
Después de 21 días nos preparamos para ver la mano del entrenador y un equipo insoportable para el rival: fue mas de lo mismo ante el peor. Para el 2027 se necesita otra cosa.
Después de 21 días nos preparamos para ver la mano del entrenador y un equipo insoportable para el rival: fue mas de lo mismo ante el peor. Para el 2027 se necesita otra cosa.
Ganar no siempre es sinónimo de convencer y mucho menos de conformar. La victoria de River por 1-0 ante Estudiantes de Río Cuarto en el Monumental dejó pocas certezas y expuso falencias ya conocidas. La obligación de golear y gustar era absoluta, estaba enfrente el peor equipo del campeonato, cuyo descenso terminó de decretarse ayer por la noche.
Sin embargo, el equipo de Ponzio firmó un triunfo corto, deslucido y que reaviva los murmullos de un arrastre insoportable que se llevó puestos a Marcelo Gallardo y a Coudet. Lo preocupante no es solo el resultado escueto, sino el contexto: 21 dias de preparación para este partido, se esperaba ver un salto de calidad, un funcionamiento aceitado o, al menos, un ritmo físico demoledor y casi nada sucedió.
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En la primera mitad, River mostró una versión prolija y dominante con sus dos laterales bien posicionados en ataque y siendo importantes a la hora de lastimar. El propio Marcos Acuña marcó la diferencia a los cinco minutos de juego y no pudo lastimar de otra manera. Sociedades interesantes entre Andrada y Pereyra o Galván-Driussi, no fueron suficiente y todo se diluyó con el correr de los minutos.
El complemento expuso estas carencias, ya que lejos de pasar por arriba a un oponente entregado, River se fue quedando sin ideas y terminó en la misma impotencia de siempre, abusando de un juego lateral con el mismo final. Resulta engorroso poder explicar óomo un equipo te da la sensación en el mismo partido de que puede ganarle a cualquiera y ser campeón de este Clausura y al rato entender que le cuesta frente al peor equipo.
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A este River la exigencia histórica le demanda otra postura y Ponzio es el primero en saberlo, no alcanza con sumar de a tres ante rivales que poco están a la altura de este escudo y con un plantel que vale cientos de millones. Solamente quedan dos propósitos hasta fin de año, ganar en la cancha de Boca y obtener el Torneo Clausura.
Para el 2027 debe llegar un proyecto serio, con un cuerpo técnico que esté a la altura de River, sin egos ni revanchas personales. Se necesita un entrenador que ordene un plantel que está para cosas importantes con retoques en algunos puestos.
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