
El cordobés que se desempeña en Lanús repasa su dura infancia, marcada por la noche en la que durmió debajo de un puente. Además, habla de la paternidad y su acercamiento a Dios.
El cordobés que se desempeña en Lanús repasa su dura infancia, marcada por la noche en la que durmió debajo de un puente. Además, habla de la paternidad y su acercamiento a Dios.
Todos los jugadores tienen una historia de esfuerzo y superación que muy pocos saben. La de Tomás Guidara, lateral de Lanús, no es una excepción. El cordobés analiza su carrera y su presente, pero también recuerda una infancia marcada por la ausencia de sus padres, el esfuerzo de sus abuelos maternos para criarlo y la noche que durmió debajo de un puente. “Los comienzos fueron duros, no sobraba nada. Ellos eran grandes y se hacían cargo de mí y de mis primos. Cada vez lo valoro más. Nunca se quejaban”, rememora.
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Tus abuelos estuvieron siempre, ¿qué significan para vos?
—Mi abuelo era el pilar. Hemos llegado a ser 12 en casa, con hijos, sobrinos. Llegaba de trabajar, dormía cinco minutos y ya estaba saliendo de nuevo con el auto, tratando de que no faltara nada. Mi abuela era fuerte, orgullosa, cerrada. De ella saqué ser aguerrido en la cancha. Yo le digo ‘mamá’, nunca le dije abuela. A mí me gustaba tomar chocolatada y, capaz que faltaban muchas cosas, pero todas las tardes tenía una chocolatada.
Tomás Guidara y lo importante que fueron sus abuelos en su infancia.
Una de las situaciones más complejas que le tocó vivir fue en su adolescencia, cuando durmió debajo de un puente. Después de discusiones familiares, se fue de su casa con el bolso, pasó la noche solo y al día siguiente fue a entrenar, ya que el viaducto quedaba a cinco cuadras de la pensión de Belgrano.
¿Qué te quedó después de haber vivido una situación así?
—Te va haciendo más fuerte. Yo recuerdo que el fútbol era prioridad y, cuando me tocó pasar eso, pensaba que tenía que ir a entrenar. A veces no me tocaba jugar y me decía a mí mismo: “Esto no es nada comparado con lo que te tocó pasar. Dale para adelante, esto es largo”.
¿Se lo contaste a alguien en ese momento o lo hablaste después?
—Lo hablé por primera vez en una radio de Córdoba, después de haber debutado. Nunca me gustó hablar, soy reservado, pero cuando firmé contrato lo compartí porque hay muchos chicos que quedan en el camino y les quería dar ese mensaje.
Luego de muchos años de dedicación, estampó su primera firma a mediados de 2017 en Belgrano. Ya afianzado en el plantel, quien apareció sorpresivamente una mañana fue su padre. “A mi papá lo conocí después de haber debutado en Primera. Se enteró por las redes de que yo era jugador y se quiso acercar. Fue al predio y hablamos. No le cierro la puerta, pero me crié y crecí sin esa figura. Era conocer a una persona nueva, no hubo más relación”, sostiene.
Qué le quedó a Guidara después de haber dormido una noche debajo de un puente.
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A mediados de 2019, Guidara fue transferido a Vélez, el club en el que más partidos disputó con 144, además de ser campeón de la Liga Profesional 2024. Sobre su larga estadía en el Fortín, el lateral dice: “Estuve seis años, los primeros cuatro los jugué enteros. El último año te deja esa sensación amarga, pero fueron años muy lindos. No me fui mal, me fui raro, como uno más. Teniendo más de 100 partidos, esperaba otra cosa. En el día a día me sentí muy querido, eso es lo que me llevo”.
Mientras transitaba su último año en el club de Liniers, Guidara fue padre. Junto a Camila Pihuela, su esposa y con quien él está “totalmente agradecido”, tuvieron a Alfonsina. En 2025 nació Raffaela, la menor.
Tus padres no estuvieron presentes, ¿cómo impactó eso en vos cuando fuiste padre? ¿Cómo lo vivís y cómo lo trabajás?
