cobrar. En paralelo, el sector cultural se declaró en estado de alerta y reclama audiencias con las autoridades provinciales. "Estamos dolidos por la situación", dijeron.
La suspensión de la primera jornada del Taragüí Rock 2026, programada para el pasado 3 de octubre, desató una profunda crisis en el escenario musical correntino. Aunque las bandas y solistas locales convocados aclararon que no cuestionan la decisión de postergar el show por estrictas razones climáticas y de seguridad, la posterior exclusión de la grilla oficial y la falta de retribución económica encendieron las alarmas sobre la extrema informalidad que atraviesa el sector.
A través de un petitorio formal dirigido al Instituto de Cultura de la Provincia, los artistas afectados expresaron que la contingencia climática derivó en un "descarte sin consecuencias" por parte del Instituto de Cultura a cargo de la organización. Dicha situación dejó a la deriva a quienes invirtieron semanas en ensayos, traslados, contratos de técnicos, alquiler de equipamiento y promoción en medios. "La condición de artista local no puede significar ausencia de contratación ni inexistencia de previsiones", expresaron en el documento, en el que exigen la reprogramación de sus shows o, en su defecto, un resarcimiento por los gastos ya ejecutados.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, el conflicto del Taragüí Rock actuó como catalizador de un reclamo colectivo mucho mayor. Ayer a las 20, el Espacio Mariño fue sede de una segunda convocatoria denominada "La cultura se organiza", que reunió a hacedores culturales, técnicos y los músicos "desechados" del Taragüí Rock.
Durante la asamblea se resolvió avanzar de manera urgente en la solicitud de una audiencia formal con Lourdes Sánchez, presidente del organismo provincial, con el fin de destrabar la situación de las bandas afectadas y establecer un canal directo de diálogo con la nueva gestión. "Queremos plantear varias cuestiones puntuales, pero sobre todo poder dialogar sobre lo que viene sucediendo con los artistas locales en los distintos eventos que organiza el Estado", explicaron.
En tanto, el núcleo del debate en el patio de la Mariño apuntó hacia la necesidad de reglas claras y previsibilidad. Los músicos plasmaron en su petición la exigencia de que toda participación en eventos estatales sea instrumentada mediante contratos formales y escritos que regulen de antemano los cachés, las condiciones técnicas y las cláusulas por fuerza mayor.
Asimismo, la asamblea sectorial sumó un punto clave a la agenda política: poner sobre la mesa la efectiva implementación de la Ley de Mecenazgo en Corrientes. Esta herramienta jurídica, considerada vital por los colectivos artísticos, permitiría el financiamiento de proyectos culturales a través del sector privado mediante incentivos fiscales, disminuyendo la dependencia absoluta de los presupuestos públicos y dotando de mayor autonomía e institucionalidad al circuito cultural de la región.
"Nadie nos dio ni una disculpa"
"Nadie nos dio ni una disculpa". La indignación de los músicos correntinos apunta principalmente al destrato institucional que sintieron. Tras la suspensión de la fecha inicial del Taragüí Rock 2026, y durante los días posteriores en los que solo se ejecutó la jornada con bandas nacionales, el silencio del Instituto de Cultura fue total.
"Nadie, absolutamente ningún representante del organismo provincial se comunicó con nosotros en toda la semana. Nadie se pronunció al respecto; ni siquiera pidieron una disculpa personal ni pública sobre lo sucedido", expresaron los artistas locales visiblemente disgustados durante la asamblea en el Espacio Mariño.
Para los afectados, la falta de empatía y de respuestas oficiales profundiza el daño a la comunidad artística. El sentimiento de desamparo frente a la gestión estatal quedó plasmado en una frase contundente que resonó con fuerza en el recinto: "Nos descartaron, no hay otra palabra que describa mejor cómo nos sentimos".