
En 1924, los clubes de la elite de Río de Janeiro le pidieron que excluyera a una docena de futbolistas para aceptarlo en su liga. Negaron la propuesta con una proclama que hoy es un símbolo de la lucha contra el racismo.
En 1924, los clubes de la elite de Río de Janeiro le pidieron que excluyera a una docena de futbolistas para aceptarlo en su liga. Negaron la propuesta con una proclama que hoy es un símbolo de la lucha contra el racismo.
“Son estos doce jugadores, jóvenes, casi todos brasileños, en el comienzo de su carrera.” Con esa frase, el 7 de abril de 1924, el presidente de Vasco da Gama, José Augusto Prestes, defendió a un grupo de futbolistas que la elite del fútbol de Río de Janeiro quería dejar afuera por ser negros, mestizos y pobres. Vasco prefirió quedarse sin liga antes que echarlos. Cien años después, esa carta, conocida como la “Respuesta Histórica”, sigue siendo el gran orgullo del club que esta noche visita a Boca en la Copa Sudamericana.
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A comienzos de la década del 20, el fútbol de Río de Janeiro era un deporte de la elite. Vasco, un club fundado por la colonia portuguesa, rompió esa lógica: armó un equipo con obreros, choferes y pintores, muchos de ellos negros y mestizos de los suburbios. Ascendió a la primera división y en 1923, en su primer año entre los grandes, ganó el Campeonato Carioca por delante de clubes tradicionales como Fluminense, Flamengo y Botafogo. Por el color de su camiseta, aquel equipo pasó a la historia como los “Camisas Negras”.
El título de unos trabajadores negros incomodó a los clubes aristocráticos. A comienzos de 1924, varios de ellos abandonaron la liga y fundaron una nueva entidad, la Asociación Metropolitana de Deportes Atléticos (AMEA, por su sigla en portugués), presidida por Arnaldo Guinle. Vasco fue invitado a sumarse, pero con una condición: debía excluir a 12 de sus jugadores.
La nueva liga argumentó que no tenían las “condiciones sociales” adecuadas para el deporte, y entre los motivos esgrimió su profesión y que muchos no sabían leer ni escribir.
La respuesta llegó el 7 de abril de 1924, en el oficio número 261 firmado por Prestes. La dirigencia de Vasco había decidido por unanimidad no aceptar la exigencia. En la carta, el presidente cuestionó que se hubiera investigado la situación social de los jugadores en un proceso en el que no tuvieron “ni representación ni defensa”, y cerró con una decisión que hizo historia: “Desistimos de formar parte de la AMEA”.
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Fuera de la nueva liga, Vasco siguió jugando en la Liga Metropolitana, y volvió a ser campeón en 1924, invicto. Al año siguiente, la AMEA terminó admitiéndolo, pero la elite encontró otra traba: le exigía tener un estadio propio. La respuesta de los hinchas fue juntar el dinero para construirlo. El 21 de abril de 1927 se inauguró São Januário, que se convirtió en uno de los estadios más grandes del continente. Allí, en la sala de trofeos, se exhibe hoy la carta de 1924.
La “Respuesta Histórica” se transformó en parte de la identidad de Vasco, que se presenta como “el legítimo club del pueblo”. En 2023, el estado de Río de Janeiro sancionó la ley 10.052, que establece el 7 de abril como el Día de la Respuesta Histórica contra el Racismo en el Fútbol. El proyecto avanzó en la Legislatura carioca después de los insultos racistas que sufrió Vinícius Júnior en España.
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