—Cuando fui padre me di cuenta de ese amor. Yo me preguntaba: “¿Cómo puede ser que a tu hijo no lo ames?”. De los cinco a los catorce años es una etapa en la que me gustaría estar y acompañarlas. A esa edad yo miraba a un costado y no tenía a nadie dónde refugiarme. Yo jugaba al fútbol y mi papá no estaba, no había nadie. Te vas haciendo. Como padre, me gustaría estar presente y tratar de no repetir ciertas cosas.
Tomás Guidara, sobre la ausencia de sus padres: "Yo miraba a un costado y no tenía a nadie dónde refugiarme"
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¿Hay algo del Tomás adolescente que aparece cuando las cosas no salen?
—Soy muy creyente. Me acerqué al Señor y fueron cambiando muchas cosas. Empecé a perdonar más, a agachar la cabeza y a tomar las cosas de otra forma. Dejé de insultar.
En tu perfil dice “Cristo vive en mí”. ¿Cuándo empezó tu creencia en Dios?
—Cuando era chico mi abuelo me llevaba a la iglesia, pero yo estaba pendiente de la plaza. Cuando él falleció yo tenía 12 y dejé de ir. Le echaba la culpa a Dios, me enojé y no fui más. Estuve años perdido. Luego, me acerqué de vuelta, fui abriendo mi corazón. Fui a perdonar a mi mamá biológica y eso fue importante. Venía con una mochila gigante de bronca, ira. Le dije: “Te quiero perdonar”. Ella se reía, me miraba como diciendo: “¿Qué le pasa, está loco?”. Eso hizo que me sintiera en paz.
¿Qué significó perdonar a tu madre? ¿Hoy tenés relación con ella?
—Fue un antes y un después, yo tenía ganas de cambiar y de sentirme bien. Me sentí en paz. No tengo relación. La vi en el velorio cuando falleció mi abuela, pero no hablamos. No necesito una charla con mis padres. Hubo oportunidades y no se dio, o no la quisieron hacer. Aprendí con el correr de los años a entenderlo y sobrellevarlo.
Guidara y la importancia de Dios en su vida.
Luego de su paso por Vélez, Guidara llegó a Huracán en 2025, donde fue subcampeón del Apertura. Su rendimiento provocó que su apellido vuelva a sonar en varios clubes y en enero de 2026 firmó con Lanús. El cordobés recuerda lo que significó obtener la Recopa en el Maracaná: “Se me cruzaron muchas cosas por la cabeza. Pensaba en lo que me tocó vivir y en lo que estoy viviendo. Fue muy especial estar en un estadio tan significativo y contra ese rival”.
En su tiempo libre, Guidara reparte el tiempo entre su familia y el estudio. Arrancó el curso de DT para estar “preparado”, aunque aún no piensa en el retiro. Lo que sí tiene claro es que le gustaría finalizar su carrera en Belgrano, el club donde empezó a los 15 años. “Me gustaría terminar en casa, de donde salí. Significa mucho porque fueron los comienzos. Aprendí lo que es el vestuario, la ropa, el bolso y las canchas. Estuve cuatro años en la pensión. El agradecimiento es total”, comenta.
El Cuti Romero comentó un posteo tuyo en el que hablabas de tus inicios, ¿qué vínculo tenés con él?
—Compartimos en inferiores, el día a día, la pensión. Hicimos ese trayecto durante años. Fue a mi casamiento, tengo relación. No soy de escribirle, pero le tengo mucho cariño porque conozco lo que fue cuando arrancó. Hoy verlo te llena de orgullo porque es un loco que viene de abajo también. Se tomó el tiempo de escribir, agradezco mucho eso. Cuando lo veía entrenar, se notaba que estaba sobrado, que tenía mucha personalidad.
Ser campeón en el Maracaná fue uno de los momentos más importantes, pero la historia de Guidara también está marcada por todo el camino que atravesó para llegar hasta ahí. La noche del puente sigue siendo un recuerdo al que vuelve cuando las cosas no salen como él quiere. Un recordatorio de lo que vivió y de por qué decidió seguir adelante.
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