
La insistencia de Vasco Da Gama para ser local en el templo del fútbol mundial no se detiene. Las 50 mil entradas vendidas y por qué Flamengo da pelea y no se rinde.
La insistencia de Vasco Da Gama para ser local en el templo del fútbol mundial no se detiene. Las 50 mil entradas vendidas y por qué Flamengo da pelea y no se rinde.
La última vez que Boca jugó en el Maracaná fue en la final de la Copa 2023. (EFE/ Luciano Belford)
La historia va más allá de las presentaciones judiciales que se vienen sucediendo y hasta de las variantes que Vasco Da Gama tiene para jugar el partido revancha por la semifinal de la Copa Sudamericana ante Boca. No debería sorprender que así fuera, porque si no es complejo de explicar y mucho más de entender por qué un evento de tal magnitud no pudo aún resolver (a nueve días de suceder) algo tan básico como dónde tendrá lugar.
Con el plazo ya vencido (el tiempo para informar dónde se jugará el partido regía hasta la medianoche del sábado 10 de octubre), las últimas idas y vueltas provocaron un hecho clave: con la justicia de su lado, el fallo del viernes que autorizó por primera vez el encuentro hizo que Vasco sacara a la venta las entradas y que en cuestión de horas expidiera una cifra cercana a los 50 mil tickets.
Sin dudas, un paso clave sin demasiado retorno que -con la nueva medida judicial del sábado, obtenida por los concesionarios del estadio para no cederlo- deja el conflicto en un punto muerto del que todo hace indicar que se saldrá con otra medida que autorice definitivamente a que el partido se juegue en el Maracaná.
¿Por qué? Porque en el Nilton Santos (la alternativa que siempre estuvo de pie) esos 50 mil son casi su capacidad máxima. Y ahí ya entraría a tallar dónde incluir a los 4000 reglamentarios que deben otorgarse a los visitantes y -en su defecto- cómo devolver esas compras con la consiguiente medida legal que puedan adoptar los compradores.
Internamente, en Vasco confían en que de alguna manera se resolverá favorablemente y el partido se jugará en el Maracaná. Eso es también lo que opina la mayoría de los que tocan el tema de cerca. Sin que haya -por ahora- una precisión de cuándo se resolverá: si puede haber alguna novedad durante el domingo o lunes (que como en Argentina también es feriado en Brasil) o si ya con el partido de ida encima (el martes en la Bombonera) se estará resolviendo el asunto.
La novela empezó a partir de la clasificación del equipo brasileño y -un par de horas más tarde- del Xeneize para jugar la llave. Con su estadio propio -su fuerte- imposibilitado de prosperar como opción, se activó de inmediato el plan variantes. Y allí surgió como primera opción el Maracaná, con el Nilton Santos de Botafogo como alternativa y la forzada chance de quedarse en su Sao Januario adaptando medidas por ser una cancha sin las condiciones para tal encuentro.
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¿Qué pasó entonces, a casi un mes del partido? Que la cantidad de eventos en el gigante de Río de Janeiro chocó contra el derecho que el propio estado tiene -como dueño del estadio- por sobre la concesión del consorcio Flamengo-Fluminense para autorizar a que en el Maracaná se jueguen partidos ajenos a esos dos clubes.
Además de que -con las clasificaciones a semifinales cerradas- quedó también dispuesto que allí mismo Flamengo recibirá a Estudiantes por la Libertadores apenas 48 horas más tarde.
Por otro lado, la negativa deportiva que esgrimió el club para no querer ir a la cancha de Botafogo es que el césped sintético de su campo de juego no lo favorece. Algo que -paradójicamente- no fue impedimento para que Vasco derrote como visitante el último miércoles al local por 2 a 1.
El césped, en realidad, parece una excusa que en el mundo Vasco ven como un artilugio para no dejarle el protagonismo de una noche en la que su gente (en Brasil marcan a ese club como el segundo en popularidad detrás de Flamengo) puede hacer estallar una fiesta en casa ajena. Y esconde también las diferencias personales que los dos presidentes (Luiz Eduardo Baptista por Flamengo y Pedrinho por Vasco) tienen entre sí.
Y como el partido ante Boca es -según lo que los propios hinchas exclamaron durante el empate de su equipo en la noche del sábado- una "guerra", está claro que la obsesión es la de jugarlo en el Maracaná, el estadio simbólicamente más importante de todo el continente.
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