
El fútbol no apareció y así llegamos hasta acá, pero Inglaterra es un rival bravo. Amor propio, orgullo, presencia y chapa son los argumentos. Si conseguimos juego, podemos ilusionarnos en grande.
El fútbol no apareció y así llegamos hasta acá, pero Inglaterra es un rival bravo. Amor propio, orgullo, presencia y chapa son los argumentos. Si conseguimos juego, podemos ilusionarnos en grande.
¿Cómo llegamos a esta histórica semifinal contra Inglaterra? Llegamos rascando la olla. Este es un equipo argentino que juega como puede y ya no sé si va a tener el fútbol que esperábamos porque ya llegamos a una semifinal y no queda margen de modificar demasiado. Scaloni hizo los cambios en su momento y lo que más dificultades trajo durante en el partido con Suiza fue la cantidad de imprecisiones de los mediocampistas. Cuando el equipo recuperaba, lo hacía con fiereza porque hubo quites imperiales de Lisandro, de Cuti, de Paredes, de la generosidad de Julián Álvarez, pero después la jugada no tenía ascendencia, no tenía progresión por la cantidad de errores no forzados del equipo argentino, sobre todo en el mediocampo.
Y si este equipo falla en el medio, colapsa el sistema porque este es un equipo básicamente de mediocampistas. No pudo relacionarlo ni conectarlo a Messi casi nunca con el partido. De hecho la más clara que tiene Messi, es un remate de derecha cuando había que patear.
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La Selección tuvo a su favor una situación que llegó para cambiar el fútbol para bien y que es la condena por simulación que sufrió Emboló, que encima ya estaba amonestado por una falta desde atrás a Paredes. La roja fue un punto de quiebre porque la Argentina allí sí, 11 contra 10, empezó a tirar gente a la cancha. Sobre todo en funcion de ataque. Rindió la entrada de Lautaro -autor del tercero-, la del Flaco López por su participación en el golazo de Julián y Almada, pese a no haber podido marcar, le dio frescura y aventura al equipo. De hecho funcionó mejor entrando que desde el inicio.
Este es, también, un equipo que gana de arrebatos. En eso se parece a aquel Real Madrid de Ancelotti que se quedaba con los partidos en los finales y había construido cierta mística con esa cuestión. Así lo dio vuelta a Egipto y le ganó a una Suiza que apostaba a los penales. Y dentro de eso, uno de los aspectos más positivos de la Selección es que aparecieron los goles de los 9, tan necesarios, justo para liquidar al rival.
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¿Y ahora? ¿Hay que hacer muchas modificaciones o Scaloni muere con estos? ¿O vive con estos que lo trajeron hasta aquí, mejor dicho? Porque son tan innegables los resultados como que hubo muchas dificultades por un medio al que se lo ve pesado, sin chispa y con un nivel bajo de los hombres que más deben ocuparse del fútbol como Enzo y Alexis (peor lo del jugador del Chelsea). Más un Paredes que esta vez fue tapado y un Messi disociado.
Llega Inglaterra y la cuestión es: ¿con esto nos alcanza? Con el corazón, la personalidad, la presencia... A ver, hay algo que no es fácil en el fútbol y es ganar siempre jugando mal o no tan bien. La Selección gana en los finales, parece imperturbable, tiene una fe inquebrantable, parece un equipo al que no le molesta sentirse superado. Recibe goles y los hace. Muchos goles hace pero no está tan sólido. Al contrario, se lo ve más bien frágil hasta que aparece la chapa. ¿Es suficiente para ganar una nueva semifinal del mundo? Habrá que mejorar mucho, y también dependerá de cómo esté Inglaterra.
Este equipo nos representa, nos identifica y nos hace creer por el orgullo que tiene, por su amor propio enorme, por su personalidad tremenda que conmueve y que emociona. El fútbol todavía no está. ¿Aparecerá en estos partidos que quedan? Si lo hace, permitámonos ilusionarnos y permitámonos creer en grande.
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